02/05/2026
El experimento de David Rosenhan expone algo incómodo pero al mismo tiempo coherente con lo que plantean Ernesto López y Manuel Costa en su libro “LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS NO SON ENFERMEDADES”: Que muchos llamados “trastornos mentales” no funcionan como enfermedades en el sentido médico, sino como construcciones interpretativas.
Es decir, cuando a una persona se le coloca una etiqueta diagnóstica, no solo se intenta describir lo que le pasa, sino que se redefine quién es. Desde esa mirada, la conducta deja de entenderse en su contexto y pasa a filtrarse por una categoría fija. Lo que hizo Rosenhan fue mostrar que el problema no estaba en los “pacientes”, sino en el sistema de interpretación que convierte comportamientos humanos en síntomas de enfermedad.
Desde el enfoque de López y Costa, esto cuestiona la idea de que exista una línea clara entre “sano” y “enfermo” en términos psicológicos. Más bien, sugiere que este tiene que ver con historias de vida, contextos y significados, no con fallas biológicas que se detectan objetivamente. La etiqueta, entonces, puede terminar siendo más limitante que explicativa, dejando de abrir comprensión y empiezando a encerrar a la persona en un diagnóstico que condiciona cómo los otros la ven… y cómo ella misma aprende a verse.
🏥 En 1973, el psicólogo David Rosenhan tuvo una idea tan simple como perturbadora: envió a ocho voluntarios sin antecedentes mentales -entre ellos él mismo- a doce hospitales psiquiátricos de EE.UU. fingiendo que escuchaban una voz que les decía "golpe", "vacío" o "hueco". Los doce voluntarios fueron ingresados con diagnósticos de esquizofrenia o psicosis, y, aunque una vez dentro se comportaron con total normalidad y manifestaron ya no escuchar ninguna voz, fueron retenidos hasta 52 días.
💊 Los pseudopacientes fueron obligados a tomar medicación que tiraban a escondidas y a aceptar el diagnóstico de los médicos para ser dados de alta. La etiqueta de "loco" se había pegado a ellos y cualquier gesto cotidiano era interpretado como síntoma. Rosenhan llamó a esto el poder de la "etiqueta diagnóstica": una vez que te llaman loco, todo lo que haces confirma la sospecha. Los cuerdos se volvieron prisioneros de su propia cordura.
🫠 Cuando Rosenhan hizo público el experimento, el escándalo fue mayúsculo. Un hospital, ofendido por el estudio, lo desafió a enviar más falsos pacientes. Rosenhan aceptó. En las semanas siguientes, el personal identificó a 41 pacientes como posibles impostores. La trampa era que Rosenhan no había enviado a nadie. Así, el "Efecto Rosenhan" demostró que la línea entre la cordura y la locura no está en la mente del paciente, sino en el ojo del que diagnostica.
📸 Oscar Bernader Bengstsson (b1888), Public domain, via Wikimedia Commons