24/03/2026
La vergüenza llega en silencio.
Se posa en la garganta, en el pecho, en la mirada que se desvía.
Nos susurra que nos escondamos, que no mostremos demasiado, que tal vez así seremos más seguras… más aceptadas.
Pero la vergüenza no es el final.
Es un umbral.
Un borde delicado entre lo que hemos aprendido a ocultar
y lo que, en lo profundo, anhela ser visto.
Y cuando, con suavidad, nos quedamos ahí…
sin huir, sin negarnos, sin traicionarnos,
algo comienza a abrirse.
La respiración se hace más amplia.
El cuerpo se afloja.
La verdad encuentra espacio.
Atravesar la vergüenza no es dejar de sentirla…
es elegir no abandonarnos dentro de ella.
Y entonces, casi sin darnos cuenta,
nos volvemos un poco más libres,
un poco más auténticas,
un poco más nosotras.
Porque del otro lado de la vergüenza
no hay juicio.
Hay presencia.
Hay encuentro.
Hay vida.
— Un espacio terapéutico para habitarte sin esconderte 🌿