03/11/2025
Hoy no puedo hablar como psicóloga sin hablar como mujer, ciudadana y Uruapense. Hoy mi corazón siente rabia, tristeza, impotencia y miedo. Hoy mataron a alguien que representaba esperanza, diálogo y reconstrucción: a Carlos Manzo.
Es el golpe simbólico a la posibilidad de creer que las cosas pueden ser distintas. Cada pérdida como esta reabre heridas colectivas, reaviva la sensación de que la violencia puede más que la vida, y que la oscuridad vuelve a ganar terreno.
Como psicóloga, sé que el dolor compartido es una herida psicosocial profunda. Nos deja síntomas de comunidad: ansiedad, desconfianza, desesperanza aprendida. Pero también, en medio del duelo, hay algo que sigue latiendo: la fuerza del vínculo humano. La necesidad de mirarnos, de acompañarnos, de no normalizar lo que nos duele.
No podemos permitir que el miedo se convierta en nuestra forma de vida. No podemos dejar que el cinismo o la indiferencia sean anestesia. Necesitamos sentir esta rabia, este dolor, porque de ahí surge la conciencia, la empatía, la acción.
Somos una ciudad herida, sí, pero también somos una comunidad que resiste, que ama, que se levanta una y otra vez.
A Carlos, gracias por haber creído en Uruapan. A nosotros, que seguimos aquí: que el dolor se transforme en memoria viva, en compromiso, en ternura activa. A todo Uruapan les digo; cuando el corazón se rompe, también se abre y por ahí, entra la esperanza.
Fuerza y fe ¡CARAJO! ❤️🩹