27/11/2025
Nos quedamos solas, con una taza de café entre las manos en la quietud de la mañana, mientras la brisa temprana nos da la bienvenida. A diferencia de nuestras abuelas, ya no aguardamos la llamada que nunca llegó ni el beso que nunca nació. Y aunque a veces la melancolía se asoma con su punzada suave, casi dulce,reconozco que en el fondo me hubiera gustado.
Pero la vida, maestra paciente, me enseñó que lo más hermoso es recibir lo que no se pide: aquello que brota solo, sin exigencias. Qué bonito es sentir ese amor espontáneo, casi inesperado.
Quizá la edad también fue afinando la mirada, enseñándome a valorar otras formas de querer. Gracias a ciertas insistencias, algunas remarcadas, aprendí a disfrutar un desayuno en silencio, un paseo sin rumbo, una salida conmigo misma. Aprendí a regalarme un cumplido frente al espejo, a premiar mi propia versión más honesta.
Aprendí, al fin, a ser compañía y refugio; a encontrar en mi misma un hogar tierno y cálido.
Autor: Crysstal Pacheco