31/03/2026
Un niño que dedica mucho tiempo ante un móvil, una tableta o una consola no solo se divierte… además está dejando de experimentar vivencias que resultan esenciales para su crecimiento.
Está dejando de trotar.
Está dejando de fantasear.
Está dejando de hastiarse… y el tedio también enseña.
Ya que cuando un pequeño se aburre, inventa. Cuando convive con otros menores, asimila cómo solucionar disputas. Cuando tropieza, comprende cómo ponerse en pie. Cuando se agobia, asimila el volver a probar.
No obstante, un monitor le priva de bastantes de esos aprendizajes.
En el entorno tecnológico todo resulta veloz, sencillo e instantáneo. Si fracasa, recomienza. Si se cansa, sustituye la partida. Si algo le desagrada, meramente desplaza el dedo. Sin embargo la realidad no opera de esa manera.
La cotidianidad requiere calma.
La cotidianidad requiere empeño.
La cotidianidad requiere saber aguardar.
Debido a esto diversos especialistas avisan que un abuso de dispositivos puede alterar la facultad de enfoque, la resistencia al desánimo y la destreza para interactuar con los demás.
No se intenta estigmatizar la innovación. La técnica es un recurso estupendo cuando se emplea con mesura. El inconveniente surge cuando el cristal comienza a suplantar a la vivencia.
Cuando sustituye la charla en el hogar.
Cuando sustituye la actividad en exteriores.
Cuando sustituye los relatos antes de descansar.
Cuando sustituye el espacio con los progenitores.
Un pequeño no requiere únicamente distracción. Requiere compañía.
Precisa que alguien le preste atención.
Que alguien comparta el juego con él.
Que alguien le muestre cómo encarar el mundo.
La niñez es breve, mas sus efectos perduran por siempre.
Por lo cual cada progenitor tendría que plantearse una interrogante fundamental:
¿Estoy educando a un hijo listo para el porvenir… o meramente distraído por ahora?
Si esta temática te inquieta, resulta valioso consultar la obra: “Padres, rescátenme de los cristales”. Es un texto que revela verdades y permite comprender cómo el abuso digital puede impactar a los descendientes, pero igualmente brinda guía para retomar la armonía en la casa.
Te comparto el enlace en la primera respuesta.
Pues al concluir, ningún infante evocará cuántos minutos estuvo ante un dispositivo…
No obstante sí evocará
si sus progenitores convivieron con él,
si dialogaron con él
y si permanecieron junto a él.
Los monitores logran divertir a un pequeño…
mas únicamente los padres logran forjar a una persona.