06/10/2025
Treinta años entre libros y vocaciones
Hoy, al mirar hacia atrás, solo puedo sentir gratitud. Durante más de tres décadas dediqué mi vida a un oficio que, más que un trabajo, fue una puerta abierta al conocimiento y a la humanidad: la venta de libros médicos. Aquellos volúmenes no eran simples objetos; eran tesoros que contenían la sabiduría, la esperanza y la pasión de quienes dedican su vida a cuidar la de otros.
Tuve el privilegio de conocer a médicos de todas las especialidades: cirujanos, anestesiólogos, internistas, ginecoobstetras, y muchos más. Cada uno, con su manera única de ver el mundo, me mostró que la medicina no es solo ciencia, sino también vocación y entrega. Ellos, con su temple y su compasión, me enseñaron que detrás de cada diagnóstico hay una historia, una vida que vale la pena salvar.
Admiro profundamente a quienes trabajan en las áreas de urgencias. Su capacidad de actuar en los momentos más críticos, su serenidad ante el caos y su compromiso con la vida me dejaron una huella imborrable. Son héroes silenciosos que, en cuestión de segundos, deciden el rumbo de un destino.
A lo largo de los años, aprendí que el conocimiento médico no solo se guarda en los libros, sino también en los corazones de quienes lo aplican con amor. Me siento afortunado de haber sido parte de ese universo, de haber tendido puentes entre el saber y quienes lo utilizan para aliviar el dolor humano.
Lo más valioso que conservo de todo este camino no son las ventas ni los números, sino las amistades. Hoy tengo la seguridad y la confianza de que no estoy solo. Sé que cuento con personas que me estiman sin condiciones, que me brindarían su ayuda sin pedir nada a cambio.
Por todo ello, solo puedo decir gracias: a la vida, por darme la oportunidad de servir; a los médicos, por inspirarme con su ejemplo; y a cada libro, por haber sido el medio que unió nuestras historias en torno a un mismo propósito: el bienestar de los demás.