23/11/2023
EL MICROBIOMA HUMANO
PARTE 2: MICROBIOTA INTESTINAL
La microbiota intestinal es considerada hoy un órgano más de nuestro cuerpo que está recibiendo información del exterior y que está enviando información a nuestro cerebro y a todo el organismo. Esta microbiota determina de una manera muy intensa nuestra manera de pensar, de percibir la realidad, de crecer, nuestra manera de curarnos, de defendernos, así como la manera en que nuestras células se comunican entre sí y construyen nuestra salud día a día.
Ahora quisiera hacer una pregunta interesante, ¿Cuál es la parte del cuerpo con mayor superficie expuesta al exterior? Seguramente la primer idea que aparece en tu mente es la piel. La superficie de la piel de un humano promedio es de 2 metros cuadrados. Sin embargo, consideremos ahora al tubo digestivo, y tan solo extendiendo la superficie del intestino delgado, cubriremos un área de al menos 200 metros cuadrados.
Por tanto, la parte del cuerpo con mayor superficie expuesta al exterior es el intestino, el tubo digestivo en su totalidad, y es por eso que el 80% de nuestra inmunidad radica allí, y es determinada y/o regulada por la microbiota intestinal, que en conexión muy íntima con el sistema nervioso, interviene además en muchísimos procesos que afectan directamente a la salud.
Cada persona tiene una comunidad de microbios intestinales única, que empieza con la primera colonia de bacterias que tomamos del canal del parto cuando nacemos, luego la lactancia va a seguir aportando bacterias a nuestra microbiota intestinal, que cambiará según la edad, dieta, ubicación geográfica, ingesta de complementos alimenticios y fármacos, además de otras influencias ambientales.
La nutrición afecta directamente la microbiota; dentro de ella vamos a encontrar tanto a aliados (Bacteroidetes) como enemigos oportunistas (Firmicutes), cuya proporción determinará el estado de salud o enfermedad de la persona. Cuando la comunidad de Firmicutes aumenta a causa del tipo de alimentación, la comunidad de Bacteroidetes disminuye, y esto produce, entre otras cosas, una alteración en las uniones densas del intestino y empiezan a filtrarse productos tóxicos que generan lo que se conoce como inflamación crónica de bajo grado que está detrás de la mayor parte de las enfermedades.
Lo que quiero rescatar aquí es que lamentablemente tendemos a ver solo partes y no a ver el TODO, y es que realmente todo está conectado. Los pensamientos afectan a los sentimientos, y estos a los procesos hormonales que regulan (o desregulan) las funciones del cuerpo. Pero cuidado, porque en lugar de pensar que todo se origina en nuestro cerebro intracraneal, debemos advertir que el tubo digestivo, con esa interconexión tan importante que tiene con la microbiota y el sistema nervioso, se convierte en un nodo de información de extraordinario valor (nuestro segundo cerebro, o también llamado el cerebro entérico).