16/11/2025
“Peter Pan no nació por fantasía… nació por amor. Por pérdida. Por memoria.”
Mi infancia no fue fácil. Perdí a mi hermano David siendo aún un niño, y con él, se fue una parte de mi madre. Yo intenté ocupar su lugar, vestir como él, actuar como él… pero entendí que hay vacíos que ni el amor puede llenar. Aprendí que el dolor más profundo no siempre grita, a veces se disfraza de silencio.
Años después, cuando conocí a los hijos de Sylvia Llewelyn Davies, algo dentro de mí despertó. Esos niños me devolvieron la risa, el juego, la ternura. Inventábamos mundos mágicos donde nadie moría, donde los niños podían volar. Así nació Nunca Jamás, y con él, Peter Pan. Un niño que se negaba a crecer, porque crecer… también es aprender a perder.
Cuando Sylvia murió, me hice cargo de sus hijos. Los amé como propios. Muchos me llamaron excéntrico, incluso raro. Pero nadie entendía que esas historias de sirenas, hadas y piratas no eran solo cuentos: eran mi forma de sobrevivir. Porque cuando la realidad se vuelve insoportable, la imaginación se convierte en refugio.
Peter Pan no es solo un personaje. Es la voz de los niños que se fueron demasiado pronto. Es un puente entre el ayer y la eternidad. Cuando alguien abre ese libro, está encendiendo una vela por aquellos que ya no están. Y está recordándome a mí… que aún vale la pena soñar.
Porque hay heridas que no se curan con el tiempo, pero se alivian cuando las transformamos en arte. Y a veces, una historia puede salvar un corazón roto.
— J. M. Barrie