15/03/2026
He visto en redes la famosa fiesta de XV años que, según dicen, costó entre 45 y 50 millones de pesos.
Y más que sorpresa… lo que siento es profunda compasión por esa niña.
No por la fiesta.
No por el lujo.
Sino por el mensaje que puede estar recibiendo.
Porque cuando a un hijo se le da todo en exceso, cuando se le enseña que los momentos importantes se celebran con despliegues desproporcionados de dinero, el riesgo es muy grande: confundir el valor personal con el valor material.
Y eso puede convertirse en una carga enorme para un ser humano que apenas está empezando a construir su identidad.
Un hijo necesita amor, límites, valores, educación emocional, sentido de responsabilidad, propósito de vida…
No demostraciones de riqueza que pueden distorsionar su percepción del mundo.
Porque si a los 15 años celebras con algo que cuesta decenas de millones, la pregunta inevitable es:
¿qué puede sorprender después?
El verdadero amor hacia los hijos no se mide por el tamaño de la fiesta que les damos, sino por la fortaleza interior que les ayudamos a construir.
Los hijos no deben crecer creyendo que valen por lo que tienen.
Deben crecer sabiendo que su valor está en quiénes son como personas.
Y esa es una de las responsabilidades más grandes que tenemos como padres:
educar seres humanos con conciencia, no solo con privilegios.
Porque el amor que realmente forma a una persona no es el que deslumbra… es el que educa.
Loretta Vale.