05/11/2025
Pensar que Kelly Wilson estará en Perú ahora mismo es un sueño que va tomando cuerpo. Y es la forma más profunda que tengo de agradecer todo lo que su enseñanza ha significado para mí y como ha dejado una huella en mi vida. Es un profundo y sincero sentimiento de gratitud a su vida y su legado.
La primera vez que se lo mencioné fue en mi segundo bootcamp con él, en Oackland. Luego volvimos a hablarlo en Seattle, y más adelante en México. No imaginaba entonces que lo que un día era un deseo alguna vez sería posible. Pero cada vez que lo escuchaba, cada vez que lo veía hablar de conexión, de humanidad y de amor, sentía que el mundo necesitaba más de eso. Yo realmente quiero que los demás tengan la oportunidad que yo tuve de aprender de él.
He estado en cuatro bootcamps donde Kelly ha sido parte, he tomado tantos entrenamientos con él. Y en todos —sin excepción— he aprendido algo nuevo, algo que no viene de los libros, sino de esa forma tan suya de tocar con el corazón lo que significa estar vivo. Siempre salí conmovido, con el corazón lleno y con la certeza de que este camino tiene sentido.
Muchos amigos me preguntan por qué sigo asistiendo a entrenamientos y bootcamps, si ya llevo tantos años en esto.
La respuesta es que siempre hay algo más que llena mi vida. Algo que me devuelve al propósito, que me recuerda quién soy.
Kelly es un alma profundamente amorosa, sensible y sabia. Su presencia enseña más que cualquier teoría, enseña a estar, a mirar, a acompañar con ternura.
Quienes hacemos terapia, alguna vez en la vida, deberíamos darnos la oportunidad de ser transformados por él.
Tenerlo en Perú no es solo un privilegio, es un regalo que quizás no vuelva a repetirse. Es nuestra oportunidad de darle las gracias por haber transformado nuestras vidas con su trabajo, por mostrarnos que la terapia es un acto de amor y valentía.
Y ya estamos con el corazón abierto para recibir al ser humano que más nos ha entrenado en conexión y presencia.
🧡