01/12/2025
En la sala de una casa cualquiera ocurrió algo muy simple… y muy común.
Un padre llegó cansado después de un día pesado. Tiró las llaves en la mesa y vio a su hijo adolescente en el sillón, con los audífonos puestos.
—Siempre estás metido en el celular, dijo el padre sin pensar.
El hijo lo escuchó como un reproche, como si todo lo que hacía estuviera mal.
Se quitó un audífono y respondió:
—¿Para qué llegas si solo vas a regañar?
Y ahí se quedaron los dos, heridos, a un metro de distancia… pero a kilómetros por dentro.
El padre sintiéndose ignorado.
El hijo sintiéndose insuficiente.
Un rato después, cuando el silencio ya pesaba demasiado, el padre respiró hondo, se sentó a su lado y dijo:
—No era eso lo que quería decir. Solo te extrañé. Me hubiera gustado platicar un momento contigo.
El hijo bajó la mirada.
—Yo también, susurró. Solo pensé que estabas enojado conmigo.
Ese pequeño ajuste lo cambió todo: un respiro, una frase más honesta, una escucha sin prisa. No eran enemigos… solo estaban hablando desde el cansancio y no desde el corazón.
Historias así pasan todos los días: en familias, parejas, equipos de trabajo, amistades. No por falta de amor, sino por falta de herramientas.
Por eso en diciembre facilitaré el taller “Cuando el Corazón Escucha”, un espacio para aprender a comunicarnos desde la presencia, la honestidad y el afecto.
Un taller para quienes quieren mejorar sus relaciones y cerrar el año más conectados.
Si te interesa recibir información o inscribirte, escríbeme en privado. Será un gusto acompañarte.