14/11/2025
El tabaco, en la medicina ancestral, es una de las plantas más sagradas y respetadas. Su espíritu es considerado un gran protector, maestro y mediador entre los mundos. No se trata de una planta recreativa, sino de un ser de poder que enseña, guía y purifica.
En las tradiciones originarias del Anáhuac, de los Andes y de la Amazonía, el tabaco es visto como el guardián del camino espiritual. Es quien abre las puertas del rezo, limpia el campo energético y fortalece la conexión entre el ser humano y las fuerzas de la naturaleza. Se le reconoce como el portador del verbo y del fuego interno, capaz de transformar la densidad en luz.
Su humo se ofrece al cielo y a la tierra como mensaje y ofrenda; lleva las oraciones, limpia los espacios, los cuerpos y las energías. El tabaco enseña el equilibrio: su espíritu fuerte exige respeto, pureza de intención y claridad en el propósito.
Dentro de la medicina ancestral, es también un aliado terapéutico y espiritual: centra la mente, calma el corazón, despeja pensamientos negativos y protege contra energías discordantes. En ceremonias, se usa para sellar trabajos energéticos, llamar a los guardianes y pedir permiso a los elementos.
El espíritu del tabaco es el espíritu del maestro que enseña con firmeza y verdad, el que recuerda que toda palabra, todo fuego, todo soplo, debe nacer desde el corazón y caminar con respeto hacia lo sagrado.