Dr. Christian Urbina Jimenez

Dr. Christian Urbina Jimenez Centro médico

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03/03/2026

Gracias a Dios por permitirme cumplir un año mas lleno de metas y Bendiciones gracias a mi esposa y mis hijos por prepararme este lindo obsequio un pastel elaborado especialmente de lo que mas me gusta atender los riñones gracias esposa mia Yasmina Gonzalez de Urbina

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24/02/2026

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LA MUJER, LA MARIPOSA Y EL LOBO QUE HABITA EN SU SANGREEn el pequeño pueblo de las Salinas, donde las flores florecían c...
30/01/2026

LA MUJER, LA MARIPOSA Y EL LOBO QUE HABITA EN SU SANGRE

En el pequeño pueblo de las Salinas, donde las flores florecían con la misma intensidad que los sueños de sus habitantes, vivía Clara, una joven de espíritu luminoso. Sin embargo, un día, un velo oscuro comenzó a cubrir su vida. La fatiga la abrazaba como un manto pesado, y las mariposas que antes danzaban a su alrededor parecían haberse desvanecido.

La visita al médico fue un viaje al corazón del misterio. “Tienes lupus eritematoso”, le dijo el doctor, y esas palabras resonaron en su alma como un canto lejano. Clara sintió que la vida se detenía, pero en su interior, una llama de valentía comenzaba a arder.

Los síntomas eran variados: una marca rojiza en forma de mariposa adornaba sus mejillas, y las articulaciones, a veces, se convertían en prisioneras de un dolor punzante. Pero Clara, en su lucha, se convirtió en una guerrera. Aprendió sobre su enfermedad, entendiendo que el lupus no era solo un enemigo, sino un compañero que la invitaba a cuidar de sí misma.

“Debes tomar medicamentos”, le dijo el médico con voz firme, “y aprender a escuchar a tu cuerpo”. Así, Clara se adentró en un nuevo mundo de tratamientos, donde los esteroides y los inmunosupresores se convirtieron en sus aliados. Con cada dosis, ella tejía un nuevo hilo en su vida, uniendo su fragilidad con la fortaleza que había descubierto en su interior.

Cada mañana, al despertar, Clara se miraba en el espejo y sonreía. Sabía que el camino sería largo y lleno de desafíos, pero también estaba segura de que el amor y el apoyo de su familia y amigos la acompañarían en cada paso. Así, con el sol brillando en su ventana, decidió que no dejaría que el lupus definiera su historia.

En el corazón de su lucha, Clara encontró la belleza en lo cotidiano: el canto de los pájaros, el aroma del café, y la risa de los niños en la plaza. Con cada día que pasaba, aprendió a danzar con su sombra, convirtiendo el dolor en poesía, y la tristeza en esperanza.

Y así, en aquel pequeño pueblo, Clara se convirtió en un símbolo de luz, mostrando que, aunque el lupus eritematoso era parte de su vida, su espíritu seguía siendo indomable, capaz de florecer en medio de la adversidad.

29/01/2026
A LAS MUJERES QUE SUFREN EN SILENCIOEn el pequeño pueblo del Platanal sur, donde las lluvias caían con una cadencia monó...
25/01/2026

A LAS MUJERES QUE SUFREN EN SILENCIO

En el pequeño pueblo del Platanal sur, donde las lluvias caían con una cadencia monótona y las hojas de los árboles parecían susurrar secretos olvidados, vivía una mujer llamada Clara. Desde su infancia, Clara había sido el nuevo susurro del viento: hermosa, pero siempre cargando un halo de tristeza en su andar. Nadie podía ver, tras su sonrisa, el dolor que la perseguía como un fantasma obstinado.

Cada mes, su cuerpo se convertía en un campo de batalla; las tormentas de dolor la asediaban sin clemencia, como si los guerreros invisibles de la endometriosis la despojaron de los colores de la vida. En las noches en que la luna se erguía brillante y desafiante, Clara se acurrucaba en su cama, con los brazos enrojecidos por el abrazo de un fuego que nunca se apagaba. Su madre, una mujer de sabiduría ancestral, intentó curar sus males con hierbas y cánticos, pero la enfermedad era más antigua que el mismo tiempo, como el eco de un lamento que resonaba en la memoria del mundo. Su hermana La Coquito, albergo en su corazón el sentimiento de amor de hermanas, dándole el abrazo y el paño donde se enjugaban las lágrimas de dolor.

Los días pasaban y, en el silencio de su sufrimiento, Clara se convertía en un recuerdo efímero, una sombra que se desvanecía con la luz del sol. Sus amigas, ajenas a su batalla, compartían risas y sueños mientras ella contemplaba el cielo, su único confidente. A veces, las mariposas se posaban en su ventana, como guardianas de un deseo que ardía en su corazón: el anhelo de ser libre.

Un día, Clara decidió que su dolor no sería el final de su historia. Con una determinación nacida del abismo, empezó a escribir cartas, no a los cielos, sino a otras mujeres que sufrían en silencio, como ella. Con cada palabra, tejía una red de complicidad y esperanza, como si sus letras llenaran las grietas de su propio sufrimiento. Y mientras el sol se ocultaba tras las montañas, la mujer que una vez fue prisionera de su dolor empezaba a florecer, como una flor que desafía a la tormenta. En su lucha, encontraba la esencia de la vida, esa fragancia que, aunque agridulce, danzaba entre el dolor y la resistencia.

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DR. CHRISTIAN URBINA JIMENEZ

· Graduado en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Managua, Nicaragua.

Título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1990.

· Especialista en Pediatría. Hospital Infantil de Nicaragua. 1993 - 1996