09/04/2026
Una exmaiko de Kioto ha reavivado el debate sobre las condiciones dentro del mundo tradicional de las geiko y maiko tras denunciar lo que describe como una forma de “esclavitud moderna”.
La denuncia fue realizada por Kiritaka Kiyoha (桐貴清羽), quien asegura que su experiencia como aprendiz estuvo marcada por restricciones severas, dependencia económica y situaciones que vulneraban derechos básicos.
Kiritaka ingresó a este entorno en 2015, cuando aún era adolescente, motivada por su interés en las artes tradicionales japonesas como la danza, el shamisen y la ceremonia del té. Sin embargo, tras poco más de un año como maiko en el distrito de Pontocho, en Kioto, afirma que comenzó a percibir el sistema como “un mundo extremadamente anormal”.
Según su testimonio, durante los banquetes con clientes era habitual que se produjeran contactos físicos de carácter s3xual dentro de lo que se consideraba parte del ambiente. Ha denunciado episodios de acoso reiterado, incluyendo tocamientos, intentos de besos forzados y situaciones de presión en las que, según sus palabras, negarse podía implicar abandonar el sistema.
También describe una rutina de trabajo exigente, con jornadas prácticamente diarias, salidas nocturnas constantes y apenas dos días de descanso al mes.
A esto se sumaban restricciones para salir del lugar donde residía y una estructura jerárquica estricta dentro de la okiya, donde afirma haber sido objeto de castigos físicos y verbales.
En uno de los episodios que relata, durante un viaje con clientes a un alojamiento termal, temió verse obligada a participar en prácticas que había escuchado previamente, lo que terminó marcando su decisión de abandonar ese entorno en 2016.
Tras su salida, asegura que recibió una factura de impuestos pese a no haber percibido un salario formal durante su etapa como maiko. Según su testimonio, únicamente recibía alrededor de 50.000 yenes mensuales, aproximadamente 330 dólares, en concepto de dinero personal, mientras que, a efectos administrativos, figuraba como si hubiera percibido ingresos regulares.
Kiritaka también ha señalado la ausencia de contratos laborales formales y la existencia de deudas que, según afirma, no le fueron explicadas con claridad. En su caso, se le habría exigido el pago de aproximadamente 30 millones de yenes, unos 200.000 dólares, para abandonar la okiya, una cifra que finalmente no llegó a pagar.
Su testimonio no es aislado. Existen antecedentes de denuncias similares en Japón, como el caso de varias maiko que en 1994 abandonaron sus okiya alegando jornadas excesivas, castigos físicos y restricciones sobre su vida personal.
En 2025, abogados y especialistas crearon una red para analizar este tipo de situaciones desde una perspectiva de derechos humanos, señalando que algunos de los elementos descritos podrían encajar en formas de trabajo forzado o incluso trata de personas.
Por su parte, organizaciones vinculadas al mundo de las geiko han rechazado estas acusaciones. La Kyoto Traditional Art Foundation sostiene que no existen contratos formales porque las relaciones se basan en acuerdos tradicionales, que las normas son explicadas previamente y que prácticas como el consumo de alcohol por menores o el contacto inapropiado con clientes están prohibidas.
Sin embargo, Kiritaka y otros testimonios cuestionan esa versión. Según ha afirmado, continúa recibiendo consultas de jóvenes que denuncian situaciones similares, incluyendo casos de acoso y otros problemas graves.
El caso ha reabierto en Japón un debate sobre los límites entre tradición y derechos, especialmente cuando estas prácticas involucran a menores y estructuras de dependencia dentro de entornos cerrados.
©️ Japon and More.