Ondas Concéntricas - Acompañamiento al final de la vida

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Ondas Concéntricas - Acompañamiento al final de la vida Espacio de reflexión entorno a temas relacionados a la etapa final de la vida, la muerte, las despedidas y los procesos de duelo

¿Qué tengo que hacer?, ¿cómo se hace para saber cómo morir? ¿cómo se hace para morir bien? Fueron las preguntas que surg...
23/05/2022

¿Qué tengo que hacer?, ¿cómo se hace para saber cómo morir? ¿cómo se hace para morir bien? Fueron las preguntas que surgieron durante nuestra convresación. Ella ya sabía que le quedaba poco tiempo de vida. “¿Qué significa para ti morir bien?”, fue lo que le dije. “Estar tranquila” fue su respuesta. A partir de ese momento nuestra conversación cambió y comenzamos a hablar de aquello que le daba tranquilidad. Conversamos de lo que significaba para ella llegar al momento de su muerte sintiéndose tranquila.

No existe un manual que nos diga cómo morir. Cada uno va encontrando su propia forma de transcurrir la etapa final de su vida de la mejor manera posible. No se trata de buscar hacerlo “bien” o “mal”, sino de poder elegir cómo llegar a ese momomento. Reconocer aquello que es valioso y darse el tiempo para decir adios.

Mientras hablábamos del proceso de duelo que estaba atravesando por la pérdida de su esposa me dijo: “no me gustaba llor...
10/05/2022

Mientras hablábamos del proceso de duelo que estaba atravesando por la pérdida de su esposa me dijo: “no me gustaba llorar porque las lágrimas abrían la herida que dejó su partida, hacían que todo duela más. Sin embargo, cuando me permití hacerlo, descubrí que las lágrimas también son capaces de cerrar esa herida”. ¿Cómo así?, pregunté y él respondió “es que llorar me sana el alma, es como si las lágrimas lavaran esa herida que llevo dentro”

Llorar es la expresión natural de la tristeza y permitirse hacerlo es un acto liberador. Si bien no es agradable sentir emociones como la tristeza, darle un espacio a eso que uno siente ayuda sanar. Aceptar la tristeza y expresarla ayuda a aliviar el dolor que uno experimenta.

21/07/2021
Ella dijo: “ya van dos años desde que mi papá falleció y aún no logro superarlo”. “A pesar que ya pasaron dos años desde...
06/07/2021

Ella dijo: “ya van dos años desde que mi papá falleció y aún no logro superarlo”. “A pesar que ya pasaron dos años desde que tu papá murió sientes que aún no lo superas”, fue lo que dije. Ella respondió: “él me sigue haciendo falta. Por más que pase el tiempo, siento que nunca lo voy a poder superar”

Las perdidas dejan vacíos en nuestra vida que no se pueden llenar. Es natural que las personas nos sigan haciendo falta a pesar que pase el tiempo. Es válido extrañar a quienes se han ido, especialmente en aquellos momentos significativos de nuestra vida. Es así que, no se trata de superar las pérdidas, como pensando en algo que tenemos que vencer, sino de aprender a convivir con la ausencia de la persona que se fue. Darle un significado distinto a ese vacío que deja. Recordarla desde el amor que compartimos y no desde la tristeza que dejó su partida.

Durante nuestra conversación me dijo: “Estoy aquí con ella (refiriéndose a su madre que tiene un cáncer en etapa termina...
01/06/2021

Durante nuestra conversación me dijo: “Estoy aquí con ella (refiriéndose a su madre que tiene un cáncer en etapa terminal) todos los días. Las 24 horas del día pendiente de ella. Desde hace años mi vida gira entorno a lo que necesita. Me siento encerrada, como si yo también estuviera enferma”. ¿Te sientes como si tú también tuvieras cáncer?, le dije. “Si”, fue lo que respondió “siento que vivo como si yo también tuviera esa enfermedad, pero sé que no es así. Yo estoy sana pero siento que estoy atada a ella viviendo la vida de un enfermo, sin poder vivir mi propia vida por tener que cuidarla”.

La tarea de cuidar a un familiar enfermo puede llegar a ser muy absorbente y desgastante con el paso del tiempo, especialmente cuando uno no cuenta con el apoyo de otras personas. Tan importante como cuidar del otro es poder cuidar de uno mismo. Como cuidador uno necesita espacios para descansar, para relajarse, para hacer las cosas que desea y continuar con los planes que tiene. Uno necesita cuidarse para poder cuidar.

“Estoy muy triste, tengo cólera y me siento sola” me iba diciendo entre lágrimas durante nuestra conversación. “Es como ...
24/05/2021

“Estoy muy triste, tengo cólera y me siento sola” me iba diciendo entre lágrimas durante nuestra conversación. “Es como si me hubiera quedado desnuda. Me siento incompleta, como si me hubieran quitado una parte de mí.”. Así fue como iba describiendo lo que sentía luego de la pérdida de su esposo meses atrás. “Me dicen que debo ser fuerte. Que ya no llore, que tengo que estar bien por mis hijos, pero no puedo”. Luego de un momento en silencio agregó “tal vez estoy haciendo algo mal”.

El deseo de ayudar al otro suele llevar a las personas a decir frases con la intención de que disminuya su sufrimiento. Sin embargo, estas frases tienen el efecto opuesto cuando invalidan la emoción que el otro está sintiendo. Luego de perder a alguien uno no necesita que le digan que tiene que estar bien, que no llore o que tiene ser fuerte, lo que necesita es tener espacios para hablar sobre cómo se siente sin ser juzgado o criticado.

“El médico nos ha dicho que su cáncer está muy avanzado. Ya no hay nada que se pueda hacer y solo queda darle calidad de...
11/05/2021

“El médico nos ha dicho que su cáncer está muy avanzado. Ya no hay nada que se pueda hacer y solo queda darle calidad de vida”. Fue lo que me dijo durante nuestra conversación refiriéndose a su sobrina de 12 años. “¿Ella lo sabe?”, le pregunté. “No, no sabe nada de su enfermedad ni del pronóstico”, fue su respuesta. Luego agregó “¿usted cree que se lo podría decir?”.

Ciertamente podía hablar con ella del tema, pero sabía que no me correspondía a mí ser la persona encargada de contarle lo que le estaba pasando. Es por eso que le respondí con otra pregunta, “ ¿preferirías que yo se lo dijera?”. Ella respondió “sí...si yo hablo con ella me pondría a llorar. No sabría qué decirle ni qué hacer. No soy capaz de decirle que se va a morir”.

Hablar con alguien sobre la proximidad de su muerte suele ser movilizante. Especialmente cuando se trata de alguien cercano de quien no nos queremos despedir. La presencia de la muerte suele despertar en nosotros muchas emociones. Es natural que sea un tema que angustie y que lo queramos evitar.

A pesar de que sea doloroso, es necesario que el otro pueda entender lo que le está pasando. No podemos cambiar la realidad, pero el hablar de lo que sucede y poder poner palabras lo que se está viendo permite que se le pueda dar forma a la experiencia. Cuando uno comprende lo que le ocurre, le pone fin a la incertidumbre y eso suele ayudar a que su angustia sea más llevadera.

Él solía hablar de su capacidad para sobrellevar lo que estaba viviendo. Hablaba de sus malestares como si fueran maneja...
15/04/2021

Él solía hablar de su capacidad para sobrellevar lo que estaba viviendo. Hablaba de sus malestares como si fueran manejables. Me contaba que era capaz de soportar el dolor y todas las molestias del cáncer y su tratamiento procurando tomar la menor cantidad de pastillas posibles. Ese día lo percibí distinto. Algo había cambiado. Estaba agotado. Me contó que los dolores eran cada vez más fuertes y le impedían descansar. Le pregunté por las pastillas para el dolor que le habían recetado y me dijo: “No las necesito, yo puedo solo. Siempre he podido solo y esta no va a ser la excepción. Antes podía soportar el dolor y ahora solo tengo que ser fuerte”. Al escucharlo me di cuenta que no solo me estaba hablando de las pastillas, detrás de eso había algo más.

A medida que fuimos conversando nos dimos cuenta que para él tomar las pastillas era un signo de debilidad. Significaba tener que aceptar que la enfermedad estaba avanzando, que cada vez estaba más débil y que los tratamientos no estaban funcionando como él lo esperaba. Tomar las pastillas era para él un signo de fracaso. También nos dimos cuenta que el tomar las pastillas lo ayudaría a tener una mejor calidad de vida, a estar más tranquilo, a descansar mejor y a poder hacer con más facilidad las cosas que disfrutaba. Es día descubrimos que tomar las pastillas significaba también la posibilidad de estar mejor y que aceptar que uno necesita ayuda es también un signo de fortaleza.

17/03/2021

“Ha sido un año negro”, me dijo durante nuestra conversación. “Me pusieron una sonda para poder alimentarme y una cánula...
11/03/2021

“Ha sido un año negro”, me dijo durante nuestra conversación. “Me pusieron una sonda para poder alimentarme y una cánula para poder respirar. Mi voz ha cambiado y la faringe se me inflama con facilidad. Los dolores son cada vez más frecuentes, tengo problemas para digerir la comida y mi cuerpo está cada vez más delgado. Mi rutina ha cambiado, ya no puedo hacer las cosas que hacía antes, incluso en el trabajo ya no rindo igual y lo voy a tener que dejar. El cáncer lo cambió todo”. Mientras lo escuchaba podía percibir la frustración y la cólera que transmitían sus palabras. Por la manera en la que me contaba lo que estaba viviendo me daba la impresión que me estaba diciendo que el cáncer no solo le había cambiado la vida, sino que se la había arrebatado.

El cáncer le había quitado mucho, eso no se podía negar, pero no se lo había llevado todo. A medida que seguimos conversando fuimos encontrando aquellas cosas que se había mantenido a pesar de la enfermedad. Su capacidad reflexiva, su capacidad para tomar decisiones y valerse por sí mismo. Tenía ciertas limitaciones pero podía llevar una vida independiente. Su perseverancia, su fortaleza y su fe también se mantenían. Se dio cuenta que a pesar de la enfermedad, a pesar de los cambios que veía en su cuerpo y de las limitaciones que tenía, seguía siendo él.

Ese día durante nuestra conversación ella me dijo: “No me gusta que me digan que soy fuerte. Me molesta cuando mis amiga...
10/02/2021

Ese día durante nuestra conversación ella me dijo: “No me gusta que me digan que soy fuerte. Me molesta cuando mis amigas me llaman y me dicen: Tú eres fuerte, seguro que vas a vencer al cáncer. Ellas lo dicen como si esto fuera algo fácil, pero no se dan cuenta que luchar contra el cáncer es muy complicado para mí. Yo no me siento fuerte, me siento triste y asustada por todo lo que estoy viviendo. No quiero ser fuerte. Quiero ser frágil. Quiero llorar en los brazos de alguien mientras me abraza y me consuela”

A partir de ahí fuimos hablando de lo que significaba para ella ser fuerte y fuimos descubriendo porqué no quería ser fuerte. No quería ser fuerte porque el fuerte no llora. No quería ser fuerte porque el fuerte tiene que estar bien todo el tiempo. No quería ser fuerte porque el fuerte vive siempre con una actitud positiva. No quería ser fuerte porque el fuerte está todo el tiempo sonriendo y animado. No quería ser fuerte porque quería llorar y ser consolada. No quería ser fuerte porque quería tener momentos en los que pudiera sentirse mal sin ser cuestionada. No quería ser fuerte porque no quería negar su frustración, su temor, su impotencia y molestia. No quería ser fuerte, quería ser ella misma.

Antes de ir a hablar con él, su familia me pidió que conversáramos. Recién los conocía y me explicaron que no le habían ...
19/01/2021

Antes de ir a hablar con él, su familia me pidió que conversáramos. Recién los conocía y me explicaron que no le habían contado nada a él sobre su diagnóstico o pronóstico. El médico les dijo que su cáncer estaba muy avanzado y que ya no habían más opciones de tratamiento. Las medicinas que tomaba eran solo para aliviar el dolor y darle la mejor calidad de vida posible en la etapa final de su vida. Me pidieron que no le diga nada sobre el tema, aún no se sentían listos para que él lo sepa.

Fui a hablar con él y durante nuestra conversación llegó un momento en el que preguntó: ¿Usted sabe lo que tengo?. Sabía que no podía responder con la verdad, pero tampoco le quería mentir, así que le respondí con otra pregunta: ¿Qué es lo que sabe usted sobre su enfermedad?. Él respondió: el cáncer que tenía volvió a aparecer y me está costando mucho trabajo recuperarme. Pasan los días y no siento que mejoro. A veces incluso me parece que estoy peor. Luego de quedarse un momento en silencio preguntó: ¿Me voy a morir pronto?. La respuesta era sí, pero eso era algo que no podía decir. Su familia había decidido que él aún no sepa nada. En ese momento era importante respetar su decisión así que le respondí con otra pregunta: ¿Qué nota en su cuerpo?. Luego de pensarlo un momento dijo: Cada vez me noto más delgado, cada día estoy más cansado y tengo menos energía. Mis piernas están hinchadas y me cuesta mucho trabajo moverlas, ya no me puedo parar solo y con las justas me puedo mover en la cama por mí mismo. Luego pregunté: ¿Qué cree que le dice su cuerpo con todo eso?. Luego de quedarse un momento de silencio respondió: Que ya es momento de descansar. Le pregunté si se lo había contado a su familia y con lágrimas en los ojos respondió diciendo: Sí, pero ellos solo me dicen que tenga paciencia, que pronto voy a estar mejor. No me quieren decir nada más. No sé lo que me pasa...me siento engañado.

Él lo sabía, él lo sentía, su cuerpo le decía que la muerte se acercaba. Sin embargo, su familia le decía lo contrario. Él sabía que su cuerpo no mentía, por eso se sentía engañado. Si bien es difícil hablar de la muerte, especialmente cuando la persona que se acerca a ese momento es alguien que amamos, es necesario hacerlo. Por más que queramos, no podemos esconder la proximidad muerte. El cuerpo no miente y en algún momento la persona se dará cuenta que le mintieron. Vivir un engaño suele generar más sufrimiento que ser sinceros y decir la verdad.

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