07/04/2026
Después de haber elevado nuestro rezo en la montaña, de haber mirado al Sol con el corazón abierto y el espíritu dispuesto, regresamos al camino cotidiano llevando dentro la medicina recibida.
La Danza mirando al Sol no termina al bajar… continúa en cada paso, en cada pensamiento, en cada forma en la que honramos la vida.
El temazcal se abre como un vientre sagrado que nos recibe nuevamente, para integrar, para agradecer, para soltar lo que ya no es necesario y reafirmar nuestro compromiso con el camino.
Es en el calor de las piedras y en el aliento compartido donde la palabra se vuelve verdad, donde el rezo se asienta en el cuerpo y donde recordamos que no caminamos solos.
A toda nuestra familia, danzantes y futuros danzantes, y a quienes sientan el llamado: están invitados a compartir este espacio de medicina, de comunidad y de corazón.
Mitákuye Oyás’iŋ 🔥