08/01/2026
Las no mienten 🧿
La “mirada de las mil yardas”
Esta fotografía muestra al cabo Antonio Metruccio, de 27 años, perteneciente a la 3.ª Compañía Águila del 66.º Regimiento Aeromóvil “Trieste” del Ejército Italiano. Fue tomada en Bala Murghab, Afganistán, poco después de que su unidad sobreviviera a 72 horas continuas de enfrentamientos armados.
No hay sonrisa.
No hay pose.
Solo hay una expresión inmóvil y profunda que se ha vuelto conocida como la “mirada de las mil yardas”.
Ese término se utiliza para describir la expresión de quienes han pasado por una experiencia extrema de combate y regresan con el cuerpo intacto, pero con la mente aún atrapada en el lugar del que salieron. No es una mirada vacía. Es una mirada saturada. Demasiado llena de imágenes, sonidos y decisiones tomadas en segundos que marcaron vidas para siempre.
Bala Murghab fue durante años una de las zonas más inestables del conflicto afgano. Un valle aislado, atravesado por rutas de contrabando, presencia insurgente constante y emboscadas frecuentes. Las tropas desplegadas allí operaban bajo tensión permanente, con pocas zonas seguras y una amenaza continua que no distinguía entre día y noche.
La “mirada de las mil yardas” no es un fenómeno poético. Está documentado en psicología del combate como una respuesta al estrés extremo, a la exposición prolongada al peligro y a la acumulación de eventos traumáticos. No es debilidad. Es una reacción humana ante situaciones que superan los mecanismos normales de adaptación.
Por eso esta imagen se volvió icónica.
No glorifica la guerra.
No celebra la violencia.
No presenta al soldado como un héroe invulnerable.
Muestra algo mucho más incómodo: lo que queda después.
Detrás de cada uniforme hay un ser humano.
Detrás de cada misión hay un costo invisible.
Y detrás de algunas miradas hay historias que no se cuentan, pero que nunca se olvidan.
Esta fotografía no documenta una victoria.
Documenta una supervivencia.
Y eso, en la guerra, ya es algo profundamente costoso.