19/12/2025
Cuando el hueso ya no puede sostener la vida que lo habita, la cirugía se convierte en una segunda oportunidad.
La imagen que publicamos con fines educativoscompara dos realidades de una misma historia clínica.
A la izquierda, una prótesis total de cadera: un implante metálico diseñado con precisión para reemplazar la cabeza del fémur y restaurar la función de la articulación.
A la derecha, el fémur humano retirado durante la cirugía: un hueso que ya había sido intervenido previamente, con placa y tornillos, y que con el paso del tiempo dejó de ser viable para permitir una movilidad sin dolor.
Este tipo de reemplazo no se realiza por “comodidad”, sino cuando el daño es irreversible. Las causas más frecuentes incluyen artrosis avanzada, fallas en reparaciones previas de fractura, artritis inflamatoria, necrosis avascular, tumores óseos o complicaciones quirúrgicas anteriores. En estos escenarios, el hueso deja de cumplir su función mecánica y se convierte en una fuente constante de dolor, rigidez y pérdida de independencia.
La prótesis no es solo metal: es la posibilidad de volver a caminar sin dolor, de recuperar estabilidad, de retomar actividades cotidianas que parecían perdidas.
El reemplazo total de cadera es uno de los procedimientos más exitosos de la medicina moderna, pero también es el reflejo de una enfermedad que llegó demasiado lejos. Por eso, diagnosticar y tratar a tiempo las patologías articulares puede marcar la diferencia entre conservar una articulación o necesitar reemplazarla.
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Mensaje final: El contenido ofrecido es exclusivamente para fines informativos y de formación. No equivale a una evaluación médica presencial. Cualquier síntoma debe ser valorado por un profesional de la salud.