16/04/2026
Perú es el epicentro global de la biodiversidad de la papa, albergando en los Andes más de 3000 variedades de este tubérculo que han sido domesticadas y preservadas durante milenios por las comunidades altoandinas. Esta asombrosa diversidad, que incluye formas, colores y sabores únicos, es el resultado de la adaptación de los cultivos a diversos microclimas y altitudes que van desde los 3000 hasta los 4500 metros sobre el nivel del mar. Gracias a este legado ancestral, el país se ha consolidado como el centro mundial de cultivo y conservación, albergando instituciones clave como el Centro Internacional de la Papa (CIP) en Lima, que custodia el banco de germoplasma más grande del mundo. Esta riqueza genética no solo es un pilar de la seguridad alimentaria y la gastronomía peruana, sino que también representa un recurso estratégico vital frente al cambio climático, ya que muchas de estas variedades nativas poseen una resistencia natural a plagas y condiciones ambientales extremas.