Psic. Claudia Barba Loza

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Elegir mejor a quién le das accesotambién es una forma de amor propio.Aprendiste a cuidar tu energía,a poner atención en...
05/01/2026

Elegir mejor a quién le das acceso
también es una forma de amor propio.

Aprendiste a cuidar tu energía,
a poner atención en lo que te nutre
y a alejarte de lo que te desgasta.

Ser selectiva no te vuelve distante,
te vuelve consciente.

Te permite construir vínculos más honestos,
más recíprocos, más sanos.

A veces sanar no es abrir más el corazón,
sino protegerlo con criterio.

Y eso también es crecimiento.

sanos

No tienes que justificar tu cansancio.No necesitas demostrar que hiciste “lo suficiente” para merecer parar.A muchas nos...
28/12/2025

No tienes que justificar tu cansancio.
No necesitas demostrar que hiciste “lo suficiente” para merecer parar.

A muchas nos enseñaron que descansar es un premio,
cuando en realidad es una necesidad básica del cuerpo y del alma.

Descansar no es rendirse,
es escucharte antes de romperte,
es elegirte antes de que el desgaste pase factura.

Tal vez hoy el mayor acto de amor propio no sea seguir,
sino darte permiso de detenerte sin culpa y sin explicaciones.

Porque cuidarte también es una forma de responsabilidad.

No es que de pronto ya no podamos.Es que llevamos mucho tiempo dando sin pausa.Nos vaciamos de energía, de paciencia, de...
22/12/2025

No es que de pronto ya no podamos.
Es que llevamos mucho tiempo dando sin pausa.

Nos vaciamos de energía, de paciencia, de deseo, de palabras.

Sosteniendo vínculos, hogares, trabajos, emociones ajenas.

Cuando una mujer “colapsa”, casi siempre ya llevaba rato sobreviviendo.
Solo que nadie lo notó.

Por eso no se trata de exigirnos más fortaleza, sino de aprender a cuidarnos antes de quedarnos sin nada.

Cuando eres fuerte, pero estás cansadaSer fuerte no significa no cansarte.Significa que has sostenido mucho tiempo, a mu...
12/12/2025

Cuando eres fuerte, pero estás cansada

Ser fuerte no significa no cansarte.
Significa que has sostenido mucho tiempo, a muchas personas, muchas versiones de ti misma.

Estar cansada no te hace débil, te hace humana.
Habla de tu capacidad de resistir, de adaptarte, de seguir… incluso cuando ya no había tanta energía.

A veces el cansancio no es del cuerpo, es del alma.
De no parar, de no pedir, de no caer.

Quizá hoy no necesitas ser más fuerte.
Quizá solo necesitas descansar sin sentir culpa.


Separarte no solo movió tu vida… movió tu mundo interno.Nada se sintió igual después: ni la rutina, ni los silencios, ni...
08/12/2025

Separarte no solo movió tu vida… movió tu mundo interno.
Nada se sintió igual después: ni la rutina, ni los silencios, ni la forma en que sostienes a tus hijos, ni la manera en que te sostienes a ti.
Y aunque el exterior parecía seguir su ritmo, por dentro estabas reconstruyéndote pedacito a pedacito.

Este camino te llevó por lugares que nadie te explicó:
negociaciones desgastantes, carga mental infinita, silencios que pesan, límites necesarios, hijos que sienten más de lo que dicen, momentos en los que tu paz se tambalea.
Y aun así… aquí estás.

Aprendiste que la parentalidad continúa, incluso cuando la relación terminó.
Que la coparentalidad es ideal, pero no siempre real.
Que hay conflictos que no desaparecen, pero sí puedes nombrarlos sin perderte en ellos.
Que tus hijos necesitan presencia, no perfección.
Que acompañarte a ti es tan importante como acompañarlos a ellos.

Descubriste que hay violencias que no gritan, pero sí duelen.
Y que poner límites no es pelear: es cuidarte.
Que recuperar tu paz es un acto de resistencia.
Y que volver a ti es una decisión cotidiana.

Y aunque a veces te sientes cansada, rota o saturada, también estás más consciente, más fuerte, más despierta que antes.
No estás rehaciendo tu vida desde cero…
la estás reconstruyendo desde lo que aprendiste, desde lo que sanaste, desde lo que ahora eliges.

Este es el cierre de esta serie, pero no de tu proceso.
Porque tu historia sigue, más tuya que nunca.
Con más claridad, más amor propio y más verdad.

Lo que queda cuando todo cambia…
eres tú.
Más honesta.
Más libre.
Más viva.



Hay un momento, después de la separación, en el que te das cuenta de algo profundo:no solo se terminó una relación…tambi...
04/12/2025

Hay un momento, después de la separación, en el que te das cuenta de algo profundo:
no solo se terminó una relación…
también terminó la versión de ti que vivía apagada, corriendo, sobreviviendo, sosteniendo todo sin espacio para sentirte.

Y empieza otra etapa:
la de volver a ti.

Volver a la mujer que fuiste antes de tanto cansancio.
A la que tenía sueños propios.
A la que reía más.
A la que no se cuestionaba tanto.
A la que se escuchaba.

Pero también volver a la mujer que eres ahora:
más consciente, más fuerte, más clara, más tuya.

Volver a ti no es un acto romántico.
A veces es incómodo, porque implica reconocer dónde te perdiste y por qué.

Volver a ti no es inmediato.
Se da en pedacitos: en una caminata, en una canción, en un límite bien puesto, en un día sin culpa, en un deseo recién nombrado.

Volver a ti no es egoísmo.
Es reparación.
Es darte lo que tu versión anterior nunca pudo recibir.

Y un día, sin darte cuenta, te miras al espejo y te reconoces otra vez.
No igual que antes.
Mejor.
Más verdadera.
Más libre.
Más tú.

Siempre puedes regresar a ti.
Siempre.




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Después de la separación, a veces el conflicto sigue llegando en forma de mensajes, silencios, provocaciones o comentari...
01/12/2025

Después de la separación, a veces el conflicto sigue llegando en forma de mensajes, silencios, provocaciones o comentarios que duelen.

Y algo dentro de ti se activa… no porque seas débil, sino porque estuviste demasiado tiempo en modo defensa.

Pero hoy estás en otro lugar. Y tu paz es una puerta para volver a ti.

Procura:

1. No responder desde la urgencia.
Respirar antes de contestar es una forma de no volver a esa dinámica que tanto te desgastó.

2. Mantener lo mínimo y claro.
Lo necesario, sin justificarte.
Eso protege tu energía… y tu dignidad.

3. Elegir no engancharte.
La provocación busca jalarte a un espacio donde ya no vives.
Tú ya creciste.
Tú ya cambiaste.

4. Escuchar a tu cuerpo.
Si algo te tensa, te acelera o te encoge, es señal de que necesitas volver a ti antes de seguir.

5. Reconstruirte poquito a poquito.
Cuando dejas de reaccionar desde el dolor, aparece tu voz, tu fuerza, tu suavidad, tus ritmos… todo eso que fuiste apagando para sobrevivir.

6. Recordar quién eres hoy.
No la que soportó.
No la que cargó sola.
No la que tuvo miedo.
Eres la mujer que elige la calma, que pone límites, que se vuelve a habitar y que está reconstruyendo su vida con más claridad y amor propio.

Recuperar tu paz es parte de volver a ti.
Y lo estás logrando, incluso en días en que no lo notas.




MaternidadesValientes
Reconstruirte

A veces creemos que lo importante es mantenernos firmes para que nuestras hijas e hijos no se asusten, no se preocupen o...
23/11/2025

A veces creemos que lo importante es mantenernos firmes para que nuestras hijas e hijos no se asusten, no se preocupen o no carguen con lo que no les toca.
Y sí, protegemos… pero ¿quién te protege a ti cuando termina el conflicto?

La verdad es que tú también necesitas un espacio para caer tantito, respirar, sentir y recomponerte.
Porque sostener desde el amor cansa.
Y sostener mientras recibes desgaste del otro lado, cansa el doble.

Aquí van algunas formas simples de acompañarte tú:

1. Permiso para sentir
No tienes que estar “bien” todo el tiempo.
Estar cansada, molesta, triste o abrumada no te hace mala madre. Te hace humana.

2. Una pausa antes de seguir
Cinco minutos para respirar, tomar agua, llorar poquito o estirarte pueden cambiar todo tu estado.

3. Habla con alguien que sí te sostenga
Una amiga, tu terapeuta, tu red.
No te cargues sola lo que duele.

4. Suelta lo que no puedes controlar
No puedes cambiar al otro adulto.
Pero sí puedes cuidar tu paz y tu forma de responder.

5. Recuerda lo esencial
Tu presencia amorosa es más importante que tu perfección.
Ellos no necesitan una mamá impecable… necesitan una mamá real, que se acompaña a sí misma mientras los acompaña a ellos.

Acompañarte a ti también es crianza.
También es amor.
También es sanar.



MaternidadesValientes

Lo más duro después de una separación no siempre es el conflicto entre adultos…es ver cómo tus hijas e hijos lo sienten,...
21/11/2025

Lo más duro después de una separación no siempre es el conflicto entre adultos…
es ver cómo tus hijas e hijos lo sienten, aunque no se les diga nada.

Ellos perciben todo: el tono, la tensión, el silencio, la prisa, tu cansancio.
No entienden los detalles, pero sí el ambiente.
Y eso puede confundirles, asustarles o ponerlos más sensibles.

No es tu culpa.
Estás haciendo lo mejor que puedes.

Lo que sí puedes hacer es acompañarlos así:

Validar sin cargarles
“Entiendo que te sientas así, es normal.”

Explicar a su nivel
“A veces los adultos no nos ponemos de acuerdo, pero tú no tienes que resolver eso.”

Sostener rutinas y seguridad
Lo predecible calma. Tu presencia calma más.

Recordarles lo esencial
“No es tu culpa.”

Aunque haya conflicto afuera, tu forma de cuidar, escuchar y contener crea un espacio seguro para ellos.
Eso sí hace una gran diferencia.






NiñezYEmociones

Cuando hay desacuerdos, manipulación, evasión o ataques del otro lado, no solo se complica la logística… también se last...
20/11/2025

Cuando hay desacuerdos, manipulación, evasión o ataques del otro lado, no solo se complica la logística… también se lastima tu mundo emocional.

A veces te quedas con el pecho apretado.
O con la mente dando vueltas.
O con esa sensación de “otra vez lo mismo”.
Y aun así, tienes que seguir: hacer comida, apoyar tareas, ir a trabajar, escuchar, acompañar.

Pero recuperarte después del desgaste no es un lujo.
Es una necesidad.

Aquí te dejo algunas formas de volver a ti cuando la interacción te dejó vacía:

1. Pon pausa antes de seguir con tu día.
Respira profundo.
No tienes que resolverlo todo en ese instante.
Darte cinco minutos es una forma de regresar a tu centro.

2. Nómbralo.
“Esto me movió.”
“Esto me dolió.”
“Esto me cansó.”
Ponerle palabras baja la intensidad y te recuerda que no eres una máquina.

3. Toca tierra en tu cuerpo.
Un vaso con agua, lavar tus manos, estirarte, salir al aire.
El cuerpo sabe cómo regresar al presente cuando la mente se quedó atrapada en el conflicto.

4. Elige a quién sí acudir.
Un mensaje a tu red, una amiga, tu terapeuta, alguien que sostenga sin juzgar.
No lo cargues sola.

5. Recuerda lo esencial.
El objetivo no es ganar discusiones.
Es cuidar tu paz, tu salud mental y a tus peques.

6. Haz algo que te devuelva a ti.
Una canción, una caminata, un té, un silencio, una risa, un abrazo con tus hijos.
Pequeños actos que te recuerdan quién eres más allá del conflicto.

No tienes que ser perfecta, fuerte ni zen.
Solo necesitas volver a ti cada vez que algo te saque de tu lugar.
Eso también es sanarte.
Eso también es amor propio.

Después de la separación, muchas mujeres descubren algo que nadie les explicó:la carga no disminuye… a veces se multipli...
18/11/2025

Después de la separación, muchas mujeres descubren algo que nadie les explicó:
la carga no disminuye… a veces se multiplica.

Porque además de cuidar, trabajar, organizar la vida diaria y acompañar emociones, ahora también gestionas acuerdos, horarios, trámites, pagos, comunicación mínima, silencios incómodos y límites que cansas de repetir.

Esa carga mental —la que nadie agradece ni nombra— es la que te mantiene pensando en todo:
en la escuela, los uniformes, la comida, las terapias, los pendientes, los cambios de humor, las mochilas, los permisos, los cumpleaños, las cuentas, la vida emocional de tus hijas e hijo.
Y todo eso, mientras sigues sanando lo tuyo.

Es un cansancio profundo.
De ese que no se quita durmiendo.
De ese que no se nota en fotos, pero se siente en los hombros, en el pecho, en la respiración.

No es que seas “dramática”.
No es que “te toque”.
Es que cargas con lo que otros no ven.

Y aun así, sigues.
Sigues cuidando, sosteniendo, creando calma, dando amor, reconstruyendo tu vida y la de tus peques.
Eso no te hace fuerte por obligación.
Te hace humana, presente y valiente.

Lo estás haciendo increíble, incluso en los días en que piensas que solo sobrevives.

Cuando una relación termina, pensamos que la parte más difícil ya quedó atrás.Pero para muchas mujeres, la realidad empi...
14/11/2025

Cuando una relación termina, pensamos que la parte más difícil ya quedó atrás.
Pero para muchas mujeres, la realidad empieza después:
cuando tienen que convivir, negociar o comunicarse con alguien que quizá nunca supo hacerlo de manera sana.

Los conflictos ya no son por la relación… ahora son por la vida diaria:
quién recoge, quién paga, quién avisa, quién decide, quién sostiene.
Y duele descubrir que, a veces, la separación no reduce la tensión, solo la traslada a otros temas.

También aparece algo que pocas personas hablan:
ese cansancio emocional de tener que explicar lo evidente, pedir lo básico, recordar acuerdos, hacer lo que al otro le tocaba… mientras tú sigues cuidando, trabajando, sanando y sosteniendo a tus hijas e hijos.

Y claro que pesa.
Pesa la desigualdad, pesa la falta de compromiso, pesa sentir que cada conversación es una batalla, pesa cargar con todo sin reconocimiento.

No es que seas conflictiva.
No es que “no sueltes”.
Es que estás enfrentando lo que la otra persona nunca quiso ver.

Si estás viviendo esto, respira: no estás sola.
Hay muchas, muchísimas, reconstruyendo su paz aun cuando el conflicto sigue tocando la puerta.
Y tu manera de poner límites, de proteger, de acompañar y de cuidarte… es profundamente valiosa.

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