24/02/2026
Lo que hace el NERVIO VAGO mientras tú no lo notas
Existe un nervio que no duerme nunca y que participa silenciosamente en funciones esenciales para tu supervivencia: el nervio vago. Aunque su nombre pueda sugerir inactividad, su papel dentro del organismo es constante y determinante. Es uno de los principales canales de comunicación entre el cerebro y los órganos vitales, funcionando como una autopista bidireccional de información que mantiene el equilibrio interno.
El nervio vago se origina en el tronco encefálico y desciende por el cuello hacia el tórax y el abdomen. En su trayecto establece conexiones con el corazón, los pulmones, el esófago, el estómago, el hígado, el páncreas y los intestinos. Esta extensa red le permite influir directamente en múltiples sistemas fisiológicos al mismo tiempo. No actúa de forma aislada, sino como un coordinador que integra señales nerviosas, hormonales e inmunológicas.
Forma parte central del sistema nervioso parasimpático, el componente encargado de la recuperación y el mantenimiento del equilibrio corporal. Mientras el sistema simpático activa la respuesta de alerta y estrés, el nervio vago facilita el descanso, la digestión y la regulación metabólica. Gracias a su actividad, la frecuencia cardíaca puede disminuir cuando es necesario, la presión arterial se estabiliza y la respiración se vuelve más profunda y eficiente.
A nivel cardiovascular, el nervio vago modula el ritmo del corazón, ajustando la frecuencia cardíaca según las demandas del entorno. En el sistema digestivo, estimula la secreción gástrica y pancreática, favorece el movimiento intestinal y coordina la correcta absorción de nutrientes. Esta influencia directa sobre el tracto gastrointestinal explica por qué las emociones intensas pueden generar síntomas digestivos inmediatos.
El nervio vago también participa en la regulación de la respuesta inmunológica. A través de mecanismos conocidos como reflejo inflamatorio, contribuye a modular procesos inflamatorios y a mantener un equilibrio entre defensa y control del daño tisular. Cuando su actividad disminuye o se altera, pueden aparecer estados de inflamación persistente y mayor vulnerabilidad al estrés crónico.
Además, actúa como un puente entre el cerebro y las emociones. Gran parte de las señales que transmite viajan desde los órganos hacia el sistema nervioso central, influyendo en la percepción del bienestar, la ansiedad o la calma. Esta conexión explica por qué técnicas como la respiración lenta, la meditación o el canto pueden generar cambios fisiológicos reales: estimulan la actividad vagal y favorecen la regulación autonómica.
Cuando el tono vagal es adecuado, el organismo responde con mayor capacidad de adaptación frente al estrés. Pero si su regulación se ve comprometida, pueden manifestarse alteraciones en el ritmo cardíaco, problemas digestivos, desequilibrios emocionales y mayor predisposición a trastornos relacionados con el estrés.
En conclusión, el nervio vago no es un simple conductor de señales nerviosas. Es un regulador maestro que coordina funciones cardíacas, respiratorias, digestivas e inmunológicas, y conecta lo que piensas con la forma en que tu cuerpo reacciona. Trabaja de manera constante, invisible y silenciosa, sosteniendo el equilibrio interno que te permite funcionar cada día.