21/12/2025
Esta semana me tocó ir a un supermercado local donde se compra al por mayor. Al acercarme a la caja, un joven muy cortés me ayudó a ubicar mis compras en el mostrador; luego buscó una cajita para guardar los productos. Después de pagar, noté que el joven no hizo el intento de acompañarme a llevar las cosas a mi carro. Le dije:
—¿Me acompañas?
El joven inmediatamente contestó que sí, con una sonrisa.
Cuando salíamos del establecimiento, me contó que ya tenía un año de trabajar en ese lugar y que le había tocado aprender que no todas las personas quieren ayuda. Me dijo que al inicio, algunos clientes se ofendían y hacían gestos de desagrado, mientras que otros le decían con altanería que no necesitaban su ayuda. Con el tiempo decidió esperar a que la persona pidiera ayuda.
A veces sentimos como si todos quisieran aprovecharse de nosotros o que todos están pidiendo donaciones y préstamos. Lo comprendo perfectamente. ¿Pero sabes qué? Para decir que no, no es necesario ser groseros. Hablar con firmeza no significa ofender.