Psicología Clínica y Psicoanálisis - Mtro. Sergio Marquez Avelar

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"El inconsciente es una memoria que no se da el lujo de olvidar" (atribuida a Freud) resalta que lo inconsciente retiene...
09/01/2026

"El inconsciente es una memoria que no se da el lujo de olvidar" (atribuida a Freud) resalta que lo inconsciente retiene todo, no olvida nada,experiencias, traumas, deseos y recuerdos que la llamada mente consciente reprueba o considera demasiado dolorosos, actuando como un archivo permanente que influye en nuestra conducta, emociones y sueños, manifestándose a través de síntomas y lapsus, y requiriendo trabajo terapéutico para ser comprendido y resuelto, según el psicoanálisis.Freud afirma sin ambages que lo no recordado de lo que llamamos pasado no se recuerda pero sigue actuando con mas fuerza aún justamente por no ser recordado.Recordar afirmaba Freud es la única forma de olvidar.
Lo inconsciente no borra nada; almacena todo, incluso lo que preferiríamos olvidar.Estos contenidos reprimidos no desaparecen, sino que siguen activos, afectando nuestras decisiones y sentimientos de forma no consciente.
Se expresan según Freud a través de sueños, lapsus linguae (errores al hablar) y síntomas neuróticos, como puertas de acceso a esos recuerdos olvidados.
Comprender y trabajar con esta memoria inconsciente es clave en análisis para resolver conflictos y lograr apropiarnos de nuestra vida lo mas posible..
Mientras que la memoria consciente olvida para funcionar, lo inconsciente lo guarda para trabajarlo e, incluso todo aquello que nos causa angustia, recordándonos que el olvido consciente a menudo es una forma de represión, no de eliminación, y que "recordar es la mejor manera de olvidar" lo que nos limita, en palabras del psicoanálisis.

La terapia Gestalt suele presentarse como una ruptura con el psicoanálisis clásico, especialmente por su énfasis en el a...
09/01/2026

La terapia Gestalt suele presentarse como una ruptura con el psicoanálisis clásico, especialmente por su énfasis en el aquí y ahora, la experiencia inmediata y la responsabilidad personal. Sin embargo, su origen está profundamente atravesado por el psicoanálisis, no solo en términos históricos, sino también conceptuales y clínicos. Fritz Perls, fundador de la Gestalt, fue formado como psicoanalista y trabajó dentro de ese marco antes de desarrollar su propio enfoque, lo que dejó una huella clara en los fundamentos de la terapia Gestalt.

Del psicoanálisis, la Gestalt hereda la comprensión de que el síntoma no es un error a eliminar, sino una expresión significativa del organismo en su intento de autorregulación. Ambos enfoques comparten la idea de que lo que no ha sido elaborado tiende a repetirse, aunque la Gestalt reformula esta noción desplazando el acento desde el inconsciente reprimido hacia las interrupciones del contacto y las gestalts inconclusas. La noción psicoanalítica de conflicto intrapsíquico se transforma, en Gestalt, en conflicto de polaridades vividas en el campo organismo-entorno.

Asimismo, conceptos como la proyección, la introyección, la retroflexión, etc. encuentran antecedentes claros en los mecanismos de defensa descritos por el psicoanálisis, aunque en Gestalt se entienden menos como estructuras fijas y más como procesos dinámicos observables en la experiencia presente. La transferencia, también está presente en la Gestalt, pero es abordada desde una relación más horizontal, privilegiando el encuentro auténtico y el darse cuenta mutuo.

La principal diferencia radica en el método, mientras el psicoanálisis clásico prioriza la interpretación y la reconstrucción histórica, la Gestalt se centra en la vivencia directa, el experimento y la conciencia fenomenológica. No obstante, más que una negación, la Gestalt representa una reelaboración clínica, integrando sus aportes y llevándolos hacia una psicoterapia más experiencial, relacional y encarnada.

Aquí se nombra una paradoja contemporánea. El discurso reemplaza a la experiencia. Freud diría que se intelectualiza la ...
08/01/2026

Aquí se nombra una paradoja contemporánea. El discurso reemplaza a la experiencia. Freud diría que se intelectualiza la vida para no atravesarla; Lacan, que el saber se ofrece como tapón del deseo.
Aquí entran los influencers: figuras que encarnan un “saber vivir” estandarizado. Venden modos de vida empaquetados, como si el bienestar fuera replicable y sin conflicto. El problema no es que hablen, sino que su discurso promete una vida sin falta, sin malestar, sin resto… algo imposible para el sujeto.
El influencer no vive mejor: performa que vive mejor. Y quien consume ese contenido muchas veces posterga su propia experiencia, esperando la fórmula correcta.
Así que: más gurús, menos cuerpo. Más likes, menos deseo vivido. Menos vida en acto.

desde Tiendete al divan..

El DSM-5 al eliminar el término neurosis no solo abandona una categoría clínica sino que borra la noción de estructura s...
07/01/2026

El DSM-5 al eliminar el término neurosis no solo abandona una categoría clínica sino que borra la noción de estructura subjetiva y elimina la dimensión simbólica. Proponiendo en su lugar, una taxonomía de síntomas cuantificables, desconectados de la lógica del deseo. El sujeto dividido, estructurado por la falta, ya no tiene lugar en el discurso de salubridad dominante.

La neurosis, como estructura, implica una relación coercitiva ante el deseo del Otro y su desaparición del campo diagnóstico puede leerse como una negación de la falta estructural, en favor de la lógica de completitud sintomática que ofrece el mercado: “si tienes ansiedad, toma este fármaco; si tienes compulsiones, sigue este protocolo”.

Lacan formalizó el discurso capitalista como aquel en el que el sujeto barrado ocupa el lugar del significante amo: no hay S1 que ordene el campo simbólico, sino una vacuidad estructural recubierta por la imagen. La subjetividad contemporánea, atrapada en esta lógica, queda sumergida en lo imaginario: la caída de las identificaciones simbólicas que orientaban la experiencia del espejo deja al sujeto errático, sin brújula, exigiendo a la imagen que garantice la identidad. De ahí la proliferación de síntomas actuales como dismorfias, disforias, anorexias, adicciones a la imagen que ya no remiten a un conflicto simbólico, sino a una captura narcisista sin mediación. “La subjetividad contemporánea está arrastrada, cautivada, envuelta en movimiento que la sumerge industrialmente en semblantes donde lo imaginario prevalece sobre lo simbólico.” (Miller, 2002)

El éxito del consumismo reside en haber capturado la falta estructural, reconfigurando la lógica del deseo mediante los efectos fantasmáticos de la publicidad. El sujeto ya no se constituye en torno a la castración, sino que se define por una carencia de goce que debe ser colmada por objetos que prometen una completitud imposible. Al eliminar la dimensión fálica de las estructuras psicopatológicas, se borra la posibilidad de cohabitar con la falta. El falo, como mediador simbólico del goce y lugar de las identificaciones, es sustituido por objetos de consumo. Las toxicomanías, en este sentido, son paradigmáticas: en la toxicomanía no existe lo masculino y lo femenino, sólo existen consumidores.

Ahora prevalece el sujeto desorientado, con identificaciones lábiles, erráticas, que se deslizan sin anclaje real. La máxima manifestación de la realidad devenida virtual es la postverdad, que emerge como una forma contemporánea que colinda la certeza psicótica: una identificación imaginaria que se impone por fuera de la realidad, sin pasar por la castración ni por el campo del Otro. Más que mentiras, son verdades sin sujeto, sin división; lo propio del registro imaginario es consolidarse negando la falta y su paradigma es la forma circular. “La fascinación por la forma esférica ha pesado sobre el espíritu humano, induciendo durante siglos al error”. (Lacan, 1960)

La verdad ya no se construye, se afirma desde la alienación imaginaria, en un intento de certeza sin duda, sin inconsciente, sin síntoma como un misterio sobre el ser, sin la dimensión trágica del ser humano, sin la palabra que hiende; en pos de un vaciamiento discursivo que define al sujeto de la época.

Pero el agujero no desaparece: cuando el sujeto queda atrapado en su imagen especular, sin poder ver la falta que la sostiene, termina encontrándola en el espejo mismo. “El viviente se considera él mismo como una bola, pero con el tiempo de todos modos se ha dado cuenta de que no era una bola, sino una burbuja.” (Lacan, 1976)

Roberto Reyes

Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso.El sujeto se imagina dueño de un ser pleno (no barrado por el significant...
03/01/2026

Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso.
El sujeto se imagina dueño de un ser pleno (no barrado por el significante), ignorando que su ser está constituido por el lenguaje y, por tanto, siempre dividido.

El DSM-5 al eliminar el término neurosis no solo abandona una categoría clínica sino que borra la noción de estructura s...
03/01/2026

El DSM-5 al eliminar el término neurosis no solo abandona una categoría clínica sino que borra la noción de estructura subjetiva y elimina la dimensión simbólica. Proponiendo en su lugar, una taxonomía de síntomas cuantificables, desconectados de la lógica del deseo. El sujeto dividido, estructurado por la falta, ya no tiene lugar en el discurso de salubridad dominante.
La neurosis, como estructura, implica una relación relación coercitiva ante el deseo del Otro y su desaparición del campo diagnóstico puede leerse como una negación de la falta estructural, en favor de la lógica de completitud sintomática que ofrece el mercado: “si tienes ansiedad, toma este fármaco; si tienes compulsiones, sigue este protocolo”.
Lacan formalizó el discurso capitalista como aquel en el que el sujeto barrado ocupa el lugar del significante amo: no hay S1 que ordene el campo simbólico, sino una vacuidad estructural recubierta por la imagen. La subjetividad contemporánea, atrapada en esta lógica, queda sumergida en lo imaginario: la caída de las identificaciones simbólicas que orientaban la experiencia del espejo deja al sujeto errático, sin brújula, exigiendo a la imagen que garantice la identidad. De ahí la proliferación de síntomas actuales como dismorfias, disforias, anorexias, adicciones a la imagen que ya no remiten a un conflicto simbólico, sino a una captura narcisista sin mediación. “La subjetividad contemporánea está arrastrada, cautivada, envuelta en movimiento que la sumerge industrialmente en semblantes donde lo imaginario prevalece sobre lo simbólico.” (Miller, 2002)
El éxito del consumismo reside en haber capturado la falta estructural, reconfigurando la lógica del deseo mediante los efectos fantasmáticos de la publicidad. El sujeto ya no se constituye en torno a la castración, sino que se define por una carencia de goce que debe ser colmada por objetos que prometen una completitud imposible. Al eliminar la dimensión fálica de las estructuras psicopatológicas, se borra la posibilidad de cohabitar con la falta. El falo, como mediador simbólico del goce y lugar de las identificaciones, es sustituido por objetos de consumo. Las toxicomanías, en este sentido, son paradigmáticas: en la toxicomanía no existe lo masculino y lo femenino, sólo existen consumidores.
Ahora prevalece el sujeto desorientado, con identificaciones lábiles, erráticas, que se deslizan sin anclaje real. La máxima manifestación de la realidad devenida virtual es la postverdad, que emerge como una forma contemporánea que colinda la certeza psicótica: una identificación imaginaria que se impone por fuera de la realidad, sin pasar por la castración ni por el campo del Otro. Más que mentiras, son verdades sin sujeto, sin división; lo propio del registro imaginario es consolidarse negando la falta y su paradigma es la forma circular. “La fascinación por la forma esférica ha pesado sobre el espíritu humano, induciendo durante siglos al error”. (Lacan, 1960)
La verdad ya no se construye, se afirma desde la alienación imaginaria, en un intento de certeza sin duda, sin inconsciente, sin síntoma como un misterio sobre el ser, sin la dimensión trágica del ser humano, sin la palabra que hiende, en pos de un vaciamiento discursivo que define al sujeto de la época.
Pero el agujero no desaparece: cuando el sujeto queda atrapado en su imagen especular, sin poder ver la falta que la sostiene, termina encontrándola en el espejo mismo. “El viviente se considera él mismo como una bola, pero con el tiempo de todos modos se ha dado cuenta de que no era una bola, sino una burbuja.” (Lacan, 1976)
Roberto Reyes

Quien propone un saber que ya sabe, hace “psicología”. En cambio, el psicoanalista bascula entre la ignorancia advertida...
31/12/2025

Quien propone un saber que ya sabe, hace “psicología”. En cambio, el psicoanalista bascula entre la ignorancia advertida y la conjetura provisoria. Entre asociación libre e interpretación. […] ¿qué se lo ocurre con esto?, ¿de dónde viene tal cosa?, ¿qué significa tal otra? No le pedimos al paciente que reflexione, sino que se observe a sí mismo. No le pedimos que piense, porque si el Yo “piensa ”, eso no puede hacerlo.
La consigna, dice Lacan, es que el sujeto se ausente para que el significante pueda hacer su juego. Al inconsciente se llega de manera indirecta, a través de rodeos.

-Bruno Bonoris-Psicoanalista en Argentina ¿Qué hace un psicoanalista?

Pienso donde no soy. Soy donde no pienso.El sujeto se imagina dueño de un ser pleno (no barrado por el significante), ig...
31/12/2025

Pienso donde no soy. Soy donde no pienso.

El sujeto se imagina dueño de un ser pleno (no barrado por el significante), ignorando que su ser está constituido por el lenguaje y, por tanto, siempre dividido.

29/12/2025
Lo olvidado no está extinguido, sino sólo «reprimido»; sus huellas mnemónicas subsisten en plena lozanía, pero están ais...
29/12/2025

Lo olvidado no está extinguido, sino sólo «reprimido»; sus huellas mnemónicas subsisten en plena lozanía, pero están aisladas por «contracatexias». No pueden establecer contacto con los demás procesos intelectuales; son inconscientes, inaccesibles a la consciencia.

Sigmund Freud. Moisés y la religión monoteísta

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