04/01/2026
🚫“ESTOY CANSADO, MAMÁ”, ME DIJO. YO LE DIJE QUE NO FUERA FLOJO… AL DÍA SIGUIENTE, SU CAMA ESTABA VACÍA Y SU CARTA ME ROMPIÓ LA VIDA💔✉️
🌑🥀 **Creí que era rebeldía. Creí que era una “fase”. Nunca vi que mi hijo se estaba ahogando delante de mí, hasta que el silencio de su cuarto se volvió eterno.**
***
Mi hijo Lucas tenía 17 años.
Era el chico que todos querían: capitán del equipo de fútbol, notas perfectas, sonrisa fácil.
Yo me llenaba la boca presumiéndolo.
“Es un roble”, decía yo a mis amigas. “Nunca me da problemas”.
Pero hace seis meses, el roble empezó a secarse.
Dejó el fútbol. “Me aburrí”, dijo.
Sus notas bajaron. “Es mucha presión”, explicó.
Se encerraba en su cuarto horas enteras con la música alta o en silencio total.
Yo, en mi ignorancia de madre ocupada, me enojé.
“¡Estás echando a perder tu futuro!”, le gritaba a través de la puerta. “¡Tienes todo lo que otros quisieran y lo estás tirando!”.
Él no contestaba.
Solo salía a cenar, con los ojos rojos y una tristeza que yo confundí con sueño.
La noche que cambió todo fue un martes.
Yo estaba estresada por el trabajo. Llegué tarde, cansada, de mal humor.
Lucas estaba en la cocina, mirando un vaso de leche sin beberlo.
Se veía pálido.
—Mamá… —susurró sin mirarme.
—¿Qué pasa ahora, Lucas? —respondí bruscamente, dejando las llaves en la mesa con un golpe seco.
—Estoy cansado.
Rodé los ojos.
—¿Cansado? ¿De qué? ¿De estar acostado todo el día? ¿De no trabajar? ¡Cansada estoy yo, Lucas! ¡Yo soy la que paga las cuentas! ¡Tú no tienes derecho a estar cansado!
Él levantó la vista.
Sus ojos no tenían brillo. Eran dos pozos negros.
—No de eso, mamá. Estoy cansado… de todo. De sentir. De pensar. Me duele la cabeza por dentro.
Yo solté una risa sarcástica.
—Ay, por favor. Deja el drama para tus novias. Madura, Lucas. La vida es dura. Si no puedes con esto, no vas a poder con nada. Vete a dormir y mañana ponte a estudiar.
Lucas me miró por unos segundos.
Unos segundos que ahora repito en mi cabeza cada noche antes de dormir.
No había odio en su mirada.
Había despedida.
—Está bien, mamá. Tienes razón. Mañana… mañana ya no te voy a dar problemas. Descansa.
Se acercó, me dio un beso en la frente (algo que no hacía desde niño) y se fue a su cuarto.
Yo me sentí victoriosa. “Al fin me escuchó”, pensé.
***
A la mañana siguiente, me levanté a las 6:30.
La casa estaba en silencio.
Fui a su cuarto para despertarlo.
—¡Lucas! ¡Arriba! ¡Se te hace tarde!
Abrí la puerta.
La cama estaba tendida. Perfectamente tendida, como nunca lo hacía.
Sobre la almohada, una hoja de cuaderno doblada.
Y el cuarto… vacío.
El frío me recorrió la espalda.
Busqué en el baño. En la sala. En el patio.
“¡Lucas!”, grité.
Regresé al cuarto.
Tomé la carta con las manos temblando.
*“Mamá:*
*Perdón por ser flojo. Perdón por no ser el roble que querías.*
*No es que no quiera echarle ganas. Es que las ganas se me acabaron hace mucho y nadie se dio cuenta.*
*Te juro que traté. Traté de sonreír. Traté de ser el capitán. Traté de ser tu orgullo.*
*Pero el dolor de aquí adentro pesa más que cualquier trofeo.*
*Ayer te pedí ayuda. Te dije que estaba cansado. Y tú me dijiste que madurara.*
*Tienes razón. Ya no vas a tener que cargar conmigo.*
*Te amo. Dile a papá que siento no haber sido más fuerte.*
*P.D. No entren al garaje. Llamen a la policía. No quiero que me vean así.”*
El grito que salió de mi garganta desgarró mi vida en dos: el antes y el después.
Corrí al garaje, ignorando su posdata.
Y lo encontré.
Mi niño. Mi capitán. Mi orgullo.
Colgando de una viga, con la camiseta de su equipo favorito.
Intenté levantarlo. Intenté desatarlo.
Grité hasta que mi garganta sangró.
Pero Lucas, mi Lucas, ya no estaba.
***
Han pasado tres años.
La gente me dice: “No fue tu culpa. Era una enfermedad”.
Y sé que tienen razón. La depresión es una enfermedad.
Pero la culpa es un ácido que no se quita.
Porque él me lo dijo.
“Estoy cansado”.
Y yo no escuché un grito de auxilio.
Escuché una queja.
Si esa noche lo hubiera abrazado… si le hubiera dicho: “Aquí estoy, hijo, descansa en mí”… tal vez hoy estaría aquí.
Tal vez no.
Nunca lo sabré.
Pero lo que sí sé es que el mundo está lleno de “Lucas”.
Lleno de chicos y chicas que sonríen en Instagram pero lloran en la ducha.
Lleno de hijos que dicen “estoy cansado” y padres que responden “no seas flojo”.
Por favor.
Te lo pido como una madre que visita una tumba cada domingo.
Si alguien te dice que le duele el alma, no le digas que exagera.
Si ves que tu hijo “roble” deja de brillar, no lo regañes.
Abrázalo.
Escúchalo.
Créeme: prefiero mil veces tener un hijo “flojo” y vivo, que un hijo “perfecto” y mu**to.
El suicidio no es cobardía. Es desesperación.
Y a veces, solo a veces, un “te escucho” puede ser la diferencia entre una carta de despedida y un nuevo comienzo.
- RILEY GHOST -
-tomado de la red-
Escuchemos a nuestros hijos , no es un simple cansancio... La depresión mayor es un trastorno mental que afecta a millones de personas en todo el mundo.
La psicoterapia integrativa combina elementos de diversos enfoques para abordar de manera específica las necesidades de cada paciente..
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