09/12/2021
¿Sabias que tu mente no es capaz de escoger números al azar?
Nuestros cerebros son unas “maquinas” que funcionan con la lógica y la razón, con entender el porqué de todo. Esto en ciencias lo llamamos pensamiento crítico, no aceptar como verdad algo que no tiene lógica o no tiene sentido. Así que, para cualquier evento, pensamiento o emoción tratamos de entender a la medida de nuestras máximas capacidades actuales de donde apareció, su causa. Luego, ver cómo se relaciona con lo que ya sabía y ver si sigue un cierto modelo. Lo más bonito viene ahora. Una vez que hice todo este trabajo duro, este entendimiento profundo (cual en ciencias se llama pensamiento sistémico), ahora me da la posibilidad de predecir con un cierto nivel de confianza qué es lo que sigue. Este proceso es el de la toma de decisiones acertadas (me siento inspirado estos días hablar de esto porque me toca dar en la maestría el curso “Métodos cuantitativos para la toma de decisiones” 😊).
Este tipo de pensamiento frio, sin emociones, basado en datos comprobados y no en las opiniones o pareceres de unas personas nos s**o del oscurantismo y del misticismo. Gracias al pensamiento científico ahora tu estas leyendo mis palabras en tu celular inteligente o en tu computadora que está conectado al internet, cual se transmite en todo el mundo a través de varios satélites que ni te das cuenta como giran por arriba de tu cabeza en el espacio cósmico. Todo lo que tenemos como tecnología usa el pensamiento científico, no el misticismo. Claro que las emociones juegan un papel importantísimo en nuestra vida y en la toma de decisiones, somos seres emocionales que pensamos, no seres pensantes que tenemos emociones. Pero exactamente por esto se le llama “inteligencia emocional” al saber administrar tus emociones y relacionarte con los demás, porque nada más haciendo uso de la razón podemos hacerlo (siempre entender el porqué, ¿verdad?).
Me tocó trabajar con muchos empresarios y directivos, líderes para cuales tuve que desarrollarles el pensamiento crítico a los 30, 40 o hasta pasaditos de los 50 años. Claro que tomaban malas decisiones o, para estar seguros de que no se equivocaban, no tomaban decisiones y dejaban las cosas como venían. Sus respectivas empresas andaban como barcos en deriva en altamar. Tenían mucho potencial sus empresas, pero ellos mismos eran el freno principal de su organización, aunque por supuesto se quejaban de sus empleados, del mercado, de los gobiernos pasados, presentes y futuros claro está, y de la economía global, ahora por supuesto que de la pandemia. No tenían una estrategia, objetivos claros alineados a su visión y misión, nada más con el propósito de adaptación al mercado, al cual la mayoría le atribuye el poder absoluto. Los animales se adaptan al medio, los humanos nos adaptamos, pero no tanto, también lo cambiamos. Por esto tenemos ciudades y casas y dejamos de vivir en la selva. Nada más que muchos de nosotros tenemos todavía una mentalidad antiguada, desde cuando todavía el león nos perseguía para comernos. Pero para dejar de vivir con estas programaciones mentales necesitamos desarrollar nuestro cerebro humano, el neocórtex, y este cerebro se desarrolla con sudor y lagrimas como se dice, con esfuerzo de pensar lógico, con matemáticas y ciencias, y aquí está el problema: queremos todo rápido, cómodo y sin tener que pagar el precio.
Además, se nos mata el poder desarrollar el pensamiento crítico cuando somos chicos por los mismos papas, abuelos y hasta por la mayoría de los maestros en las escuelas, cuando se nos dice “calladito te ves más bonito”. ¿Te acuerdas de cuando eras niña o niño el periodo cuando preguntabas de todo? Pero luego los papas o los maestros no sabían bien que contestarte o por no darse cuenta o por ser cansados o sencillamente por no interesarles de ti, te decían mentiritas o como sabían ellos que es, pero sin una base comprobada o más sencillo, “cállate y déjame en paz que no sabes de que hablas”.
¡Qué seas preguntón, que seas curioso toda tu vida, que seas niño de nuevo! Deja que tus empleados preguntan, que sean niños de nuevo ellos también. Explícales el porqué de tus decisiones y vas a ver como ellos se van a sentir bien ejecutándolos y hasta van a empezar a ser creativos y solucionar ellos mismos tus problemas. Esta es el arte de delegar para desahogarte de las operaciones y poder pensar estratégicamente. Empodera, coachea, enseña, mentorea y capacita a tus colaboradores. Nada más así vas a ser un líder visionario.
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