12/10/2025
ARTERIOSCLEROSIS: EL ENEMIGO SILENCIOSO DETRÁS DE INFARTOS Y DERRAMES CEREBRALES
La arteriosclerosis es una de las enfermedades más relevantes y, al mismo tiempo, más silenciosas del sistema cardiovascular. Se trata de un proceso progresivo que afecta directamente a las arterias, los conductos que transportan sangre rica en oxígeno desde el corazón hacia el resto del cuerpo. Su impacto es tan profundo que se considera una de las principales causas de infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares (ACV) en todo el mundo.
En condiciones normales, las arterias son elásticas, lisas y permiten que la sangre fluya sin dificultad. Sin embargo, con el paso del tiempo, una combinación de factores —como niveles elevados de colesterol, hipertensión, tabaquismo, diabetes o hábitos poco saludables— provoca que sus paredes se vuelvan más gruesas y rígidas. Este fenómeno se debe a la acumulación de placas formadas por grasa, colesterol, calcio y restos celulares en la capa interna de las arterias, lo que reduce su diámetro y dificulta el paso de la sangre.
Este estrechamiento no ocurre de un día para otro; es un proceso lento que puede desarrollarse durante años sin causar síntomas evidentes. Pero cuando la obstrucción se vuelve significativa, el flujo sanguíneo hacia órganos vitales se ve comprometido. En el corazón, esta falta de irrigación puede provocar angina de pecho o infarto; en el cerebro, puede desencadenar un accidente cerebrovascular isquémico, que ocurre cuando el aporte de oxígeno se interrumpe repentinamente.
Además del estrechamiento, las placas arteriales pueden romperse, liberando fragmentos que activan la coagulación. Esto genera trombos que pueden bloquear completamente una arteria en cuestión de minutos, originando eventos agudos y potencialmente mortales. Por ello, la arteriosclerosis es muchas veces llamada un “asesino silencioso”: avanza sin dolor ni señales visibles, pero sus consecuencias pueden ser devastadoras.
Los factores de riesgo más comunes incluyen una dieta rica en grasas saturadas, sedentarismo, consumo de tabaco, hipertensión arterial, niveles altos de colesterol LDL (“malo”), antecedentes familiares y envejecimiento. Sin embargo, también existen estrategias efectivas para prevenir y ralentizar su avance. Mantener una alimentación saludable, realizar actividad física regular, controlar el peso, evitar el tabaco y realizar chequeos médicos periódicos son medidas clave para proteger las arterias.
La arteriosclerosis no es un destino inevitable, sino una condición que puede combatirse con conocimiento, hábitos saludables y detección temprana. Comprender cómo se forma y actúa nos permite tomar decisiones más conscientes para cuidar el corazón, el cerebro y, en última instancia, prolongar la vida con mejor calidad.