29/01/2026
VOLVER A MÍ
Programa de acompañamiento psicológico y reconexión personal
Volver a mí no es una consigna emocional ni una invitación a evadir la realidad. Es un proceso psicológico profundo de retorno consciente a la identidad, dirigido a personas que, en algún momento de su vida, se desdibujaron para adaptarse, sobrevivir, pertenecer o sostener a otros, y hoy sienten la necesidad urgente de reencontrarse consigo mismas.
Este programa nace del reconocimiento de una realidad frecuente pero poco nombrada: muchas personas funcionan, cumplen roles, responden a las demandas externas y, sin embargo, viven desconectadas de su mundo interno. Han aprendido a vivir desde la exigencia, la complacencia o el miedo al rechazo, perdiendo progresivamente contacto con su deseo, su voz y su autenticidad.
Desde la psicología humanista, Carl Rogers afirmaba que el malestar psicológico surge cuando existe una brecha persistente entre lo que la persona es y lo que siente que “debería ser” para ser aceptada. Volver a mí se sitúa precisamente en ese punto de fractura: cuando el costo de sostener una identidad adaptada se vuelve emocionalmente insostenible.
Este programa entiende que nadie se pierde de sí mismo por casualidad. El desdibujamiento personal suele tener raíces profundas: heridas tempranas, vínculos inseguros, mandatos familiares, experiencias de abandono, exigencias excesivas o contextos donde expresar lo que se sentía no era seguro. En estos escenarios, adaptarse fue una estrategia de supervivencia. El problema no es haberse adaptado, sino permanecer atrapada en ese modo cuando ya no es necesario.
Por ello, Volver a mí no propone negar la historia ni forzar una narrativa positiva del pasado. Al contrario, parte de la integración consciente de lo vivido. Como señalaba Carl Gustav Jung, “lo que no se hace consciente se repite”. Este proceso invita a reconocer la herida sin convertirla en identidad, a comprender el origen de los patrones sin quedar definida por ellos.
Uno de los ejes centrales del programa es la diferenciación entre identidad personal y expectativas ajenas internalizadas. Muchas personas han construido su valor en función de cumplir lo que otros esperaban: ser fuertes, ser responsables, ser complacientes, ser exitosas, ser necesarias. Este modo de vivir, aunque socialmente valorado, suele generar ansiedad, culpa crónica, agotamiento emocional y una sensación persistente de vacío.
Donald Winnicott describió este fenómeno como la construcción del falso self: una estructura defensiva que permite adaptarse al entorno, pero que desconecta al individuo de su self verdadero. Volver a mí es, en este sentido, un proceso de desmantelamiento gradual de ese falso self, no para dejar de funcionar en el mundo, sino para hacerlo desde mayor coherencia interna.
El programa también aborda de manera clara y responsable el tema del amor propio, despojándolo de mitos y distorsiones. El amor propio no es egoísmo, aislamiento ni autosuficiencia emocional. Erich Fromm lo definía como una relación ética consigo mismo. En Volver a mí, el amor propio se entiende como la capacidad de tratarse con respeto, de poner límites sin culpa, de escucharse antes de colapsar y de sostenerse internamente en momentos de error o fragilidad.
Aquí, el cuidado personal no se plantea como un lujo, sino como una responsabilidad psicológica. Escuchar el cuerpo, respetar los propios ritmos, elegir vínculos que no exijan autoanulación y revisar la forma en que una persona se habla a sí misma son prácticas fundamentales del proceso. Desde la psicología contemporánea, la autocompasión —como lo plantea Kristin Neff— se reconoce como una fuente clave de resiliencia emocional, no como debilidad.
Volver a mí no promete cambios inmediatos ni estados permanentes de bienestar. Es un programa honesto, que reconoce que el crecimiento personal implica incomodidad, duelo por lo no vivido, revisión de lealtades invisibles y tolerancia a la culpa que aparece cuando se empieza a elegir distinto. Como señala Brené Brown, la culpa suele funcionar como un mecanismo de control; aprender a atravesarla sin retroceder es parte del proceso de maduración emocional.
Este programa no busca “arreglar” personas ni imponer modelos ideales de vida. Busca acompañar procesos de reconexión, conciencia y responsabilidad emocional. Volver a mí no es convertirme en alguien nuevo, sino recuperar lo esencial que quedó relegado cuando vivir implicó adaptarse demasiado.
Finalmente, Volver a mí es una decisión existencial. Es elegir vivir con mayor presencia, coherencia y respeto por la propia vida interna. No es un punto de llegada definitivo, sino un camino de retorno continuo. Un ejercicio diario de escucha, honestidad y cuidado.
La pregunta que guía este proceso no es simplemente “¿quién soy?”, sino:
¿qué parte de mí estoy lista para recuperar hoy?
Ese es el inicio del regreso.
Psicóloga Patricia Blandón