28/02/2026
Ayer escuché el episodio de Penitencia donde entrevistan a “Beto”, un hombre privado de la libertad que narra cómo su historia comenzó en la infancia.
Todos se escandalizan cuando escuchan la historia de un hombre que mató.
Pocos se escandalizan cuando escuchan que ese mismo hombre fue abusado en su infancia.
Y ahí es donde empieza el problema.
Nos impacta el crimen.
Pero ignoramos el origen.
Nos indigna el adulto violento.
Pero nadie quiso mirar al niño violentado.
No estoy justificando un as*****to.
Estoy diciendo algo que incomoda:
la violencia casi nunca nace sola.
Nace en casas donde hubo abuso.
Nace en hogares donde nadie protegió.
Nace en infancias donde el miedo fue cotidiano.
Y cuando un niño crece en un entorno así, su cerebro no aprende amor.
Aprende supervivencia.
Aprende rabia.
Aprende desconfianza.
Después nos sorprende que ese dolor explote.
La cárcel está llena de adultos que alguna vez fueron niños desprotegidos.
Eso no elimina su responsabilidad.
Pero sí nos obliga a preguntarnos algo incómodo:
¿Dónde estaba el sistema cuando eran niños?
¿Dónde estaban los adultos responsables?
¿Dónde estaba la intervención psicológica?
La salud mental no es un tema “suave”.
Es un tema de prevención social.
Porque cuando no atendemos el trauma temprano, el costo no lo paga solo la persona.
Lo paga toda la sociedad.
Podemos seguir reaccionando al crimen…
o podemos empezar a prevenirlo desde la infancia.
Lo polémico no es hablar de esto.
Lo verdaderamente grave es seguir ignorándolo.
Psicólogo Damián Díaz