06/01/2026
CORAZONES
QUE NO CABEN EN EL UNIFORME
(Por Fernando D'Sandi)
Hoy no es un día para flores ni para frases bonitas que se marchitan al salir del hospital.
Hoy es un día para decir la verdad...
Para mirar de frente a quienes sostienen
la vida con las manos cansadas
y el alma en turno extra.
Ustedes no son héroes de póster...
No flotan. No brillan.
No llegan intactos a casa.
Llegan rotos, con olor a hospital,
con historias ajenas pegadas a la piel,
con el cuerpo pidiendo descanso
y la conciencia pidiendo no rendirse.
Ser enfermero en este país no es una postal:
es trabajar con lo que no alcanza,
es improvisar cuando el equipo falta,
es estirar un sueldo que no honra
la responsabilidad que cargan,
es dar más de lo que les devuelven,
es sostener sistemas
que muchas veces los abandonan primero.
Y aun así…
Aun así entran.
Aun así se quedan.
Aun así cuidan.
No porque no duela.
No porque no canse.
Sino porque alguien ahí adentro
los necesita más que nadie.
Ustedes ven lo que otros no quieren ver.
Escuchan lo que nadie más aguanta escuchar.
Acompañan despedidas
que no salen en estadísticas.
Son testigos del miedo puro,
del dolor sin maquillaje,
y aun con el n**o en la garganta, dicen:
“Aquí estoy”.
Nadie les pregunta cómo están.
Quién los cuida cuando se quitan los guantes.
Quién les limpia el alma después de una guardia que les arrancó algo por dentro.
También se quiebran.
También se frustran.
También sienten rabia, impotencia,
cansancio extremo.
Y eso no los hace menos profesionales.
Los hace profundamente humanos.
Porque lo que ustedes hacen
no es solo técnica.
Es presencia.
Es dignidad.
Es sostener la mano
cuando ya no hay palabras.
Es mirar a alguien a los ojos y tratarlo como persona, no como expediente.
Hoy no los celebramos por aguantarlo todo.
Hoy los honramos por sentirlo todo
y aun así seguir.
Que quede claro:
no es vocación romantizada.
Es trabajo duro, injustamente pagado, emocionalmente devastador muchas veces,
y sostenido por una ética
que no se compra ni se enseña en manuales.
Gracias por estar cuando el sistema falla.
Gracias por ser humanidad en pasillos fríos.
Gracias por no deshumanizarse en un mundo que a veces los empuja a hacerlo.
Hoy no les decimos “héroes”.
Les decimos algo más importante: los vemos.
Los entendemos.
Los reconocemos.
Y ojalá algún día, además de palabras,
reciban condiciones dignas, salarios justos
y el respeto que ya se han ganado
con cada turno vivido, cada vida salvada,
o cada adiós sostenido por su presencia,
por no rendirse
y dar la cara cuando todo falló.
Feliz Día del Enfermero y la Enfermera.
No por lo que soportan,
sino por lo que siguen eligiendo ser,
incluso cuando nadie aplaude.
Créditos: Fernando D'Sandi