11/12/2025
Ellos, los adultos mayores, en estas fechas necesitan algo más valioso que cualquier regalo envuelto en papel brillante.
Necesitan presencia… esa presencia cálida que no se compra, que no se improvisa, que nace del amor y de la gratitud.
Porque aunque sus manos tiemblen y sus pasos ya no sean los de antes, su corazón sigue guardando historias, sabiduría y cicatrices que merecen ser escuchadas.
Necesitan conversación sin prisa, palabras que no corran, silencios que no incomoden.
Necesitan miradas que los vean de verdad, que no los atraviesen como si fueran sombras, como si hubieran dejado de existir en un mundo que corre demasiado rápido para ellos.
Porque duele más la indiferencia que los años; pesa más el abandono que las arrugas.
Necesitan manos que los tomen con ternura,
como ellos un día tomaron las nuestras cuando apenas comenzábamos a caminar.
Necesitan que alguien se siente a su lado sin mirar el teléfono,
que alguien los escuche sin interrumpirlos,
que alguien valore sus historias aunque ya las hayan contado mil veces.
Porque repetir es su manera de aferrarse a lo que fueron,
y escuchar es nuestra manera de honrar lo que aún son.
En estas fechas, ellos necesitan sentirse parte de la familia, no un adorno en la esquina del comedor.
Necesitan sentir que su voz todavía importa,
que sus recuerdos tienen un lugar en la mesa,
que su presencia sigue siendo motivo de amor y no de carga.
El mayor acto de amor no es un obsequio caro,
es el tiempo que se les dedica,
es la paciencia para caminar a su ritmo,
es la dignidad con la que se les mira.
Es entender que detrás de cada arruga hay una batalla ganada,
y detrás de cada mirada perdida hay un océano de experiencia que nadie más posee.
Porque quienes un día sostuvieron nuestra infancia,
quienes nos cuidaron en noches de fiebre,
quienes trabajaron, renunciaron y se esforzaron para que hoy estemos de pie…
hoy necesitan que sostengamos su presente con respeto,
con cariño,
con esa misma entrega que ellos nos dieron sin condiciones.
No olvidemos que algún día, más pronto de lo que creemos,
todos seremos ellos.
Y entonces entenderemos cuánto vale una compañía sincera,
cuánto cura una caricia,
y cuánta falta hace sentirse visto.