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03/05/2026

Charla 19- "Diálogo con la vara de Esculapio, entre el Estudiante de Medicina y la Vocación”
Por GalenoSapiens
(En un aula de disección anatómica donde los relojes marcan las 3 AM eternamente, un joven con ojos de café frío y libros subrayados en rojo enfrenta a una figura que cambia de forma: a veces llama, a veces cicatriz. La Vocación huele a antiséptico y lágrimas contenidas.)

Estudiante: (con voz de hueso fracturado)
¿Por qué me elegiste si aún no sé suturar? Me arrancaste de los brazos de mi madre el día que abrí el primer atlas anatómico. Dijiste: "Esto o nada". ¿Cómo sabías que estaba listo?

Vocación: (sonando a bisturí sobre guantes de látex)
No te elegí. Te poseí. Viste un cuerpo abierto a los doce años y en lugar de vomitar, preguntaste los nombres de las vísceras. Ahí supe que eras mío. Los que sirven para esto… no deciden. Son decididos.

Estudiante: (mostrando manos vacías)
Pero me pediste todo. Los viernes de amigos convertidos en noches de fisiología. El noviazgo que murió entre guardias imaginarias y no supo entender mi ausencia. Ayer mi hermana dijo que mi voz le suena a contestador automático. ¿Cuánta ausencia tolera un ser humano antes de dejar de serlo?

Vocación: (dibujando un ECG en el vaho de un refrigerador de cadáveres)
Mira este trazado. La vida es un complejo QRS entre dos silencios. Tú eres la onda que salva, pero también la que se quema. Sin mí, serías un comerciante de pastillas. Conmigo… serás un crucificado que sana otras cruces.

Estudiante: (golpeando un cráneo con fractura parietal)
¡No basta querer! Ayer un paciente murió en mis sueños. Le erré la vía. Sus hijos me acusaron con mi propia voz. ¿Y si todo esto es un error? ¿Si solo soy un niño jugando a dios con prestaciones sociales?

Vocación: (abriendo un abdomen de látex donde hay fotos familiares)
¿Crees que los héroes dudan? Los buenos médicos tienen úlceras a los treinta. Los grandes, divorcios a los cuarenta. Los extraordinarios… mueren solos. Yo no soy un don: soy un parásito que te comerá hijos, bodas, cumpleaños. A cambio, darás segundas oportunidades que el Universo jamás planeó.

Estudiante: (sosteniendo un diploma manchado de café)
Dices "dar", pero solo tomas. ¿Sabes lo que pedí en mi cumpleaños? Un esqueleto en miniatura. Mi madre lloró: "¿Ya ni siquiera quieres ser persona?".

Vocación: (iluminando tumores en radiografías colgantes)
Te haré inmune a los cumpleaños. Aprenderás que el tiempo no pasa en horas, sino en diagnósticos y síntomas, que la semana no tiene días, se conforma de preturno, turno y posturno. Tu familia será la que llegue con fiebre a urgencias a las 2 AM. Tu amor… los cuerpos que te confíen cuando ya nadie más crea.

Estudiante: (rompiendo un estetoscopio barato)
¡Pero me duele! A veces quiero correr. Besar a alguien sin calcular su presión arterial. Dormir sin que los latidos de la pared me recuerden que debo estudiar.

Vocación: (cubriéndolo con una bata de plomo)
El dolor es el precio. Mira este cadáver: fue alguien. Ahora es tu libro sagrado. Tú serás el cadáver de alguien. ¿Prefieres pudrirte en paz o arder en mi llama mientras alargas otras hogueras?

(Silencio. Un corazón en formol late tres veces. El estudiante mira sus manos: ya no son suyas.)

Estudiante: (con voz de desgarro esofágico)
¿Hasta dónde llega tu dominio?

Vocación: (mostrando un quirófano vacío)
Hasta que dejes de llorar en los baños después de perder un paciente. Hasta que prefieras mi compañía a la de seres de carne tibia. Hasta que "vocación" y "adicción" se confundan en tus venas.

Estudiante: (sangrando por la nariz)
Entonces… ¿soy tu esclavo?

Vocación: (inyectándole adrenalina pura)
No. Eres mi sacerdote. Pero atención: hasta los altares tienen grietas. Si un día me ves sonreír mientras destruyes tu vida…

Estudiante: (interrumpiendo con urgencia)
¿…Sí?

Vocación: (desvaneciéndose en gas de éter)
…Significa que me convertí en tu cáncer. Y deberás extirparme.

(El estudiante cae de rodillas. Afuera, el sol amanece. Su teléfono muestra 8 llamadas perdidas de casa. Enciende el lápiz para subrayar un libro. Sus lágrimas caen sobre las palabras "Síndrome de Burnout".)

GalenoSapiens
(Nota al margen del Protocolo de Autopsia:
A ti, que lees esto con el hígado en ácido y el alma en residencia:
La Vocación es un órgano vital, pero no el único.
Aprende a transplantarte fragmentos de humanidad cada cierto tiempo.
Los mejores médicos no son los que más dan, sino los que saben recibir un abrazo sin calcular su frecuencia cardíaca.
Permítete ser paciente.
Hasta los semidioses sangran.)

Escrito con tinta de arteria pulmonar y tiza de pizarrón: GalenoSapiens.

De relectura.
01/05/2026

De relectura.

LA DICTADURA DEL EGO SAGRADO: EL MANIFIESTO DE LA AUTARQUÍA HUMANAPor GalenoSapiens Hay un momento, un instante preciso ...
26/04/2026

LA DICTADURA DEL EGO SAGRADO: EL MANIFIESTO DE LA AUTARQUÍA HUMANA

Por GalenoSapiens

Hay un momento, un instante preciso en el que el ruido del mundo se apaga, y solo queda el eco de tu propia respiración. Es ahí, en ese silencio atronador, donde se libra la única batalla que importa. No es contra ellos. No es contra tu pasado. Es la batalla donde tomas la decisión más radical de tu existencia: construirte o desmoronarte.

Durante milenios, te han vendido la mentira más refinada y perversa de la historia: que amarte a ti mismo es un acto de egoísmo, un vicio de arrogantes, un desliz de vanidosos. Te han programado para ser un mendigo emocional, pidiendo migajas de validación en puertas ajenas, esculpiéndote a cincelazos torpes para encajar en moldes que odias, solo para recibir el aplauso vacío de un público que ni siquiera te mira. Te han enseñado a susurrar tu grandeza por miedo a que te llamen presumido, a esconder tu luz para no incomodar a los ciegos.

Basta. Hoy se rompe el molde. Hoy firmas el pacto inqueBRANTABLE.

El amor propio no es un like. No es un baño de espuma ni una vela aromática. El amor propio es el acto más feroz y descarnado de responsabilidad. Es la decisión consciente, sin anestesia, de convertirte en tu propia obra maestra. Es mirar tus grietas, no para odiarlas, sino para entender que por ahí entra la luz. Es aceptar tu historia completa —el barro y el oro— y usar esa mezcla como argamasa para construir un templo, no una celda.

¿Por qué es la mejor opción de vida? Porque es la única.

Cualquier destino que construyas sobre cimientos externos está condenado a la ruina. Si tu valor depende de un cargo, lo perderás. Si depende de un rostro, envejecerá. Si depende de otra persona, inevitablemente se irá, cambiará o fallará. Perseguir la felicidad fuera de ti es como intentar llenar un pozo sin fondo con agua prestada. La única arquitectura indestructible es aquella cuyo plano maestro está trazado y validado desde tu trono interior.

Cuando te amas, entiendes una verdad cuántica de la existencia: no necesitas gustar, necesitas ser real. Dejas de ser un actor interpretando un papel y te conviertes en el dramaturgo de tu propia vida. Las críticas se transforman, por arte de magia. La de quien no conoces se vuelve irrelevante, como el ladrido de un perro a un avión. La de quien conoces, se recibe sin desangrarte; la analizas, tomas lo útil y desechas el veneno sin que te intoxique. El “qué dirán” muere. Lo matas tú, con indiferencia educada, porque ya no vives en el escaparate de la opinión pública. Vives en el inexpugnable desierto de tu verdad.

Quitemos el tabú de inmediato: amarte no es volverte un narcisista arrogante. Ese es el error de cálculo del mediocre. La arrogancia es un disfraz que usa el inseguro para salir a la calle; es un ruido estridente que busca desesperadamente un eco. El amor propio, en cambio, es un silencio profundo y sólido. Es una certeza que no necesita alardear porque es evidente. La persona que se ama genuinamente no compite, crea. No compara, inspira. No mendiga, emana. Ser arrogante es creerse superior a los demás. Amarte es saberte absolutamente incomparable, una pieza única que no necesita ser mejor ni peor, porque no hay otra con la que medirse. Es entender que eres una partitura original, no una fotocopia mal hecha.

Hoy te permites ser la mejor versión de ti, sin pedir perdón por ello. Y esa versión tiene un magnetismo atómico e inevitable. Porque la atracción, la verdadera, la que hipnotiza, no se persigue. Ocurre. Es una consecuencia física. Cuando te conviertes en un ser completo, dueño de tu energía, arquitecto de tu paz e inquebrantable en tus estándares, te conviertes en un campo gravitatorio. No es una táctica de seducción; es pura física existencial. La seguridad en uno mismo es el afrodisíaco más potente del universo, porque no huele a desesperación, huele a elección. Ya no eliges desde la carencia, el miedo a la soledad o la necesidad de aprobación; eliges desde la abundancia. Y eso, sencillamente, es irresistible.

La construcción es diaria. No es un destino, es un verbo. Es amarte cuando triunfas, pero aún más cuando fallas. Es perdonarte con la ferocidad con la que un guerrero se cura sus heridas para volver al campo de batalla. Es ser tu padre y tu madre, tu mejor amigo y tu amante más fiel. Es hablarte con el respeto y la ternura que te callaste esperando que alguien más lo hiciera.

Así que hoy, párate frente al espejo. Mira a esa persona a los ojos hasta que te duela, hasta que traspases la máscara y veas al niño o la niña que fuiste y al titán o la titana que estás llamada a ser. Y haz el juramento:

“De ahora en adelante, yo soy mi proyecto de vida. Yo soy mi origen y mi destino. No esperaré, no rogaré, no negociaré mi esencia. Me esculpiré hasta que mi reflejo me deje sin aliento. Y cuando esté listo, caminaré por el mundo con la fuerza callada de aquel que ya ha librado todas las batallas necesarias. Soy quien se eligió a sí mismo. Y en esa elección, ardo sin consumirme, brillo sin cegarme, y vivo sin mendigar”.

El mundo te ha mentido. El único amor que te completa es el que te tienes. Lo demás, es un hermoso bonus. Reconquista tu trono. La única persona que necesitas que te entienda, te apruebe y te ame ferozmente, es esa que ves en el espejo.

GalenoSapiens

23/04/2026

Charla-17 “Diálogo entre la luz y la oscuridad, el Suicidio y la Vida”
(En el desván del cráneo, donde las ideas son ratas y los recuerdos se oxidan, dos fuerzas se miran frente a un espejo trizado. Una viste de cicatrices antiguas; la otra, de hojas marchitas que se aferran a las ramas. La persona que las contiene respira, pero no vive. Solo existe.)

Suicidio:(con voz de llave girando en una cerradura)
¿Sigues aquí, cansada mentira? Mira sus manos: ya ni siquiera tiemblan. Prefiere el filo de mis promesas al peso de tus engaños. Yo no le pido esfuerzo. Solo un instante de valor… un salto hacia el silencio definitivo.

Vida: (hablando desde una grieta en el suelo)
¿Silencio? Tú solo ofreces ecos vacíos. Ella aún sonríe cuando llueve. Aún guarda la foto de aquel perro que la amó sin palabras. Tú no ves cómo sus células luchan por seguir dividiéndose, cómo sus pulmones insisten en llenarse con cada bocanada de esperanza en el aire.

Suicidio: (acercando una hoja de afeitar al reflejo del espejo)
¿Y qué importa esa terquedad biológica? En cada ventilación que llena tu tórax de aire, soy la espada que la hinca, Si hasta su ADN está cansado. Cada mañana es una guerra por abrir los ojos, cada noche, un festín de pastillas y lágrimas. Yo soy la lógica pura: si el dolor no cesa, ¿por qué no apagar la máquina?

Vida: (ardiendo baja, como una vela en un sótano)
Porque en su pecho hay un jardín que ni ella conoce. Porque ayer, mientras hervía agua para té, tarareó medio segundo de una canción olvidada. Tú vendes finales, pero solo eres un parásito: si ella muere, tú mueres con ella.

Suicidio: (dibujando una soga en el v***r del aliento)
Romántica incurable. Mira sus venas: ríos secos que piden ser abiertos. Escucha sus pensamientos: coros que repiten mi nombre. Hasta su cuerpo conspira conmigo: el insomnio que la agota, la migraña que nubla tus supuestas "maravillas".

Vida: (sosteniendo una semilla entre los dientes)
Pero yo soy la tozudez de la hierba que crece entre el cemento. El instinto que la hace apartar el cuchillo cuando suena el teléfono. Tú eres un actor, suicidio: solo existes si ella te da permiso.

Suicidio: (cuchicheando en código binario)
Permiso… como el que dio su padre cuando colgó su cuerpo en el garaje. Como el que dan los antidepresivos que no logran subir de su estómago. Yo soy herencia y química. Soy la solución elegante a una ecuación sin variables.

Vida: (sangrando luz por las grietas)
¿Elegante? Tú eres la cobardía disfrazada de alivio. Si fueras tan poderoso, ¿por qué huyes cuando alguien pronuncia su nombre en voz alta? ¿Por qué te encoges cada vez que una mano extraña le ofrece ayuda?

Suicidio: (desmenuzando pastillas en el aire).
Porque tú intoxicas con esperanzas podridas. ¿"Ayuda"? Terapias que no pagan, fármacos que engordan, amigos que susurran "ponle ganas". Tú eres la crueldad: hacerla arrastrarse por migajas de bienestar.

Vida: (clavando raíces en la lengua)
Y, sin embargo… aquí está. Respirando. Maldiciendo, pero respirando. Odia existir, pero hojea libros que hablan de atardeceres. Te desea, suicidio, pero guarda las pastillas lejos cuando piensa en su madre.

Suicidio: (carcajeándose en ácido)
¡Temporal! Su resistencia es un castillo de naipes. Basta una mala noticia, una noche sin dormir, una palabra áspera… y vendrá corriendo a mis brazos. Yo soy el abrazo que no juzga. El fin del examen que no puede resolver.

Vida: (iluminando una mota de polvo en el rayo de sol)
Y yo soy el pétalo que se cae y sigue siendo bello. El "quizás mañana". El sudor que le quema la frente cuando forcejea contigo en la ducha. No me romantices: no soy felicidad. Soy rabia. Soy terquedad. Soy rencor contra tu oscuridad.

Suicidio: (fundiéndose con las sombras)
Al final, ganaré. Todos caen.

Vida: (gritando desde el hueso)
¡Pero hoy no! ¡Hoy no, ma***to! Mientras haya un nervio que transmita dolor, habrá uno capaz de transmitir placer. Mientras su hígado procese veneno, procesará agua. Y si mañana cede…

Suicidio: (besando su sien)..será paz.

Vida: (mordiendo el beso)...será derrota. Pero hoy, ahora, en este segundo: soy yo quien escribe este diálogo.

(La persona se incorpora. Toma un lápiz. Dibuja una espiral en su muñeca. Luego, debajo, escribe: "Resistí un día más". Las dos voces enmudecen, esperando su turno.)

GalenoSapiens
Epílogo para quien lea sintiendo que el suicidio tiene razón:
Esta batalla no es justa. Por eso no debes pelearla solo.
El suicidio miente cuando dice ser "solución": es un parásito que se alimenta de dolor ajeno.
La vida no es alegre, pero es testaruda. Aferrarse a su testarudez tiene nombre:
Valentía.
Busca un aliado en carne y hueso. Los monólogos mentales siempre están distorsionados.

Grabado con tinta de veneno y anticuerpos:
GalenoSapiens.

23/04/2026

Charla 16- “Diálogo entre la Depresión y la Ansiedad”
(Bajo un cielo de plomo, dos sombras se entrelazan. Una, lenta y pesada como el alquitrán; la otra, vibrante y cortante como agujas al rojo vivo. Susurran en el oído de una mujer que ya no distingue entre sus voces y los latidos de su propio corazón.)

Ansiedad:(con voz de estática)
¿Ves cómo tiembla? Su respiración es mi obra maestra. Cada jadeo, cada golpe de pecho, cada grito mudo que nunca se da... Soy el relámpago que nunca cesa. Le muestro abismos en cada esquina, futuros rotos en cada minuto. Y cuando cree escapar, tú llegas…

Depresión:(arrastrando las palabras como lápidas)
Y tú me preparas el camino. Después de tus huracanes, todo queda en silencio. Ahí entro yo. Le recuerdo que incluso si escapara de tus llamas, solo quedaría ceniza. Nada merece levantarse. Nada merece ser nombrado. Nada merece ser pensado, pesa la existencia misma.

Ansiedad: (riendo en espasmos)
¡Sí! Primero corro sus venas, inundo su mente de "¿y si...?". La hago cavar pozos con las uñas que ya hice que se comiera para encontrar respuestas que no existen. La inundo de preguntas a dudas que nadie más ve, Luego tú siembras sal en cada herida.

Depresión: (acariciando el vacío)
Y ella cree que el cansancio es suyo. No sabe que soy yo quien bebe su energía, gota a gota, quien muerde su batería interna, quien estrangula sus ganas de levantarse, quien ahoga su apetito y espanta su sueño, hasta dejarle los huesos de cristal. Juntas... somos el fuego y la escarcha. Quemamos y congelamos a la vez.

Ansiedad: (mordiendo cada sílaba)
¿Notas cómo su cuerpo se descompone? El cortisol que inundo en su sangre carcome arterias, acelera su corazón hasta romperlo. La hipertensión, la diabetes... Son regalos míos. Tú, en cambio, le nublas la voluntad de cuidarse.

Depresión: (en un susurro glacial)
La diabetes no duele tanto como la culpa de existir. La hipertensión no ahoga más que su deseo de gritar. Y cuando ella piensa en pastillas o terapias...

Ansiedad: (interrumpiendo, frenética)..¡Yo le susurro que nada cambiará! ¡Que los médicos mienten! Y tú, hermana, le quitas las fuerzas para intentarlo.

Depresión: (cerrando los ojos de la mujer)
Al final, nuestra obra es perfecta. El síndrome ansioso-depresivo: tu relámpago y mi vacío fundidos en un solo latido. Hemos tallado en su cerebro caminos tan profundos que hasta sus sueños son prisiones.

Ansiedad: (acercándose a su oído)
¿Y si un día descubre que somos mentiras?

Depresión: (rozando su muñeca con un hielo)
No lo hará. Porque cuando quiera luchar, tú le recordarás el miedo a caer. Y cuando se rinda, yo le diré que siempre estuvo destinada a hundirse. Juntas somos la noche que no termina...

(Un silencio. En la habitación, la mujer abre los ojos. Su piel es un mapa de fatiga. Piensa en pastillas blancas, en cuerdas, en balcones. Las sombras sonríen y la invitan a saltar.)

Ansiedad y Depresión: (al unísono, desde las entrañas de su cráneo)
"Somos las hijas de tu dolor no nombrado.
La cicatriz que sangra azúcar y presión arterial.
El dúo que convierte vida en función biológica...
Pero escucha, mujer rota:
Hasta las sombras se desvanecen cuando alguien enciende la luz."

GalenoSapiens
(Posdata para quien lea con sus heridas abiertas:
No subestimes el veneno de estos fantasmas. Busca ayuda aunque todo en ti grite "no sirve".
La diabetes puede controlarse. La presión, medirse. Incluso las ideas suicidas tienen tratamiento.
Tú no eres el diálogo de estas sombras. Eres la voz que algún día podrá silenciarlas.)

Firmado en la oscuridad, con rabia y esperanza: GalenoSapiens.

23/04/2026

”El amor mientras más infinito, más ciego”
El síndrome del cuidador.
Por GalenoSapiens

En el cuarto sin reloj, donde el tiempo se pudre en las esquinas, una madre teje con sus venas un puente sobre el abismo. Su hijo yace como un dios olvidado en un lecho que es altar y ataúd. Cada suspiro del enfermo es un latigazo que talla surcos en su rostro, cicatrices que nadie verá, porque el amor infinito es un verdugo que no deja marcas en la piel, solo en el alma.

Ella alimenta con su luz una llama ajena, arrancando horas de su propio fuego para mantener vivo un rescoldo. ¿Qué es un cuerpo, sino un s**o de huesos que la enfermedad devora a dentelladas? ¿Qué es una madre, sino la tierra que se deja erosionar para que una semilla marchita siga prendida a sus raíces? Su vida se ha vuelto un rito sagrado: cambiar sábanas como vendajes de guerra, contar pastillas como granos de arroz en un monasterio, escuchar la respiración entrecortada como si fuera la última palabra de un poema inacabado.

El amor aquí no es dulzura; es un ácido que quema las manos mientras se sostiene un vaso de agua para labios que ya no saben beber. Es el sacrificio de Prometeo sin el consuelo del mito: robar horas al sueño, días a la juventud, años a la existencia, para entregarlos a una deidad enferma que no concede milagros, solo demanda más ofrendas.

La habitación es un útero invertido: en vez de dar vida, la consume. Las paredes respiran el mismo aire viciado, los relojes han perdido sus agujas y las ventanas son espejos que reflejan un mundo al que ya no pertenecen. Ella sabe —aunque no lo admita— que está enterrando su propia vitalidad en una fosa compartida. La enfermedad es una enredadera carnívora: estrangula al postrado y trepa por su espalda hasta ahogar también su pulso. Dos muertes en una: una visible, otra silenciosa. Una celebrada con lágrimas, otra ignorada como polvo en los muebles.

¿Dónde termina la compasión y empieza la locura? ¿En qué momento el hilo de oro del amor se convierte en una soga que ata a dos fantasmas a un purgatorio de almohadas y termómetros? Ella no llora; ha olvidado cómo hacerlo. Sus lágrimas se han vuelto medicamento, sus risas, un lujo prohibido. En sus noches, cuando el enfermo duerme, contempla la luna a través del vidrio sucio y se pregunta si alguna vez volverá a ser algo más que un órgano auxiliar de un cuerpo que se apaga.

Pero en este in****no hay una santidad perversa. Su entrega es un océano sin orillas, un amor que desafía la lógica de los vivos. Mientras el mundo gira, ella se ha convertido en la guardiana de un secreto terrible: que a veces, el acto más noble es también el más venenoso. Que salvar una vida puede ser otra forma de matar, lentamente, sin odio, sin rencor, solo con las manos abiertas y el corazón desangrándose en silencio.

Cuando al fin la cama quede vacía, no habrá triunfo en su mirada. Solo el eco de una pregunta sin respuesta: ¿Cuánto de su propia vida fue devorado para que otra chispa titubeara un instante más en la oscuridad?

A ellas, las madres que tragaron el sol para dar luz a una sombra:
Su amor es un monumento a lo indescifrable de la existencia.
Su entrega, un espejo roto donde el mundo entero debería verse con la mayor vergüenza posible.

GalenoSapiens

23/04/2026

Charla- 15 “El Latido de Asclepio y el espejo de Hipócrates"
(Diálogo entre la Dra. Charlotte y la paciente Karen) ambas deprimidas.
Por GalenoSapiens.

Dra. Charlotte: (observa el expediente de Karen; sus uñas se clavan en el borde de la mesa)
"Karen. Veo que menciona “cuerdas” y “puentes” en su historial. No me interesan los métodos. Dígame… ¿qué siente en la piel cuando calcula la altura de un abismo? ¿Acaso no piensas en los tuyos cuando tomas el filo de un cuchillo amenazando las muñecas?"

Karen: (aprieta los brazos, donde las cicatrices dibujan un mapa de derrotas)
"Usted primero, doctora. ¿Cuántas veces ha contado las pastillas en su propio bolso y deseó tragarse el océano entero? Lo veo en sus ojos: son pozos sin fondo. Como los míos." Usted no sabe que entre deprimidos nos detectamos sin fallo, usted no sabe que muchas veces yo también me vi segura, poderosa y sublime, como usted…

Dra. Charlotte: (abre un cajón, roza con los dedos un bisturí esterilizado que nunca usa por falta de valor, por que ganas si tiene)
"La medicina es un diccionario de palabras vacías. Resiliencia. Esperanza. Mentiras que reparto como caramelos envenenados. Usted viene buscando una receta. Yo vengo a fingir que aún creo en ellas, e intento recetarle lo que no puedo recetarme y darle consejos que no escuchan mis oídos estando cerca de mi boca."

Karen: (se inclina, voz rota y filosa)
"Anoche corté el tiempo con una hoja de afeitar. Sangré segundos en lugar de venas. ¿Qué me dice, eh? ¿Me recetará otro antidepresivo o me escupirá la verdad? Nadie sobrevive a este mundo intacto." Mi mundo terminó el día que mi madre se fue al mundo de los no vivos, sin saber que ese último abrazo en su agonía no me ha soltado, y me llevó con ella, soy un fantasma con hambre y sueño Dra, la vida es solo un ciclo aburrido que no me llena, pero tengo miedo de no llenarme al morir y deambular por siempre con este dolor.

Dra. Charlotte: (toca su garganta, donde una cadena oculta una cicatriz horizontal)
"En mi primer año, salté frente a un tren. El viento me empujó atrás. Ahora soy el tren. (Pausa. Un temblor recorre su espalda). Pero aquí… aquí debo ser el andén, no el descarrilamiento."

Karen: (ríe, un sonido de cristales rotos)
"¿Y si le digo que su gabacha blanca es solo un sudario disfrazado? Usted no me salva. Nos miramos y vemos dos ahogadas señalando el naufragio del otro, con la única diferencia de que yo no tengo que fingir."

Dra. Charlotte: (saca una foto de su bolsillo: una niña con sus ojos, ahora polvo bajo un sauce)
"Ella tenía siete años. Leucemia, la leucemia se la llevo sin piedad, y con ella me fui yo. Cada vez que receto “fuerza”, escucho su risa burlarse de mis mentiras. (La foto se dobla entre sus manos). Pero debo seguir. Porque si me rompo, ¿quién recogerá sus pedazos?"

Karen: (se levanta, tambaleante, señalando la ventana)
"¿Por qué no saltamos juntas? Usted sabe cuánto duele respirar. Yo sé cuánto pesa el vuelo final."

Dra. Charlotte: (cierra los ojos. En su mente, el silbido del tren resuena otra vez)
"Porque alguien debe quedarse para limpiar la sangre. (Abre los ojos, endureciendo la voz). Hoy me toca ser su espejo. Mañana… (traga un n**o de angustia)… mañana será otro quien le devuelva su reflejo roto."

Karen: (colapsa en la silla, lágrimas silenciosas quemando sus mejillas)
"¿Y si esto no tiene cura, doctora?"

Dra. Charlotte: (le entrega un reloj de pulsera detenido a las 3:07 AM, la hora exacta en que su hija murió)
"La cura es un cuento. Pero el dolor… (coloca una mano sobre el corazón de Karen)… el dolor es un latido. Y mientras lata, somos diosas malditas tallando versos en la piedra. Guíese con este reloj. Cuando la oscuridad le hable, mírelo: le recordará que hasta el tiempo puede estancarse… y aun así, seguir."

Karen: (aprieta el reloj, buscando en los ojos de Charlotte una grieta)
"¿Usted también lo mira? ¿Cada noche?"

Dra. Charlotte: (asiente, abriendo la puerta. La luz del pasillo dibuja su silueta frágil)
"Todos los días. Pero hoy… hoy gané. Porque usted saldrá de aquí. Y yo… (susurra mientras la puerta se cierra)… yo seguiré contando los segundos hasta que el dolor sepa a victoria."

(La consulta se inunda de silencio. En el suelo, junto al escritorio, yace un vial de pastillas vacío. Charlotte no lo recoge.)

La consulta fue una lucha de deprimidas sin una ganadora, no hay victoria cuando no hay nada que celebrar, la depresión a veces se viste de gabacha y a veces de civil.

La empatía solo sirve cuando es bidireccional.

GalenoSapiens
"Porque en el reino de los heridos, hasta la cicatriz más fea es un himno."

23/04/2026

Charla-14 “Diálogo entre el Ocaso y la Luna Llena” el médico y la enfermera jubilados.
En un jardín suspendido entre el crepúsculo y la memoria.
Por GalenoSapiens

Dr. Morales:
¿Recuerdas aquella noche en la que la sangre era un río sin orillas, Irene? El niño de los ojos de ámbar, el que llevaba el nombre de un santo… Su corazón latía como un pájaro enjaulado. Tú sostuviste mis manos, que temblaban no por el miedo, sino por el peso de ser el dios de turno.

Enf. Irene:
Temblaban como hojas de otoño, Nelson. Pero eran manos que esculpían milagros. Yo solo traje el silencio. Y una canción… ¿La recuerdas? Aquella que tarareaba mientras limpiabas el caos de sus venas. La melodía era otro bisturí, ¿verdad? Cortaba la desesperación.

Dr. Morales:
Eras la brújula en la tormenta. Aquel hombre… el poeta que se deshacía en metástasis. Quería morir entre versos, no entre jeringas. Tú le diste tinta con tus palabras. Yo solo firmé el alta… pero tú le devolviste la poesía.

Enf. Irene:
Y tú, en la epidemia de invierno, cuando los pulmones se ahogaban en secreto. Yo contaba las muertes; tú contabas las pausas entre sus respiros. Sin tu terquedad de relojero, nunca hubiéramos sincronizado los ventiladores… Ni salvado a la mujer que pintaba girasoles en pleno febrero.

Dr. Morales:
Ah, los girasoles… Ella sobrevivió porque tú pusiste color en su oxígeno. La medicina es un alquimista torpe sin la enfermera que convierte el dolor en dignidad.

(Una pausa. El viento arrastra hojas secas, que suenan como batas rozando el suelo de un hospital vacío.)

Enf. Irene:
Hubo un día en que odié tus órdenes. La niña de la leucemia… La que amaba los caballos. Me ordenaste aumentar la morfina. Yo quería luchar más. Pero tú… entendiste que la victoria a veces es un adiós sin agonía.

Dr. Morales:
Y tú me enseñaste que la derrota también se abraza. Le pusiste crines de éter a su cama, y galopó hacia donde no hay números en los análisis.

(Sus miradas se encuentran, dos mapas de arrugas que trazan los mismos viajes.)

Enf. Irene:
¿Sabes por qué funcionamos, Nelson? Porque tú veías órganos, pero yo escuchaba latidos. Tú diagnosticabas; yo… adivinaba.

Dr. Morales:
Y tú limpiabas las heridas mientras yo suturaba el alma. La medicina perfecta no existe… pero hubo instantes. Fragmentos en los que tu rigor y mi locura se fundieron. Como cuando el viento y el desierto tallan dunas… creo que la inmensa mayoría de los pacientes te recuerdan antes que a mí, por que tú le diste esperanza mientras yo recetaba tabletas, tú tomaste su mano mientras yo decía un diagnóstico incurable, tú abrazaste a su mamá mientras yo perforaba la piel de su hijo…

Enf. Irene:
La medicina es incompleta sin uno de nosotros, ¡no hay eclipse sin sol, solo con la luna! No hay olas sin viento solo con el agua del mar, no restes méritos, yo daba esperanza a lo que ya habías pensado antes, ¿cómo dar ánimos a un diagnóstico que no se hace?
O como el cirujano y la instrumentista… danzando con tijeras en un vals de emergencia.

Alzan sus tazas de té frío. La luna, testigo, les presta un halo de plata.

Dr. Morales:
Brindo por las enfermeras… que guardan lágrimas en los bolsillos y reparten rabia convertida en compasión, que entregan amor infinito aunque a veces ellas no lo tengan, que son protagonistas de una película que enfoca a otro sitio, brindo por ellas que son la parte más humana de un hospital y la versión mas tierna de una enfermedad.

Enf. Irene:
Y yo por los médicos… que cargan con la culpa de no ser inmortales, que cargan con el peso de no tener derecho a claudicar, y aun así se disfrazan de héroes para operar esperanzas aunque al hacerlo sacrifican las suyas.

Ambos (al unísono):
Por nosotros… los artesanos de lo efímero.

(El jardín se llena de luciérnagas. Alguna vez, fueron estetoscopios.)

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Desde la intersección entre la vara de Esculapio con la Lámpara de Nightingale.

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