11/09/2023
Quería hablar de esta maravillosa pregunta de una letra: la Y.
La escribo y observo que la Y parece un camino con una bifurcación. Me río porque hasta en las letras se cuela la dualidad. Pero vuelvo a la pregunta. No es un invento mío. Lo tomé de un día que estaba hablando con Carolina, una muy querida amiga. Ella fue la que me dio la idea cuando me devolvió su parecer acerca de “un cuento que yo le estaba contando”. Debo aclarar que ese cuento era intenso, repetido, cansino, imparable. Caro lo había escuchado en todas sus versiones (con lamentaciones, lágrimas, ataques de risa, en un chat telefónico, por Skype literalmente cientos de veces). En fin. Aquel dia, cuando acabé de contarle la nueva versión del mismo cuento, me miró largamente, sostuvo un rato el silencio y me dijo: ¿Y?
El primer ¿Y? disparó una serie de justificaciones interminables. Cada vez que redondeaba una explicación, ella, con calma y paciencia, respiraba profundo, me miraba a los ojos y volvía a preguntarme: ¿Y?
Y así estuvimos un buen rato. Hasta que me dio un ataque de risa de estos que no puedes parar.
¿Y?
Esa sola letra con sus dos caminos me abrió otro arcoiris de posibilidades. Es una de mis herramientas-llave a partir de entonces. Cada vez que me siento atrapada, contándome un cuento, justificando, yendo en contra de mi libertad, no comprendiendo, perdida, o lo que sea, inicio una pregunta que empieza por ¿Y?
A veces es sólo ¿Y? y sin terminar la pregunta, ya se me despierta la respuesta, o me atrevo a cambiar de excusa, de tema, de discurso o de foco.
A veces, me pongo más creativa:
¿Y? ¿qué pasa si lo hago diferente?
¿Y? ¿qué me imagino que me va a suceder o no me va a suceder?
¿Y? ¿quién me lo impide?
¿Y? ¿qué puedo hacer yo por esto?
¿Y? ¿que estoy dispuesta a cambiar?
¿Y? ¿para que sigo con esta historia?
¿Y? ¿por qué no?
El ¿Y? detiene el bla, bla.
Incluso aunque al principio dispare las argumentaciones, cuando te das el permiso de observar cuántas respuestas has creado, cuántas historias, cuántos cuentos; cuando respiras y pones en práctica el centramiento, la honestidad brutal contigo mismo y esa mirada amable de la que tanto estamos hablando, en algún momento la pregunta ¿Y? se queda retumbando sin respuestas, con posibilidad y misterio para algo nuevo, maravilloso.
Te repito: una pregunta sostenida es el germen de todas TUS respuestas.
Cuando algún día dejes de comerte el coco y te encuentres con la pregunta ¿Y? seguida de un silencio, haz un movimiento corporal, un ritual de anclaje, una reverencia, ponle cuerpo a esa “revelación”. Se ha abierto un espacio libre e incierto que paradojalmente tú ya conoces. Desde siempre. Hazte el favor de darte las gracias.
(Extracto de mi libro "Desabróchate el cinturón: las cinco prácticas para volar con los pies en la tierra". Editorial Om Books. Melania Del Longo 2020 ©)