19/02/2026
Los quirófanos fueron originalmente blancos porque el color facilitaba percibir la limpieza y detectar suciedad.
Sin embargo, el contraste intenso con la sangre generaba un efecto visual exigente para los cirujanos durante procedimientos prolongados.
La exposición continua al rojo estimula intensamente los conos sensibles a ese color en la retina.
Cuando los receptores se fatigan, su respuesta disminuye temporalmente.
Al cambiar la mirada hacia superficies claras, el cerebro produce una postimagen debido al desequilibrio entre los sistemas de percepción.
Este fenómeno se denomina postimagen negativa y forma parte de la adaptación.
Para reducir este efecto, los hospitales adoptaron campos quirúrgicos verdes o azules.
Estos colores equilibran la estimulación de los receptores visuales y facilitan distinguir detalles anatómicos.
También ayudan a mantener la sensibilidad al rojo durante intervenciones prolongadas más complejas hoy.