08/01/2026
Se acerca una generación de tías que 𝗲𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗲𝗿𝗽𝗲𝗿𝗶𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘃𝗶𝘀𝗶𝘁𝗮, 𝘀𝗲 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮.
Que saben preguntar antes de llegar y respetar cuando la respuesta es “ahorita no”.
Una generación que 𝘀𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝗰𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮, que no invade ni exige, que acompaña sin imponer y que jamás pondría una sábana sobre el cuerpo de una mujer que acaba de parir.
Se acerca una generación que 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗿𝗲𝗱 𝗱𝗲 𝗮𝗽𝗼𝘆𝗼, especialmente para una madre primeriza:
apoyar no es opinar,
apoyar es sostener, escuchar y aliviar.
Una generación que 𝗻𝗼 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮, porque educar no es golpear ni humillar.
Que 𝗻𝗼 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗶 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗯𝗿𝗲 𝗮𝗯𝘂𝘀𝗼𝘀 “𝗽𝗼𝗿 𝘀𝗲𝗿 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮”, porque el amor jamás protege al agresor.
Se acerca una generación que 𝘀𝗮𝗯𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗮𝘇𝗮𝗿 𝗻𝗼 𝗺𝗮𝗹𝗰𝗿𝗶́𝗮, que el contacto no daña y que el apego es una necesidad, no un capricho.
Una generación que 𝗽𝗿𝗼𝗺𝘂𝗲𝘃𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗿𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝘂𝗼𝘀𝗮, que entiende que cada familia tiene su propio proceso y que nadie necesita juicios cuando está aprendiendo a maternar o paternar.
Una generación que 𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗰𝘂𝗲𝗿𝗽𝗼𝘀, que no vigila kilos, estrías o cansancio, porque el cuerpo que parió merece respeto, no evaluación.
Y, sobre todo, una generación que 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗮 𝘀𝗶𝗻 𝗶𝗻𝘃𝗮𝗱𝗶𝗿, que ofrece ayuda real, información útil y presencia amorosa, sin imponer su forma de criar.
Se acerca una generación más consciente, más informada y más empática.
Una generación que elige 𝗰𝗿𝗶𝗮𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗺𝗼𝗿, 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗴𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱.