19/12/2025
REDIRECCIONANDO
Una propuesta de solución para hacer más llevadera nuestra existencia.
Muchas veces, nos equivocamos. Cometemos a veces los mismos errores y muy graves. Pero diría desde mi corta experiencia: ¡Que bueno!. Pues solo en este contexto sabemos reflexionar, evaluar, reconsiderar y asumir el dolor de la frustración.
También nos sirve para dejar de ser autosuficiente y en el camino de la humildad -que no es fácil para muchos- optamos por pedir ayuda. Sin emabrgo, a veces o muchas veces, aquí también nos equivocamos. Desaogamos sin medir consecuencias. Nos derrumbados en una persona que inspira en su momento algo de confianza, pero cuando desde sus propias heridas rumean las nuestras y lejos de ayudar nos acribillan con tal sarcasmo que nos restregan en su máxima expresión todo nuestro error: uno dice: ¡Quien me mandó a abrir la boca!
Punto valiente y sano es dar vuelta la página. tragar nuestra historia, sonreír y saber reconocer que aquí también nos equivocamos y muy saludable desición es nunca confiarse y mejor cambiar de persona. Pues somos mucho más que la suma de nuestros errores y desaciertos.
Es natural que de niño nos confiamos a mamá, papá, hermanos, tíos, primos o amigos y soportamos sus endebles estrategias. Pero a cierta edad, renunciamos a las confrontaciones que no nos sanan, lo que permite que desarrollemos nuestro mundo de la autonomía e independencia.
En el caso de nuestra pareja es mortal si nos equivocamos. Pues confiamos el alma, la totalidad de nuestro ser. Habrímos el corazón de nuestras debilidades y ponemos en una bandeja de la intimidad, de la ilusión, de la pasión: del amor. Si bien es cierto al principio la oxitocina colabora, pero en el tiempo de debela la magia blanca o negra. Alli, se quiebra el corazón, la amigdala, la respiración y tragamos una lágrima. Y vuelvo a decir: también eso es bueno, porque son luces que nos iluminan el camino para ver que no estamos con la persona correcta. El oro se p**e en el fuego con buen orfecbre. El amor: con el que te ama.
Entonces, si no hay solución y solo encuentras más problemas: cierra la boca y pasa a la conversación de cosas triviales como el clima, la decoración, la fecha festiva, el tráfico, las tonteras de fulanito, el regalito y no provoques más reacciones adversas que puedan conllevar al conflicto en un clima tóxico.
Te exhorto que por respeto a ti mismo y a tu vida íntima, pienses bien, ores y toma una desición. No te mereces una compañía de ese calibre. Dejaras de ser libre. Tendras que medir tus palabras. Pensar y repensar tus acciones ante un juicio nefasto y nunca contento. Mejor reconoce con valentía que abriste el cofre de tu dolor, de tu equivocación, de tu vergüenza, de tus miedos y guardarlos para ti.
Aprende a buscar ayuda en un profesional: un maestro, sacerdote, pastor, anciano sabio o deja en las manos del amor. Que en algún momento de la vida y si es propicio te encontrará y te llevará a conocer un mundo nuevo que te permita crecer, hablar, respirar, llorar, sonreír, vivir y encontrar posibles vías de solución.
Tu terapeuta sabe que tiene que ayudarte. Usa estrategias y metodologías para encaminar procesos que determinen tu camino de sanación, redención o de restructuración. Pero, el amor de tu vida lo va a intuir y por libre opción solo estará allí para amarte.
Por lo mismo, entonces tiempo al tiempo. Ve reconstruyendo tus ideas, tus emociones, tus debilidades y busca salir de los comentarios hirientes que no son compatibles con la dulce opción del amor.
Recuerda. Eres único. Con un don. Un talento. Un sentido de vida y por lo mismo, eres más que la suma de errores: eres vida.