04/11/2025
—Claro que soy feliz, Pier, pero ahora mismo, mi felicidad queda diluida por el cansancio y la necesidad de dormir un poco más, y de dejar de oír a tu madre, y a la mía, diciéndome cada cinco minutos qué debo hacer, y cómo debo hacerlo.
—Te entiendo Isabeau, porque cuando anunciamos tu embarazo todo fue jolgorio, felicidad, buenos deseos y sonrisas, y nos traspasaron la sensación de que tener un bebé es como traer al mundo un ser de luz que solucionaría tu vida, tus miserias, y que todo sería como flotar enamorado.
—Así mismo. Me hicieron sentir dichosa, casi bendecida. Y sí, Pier, adoro a Brys, ya lo sabes. Pero no esperaba que fuera tan duro. Este bebé me necesita a todas horas, y no esperaba que fuera así. Entonces me dejo llevar por lo que me nace de dentro, para de alguna manera sentir que queda colmado de mí, y no me refiero solo a mi leche, sino a mí misma, a mi propio ser... y cuando siento que lo hago bien aparecen ellas y me hacen sentir...
—Incapaz.
—Inútil.
—¿Tanto?
—O más. Porque es nuestro primer bebé, y dicen que areciera que estuviera cuidando a cinco. Porque tendría que dejarlo llorar, o dejárselo a ellas, y yo seguir como si no hubiera sido madre, haciendo “mis cosas”.
—¿Tus cosas?
—Sí. Pero es que mis cosas ahora mismo son cuidar de Brys. Y me dicen que no sé nada de la vida. Que todos venimos de una madre. Y que si criar a un bebé fuera tan difícil como yo lo expreso, ya no estaríamos aquí, porque nadie querría tener hijos.
—Pero eso no es cierto... estamos los dos muy cansados, y tú sobre todo, pero en el fondo, somos felices, ¿no?
—¡Claro que sí, Pier! Hay días que siento que ya no me podré levantar. Que ese será mi último día porque ya no me queda ni una gota de energía. Pero entonces Brys me hace una mueca, se ríe, me enseña sus encías, y entonces doy por bueno todo el cansancio por cuidar de él. Y doy las gracias al mundo por su llegada.
—Supongo que con el tiempo todo será más fácil, y sin duda querremos tener más bebés.
—Yo también lo supongo. Pero ahora, Pier, ni se te ocurra sugerirlo, que no respondo de mis actos.
Cuadro: “La felicidad de los padres”. Buland 1903.