31/12/2025
El maltrato no siempre deja marcas visibles en la piel, pero sí puede dejar huellas profundas en el cerebro.
La imagen muestra dos estudios cerebrales: a la derecha, se observan signos claros de atrofia cerebral en una infancia de apenas 3 años. Este tipo de cambios pueden estar relacionados con experiencias prolongadas de estrés extremo, negligencia o violencia en los primeros años de vida.
Durante las primeras etapas del desarrollo, el cerebro de las niñas y los niños es especialmente vulnerable. El miedo constante, la falta de cuidado, el abandono emocional o la violencia alteran la forma en que el cerebro crece, se conecta y se organiza. No se trata sólo de emociones: también se afectan la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la salud a largo plazo.
Cuidar no es un acto menor. El buen trato, la presencia amorosa y la protección no son gestos opcionales: son condiciones básicas para que las infancias puedan desarrollarse con bienestar.
Prevenir el maltrato es una responsabilidad colectiva. Acompañar, sostener y cuidar a quienes cuidan también salva cerebros, vidas y futuros.