08/10/2025
¿QUÉ SON ESOS “FIDEOS” QUE DEFECÓ MI GATO?
Toxocara cati es un nemátodo intestinal que afecta principalmente a los gatos, tanto domésticos como callejeros. Este parásito se localiza en el intestino delgado y puede alcanzar varios centímetros de longitud. Su ciclo es directo pero con diversas vías de infección: los gatos pueden contagiarse al ingerir huevos embrionados del suelo, al consumir presas infectadas (como roedores o aves), o a través de la leche materna. Los huevos eliminados por las heces tardan unas semanas en volverse infectantes, lo que permite que se acumulen en ambientes contaminados.
En los gatos adultos suele pasar desapercibido, pero en los gatitos puede provocar signos clínicos evidentes. Entre los más comunes están el abdomen distendido, vómitos, diarrea, pelaje opaco, tos e incluso obstrucción intestinal. En cuadros graves, las larvas migran a pulmones o hígado, afectando el desarrollo general del animal. El diagnóstico se realiza mediante coproparasitoscopia, identificando los huevos característicos de cáscara gruesa y superficie rugosa.
Además de afectar a los felinos, T. cati tiene relevancia en salud pública porque puede causar toxocariasis humana. Las personas se infectan al ingerir accidentalmente huevos presentes en tierra o superficies contaminadas con heces de gato. En humanos, las larvas no alcanzan la madurez, pero migran por tejidos causando síndromes como larva migrans visceral, ocular o, en raros casos, neural. Estos cuadros pueden provocar fiebre, daño hepático o incluso pérdida de visión si afectan la retina.
La prevención se basa en medidas sencillas pero constantes: desparasitar a los gatos cada tres meses, limpiar diariamente las bandejas sanitarias, evitar que defequen en jardines o areneros, y fomentar la higiene de manos, sobre todo en niños. Controlar roedores y mantener entornos limpios reduce notablemente la diseminación del parásito. Así, se protege tanto la salud animal como la humana, cortando el ciclo de una zoonosis silenciosa pero extendida.