15/12/2025
En uno de esos días de trabajo que parecen rutinarios, me llevaban mis pendientes hasta Santiago Azajo.
Al llegar, me encontré a mi paciente Gudelia que, con una sonrisa sincera, me preguntó si sabía llegar al domicilio. Al notar mi duda, sin pensarlo dos veces se ofreció a subirse al coche y guiarme.
No solo me llevó al lugar correcto.
Me esperó pacientemente mientras terminaba mis actividades, sin prisas, sin quejas, sin importar perder su tiempo.
Al final, tuve el gusto de llevarla de regreso a su casa.
Estos gestos sencillos dicen mucho.
Hablan de la bondad genuina, del corazón noble de nuestra gente, de esa solidaridad que no se aprende en libros y que da sentido a lo que hacemos cada día como médicos.
Ese día no solo atendí pacientes.
Ese día me llevé conmigo un recordatorio hermoso: la grandeza de las personas buenas, de esas que ayudan sin esperar nada a cambio.
Gracias por tanto. 🤍