19/01/2021
Antes de ir a hablar con él, su familia me pidió que conversáramos. Recién los conocía y me explicaron que no le habían contado nada a él sobre su diagnóstico o pronóstico. El médico les dijo que su cáncer estaba muy avanzado y que ya no habían más opciones de tratamiento. Las medicinas que tomaba eran solo para aliviar el dolor y darle la mejor calidad de vida posible en la etapa final de su vida. Me pidieron que no le diga nada sobre el tema, aún no se sentían listos para que él lo sepa.
Fui a hablar con él y durante nuestra conversación llegó un momento en el que preguntó: ¿Usted sabe lo que tengo?. Sabía que no podía responder con la verdad, pero tampoco le quería mentir, así que le respondí con otra pregunta: ¿Qué es lo que sabe usted sobre su enfermedad?. Él respondió: el cáncer que tenía volvió a aparecer y me está costando mucho trabajo recuperarme. Pasan los días y no siento que mejoro. A veces incluso me parece que estoy peor. Luego de quedarse un momento en silencio preguntó: ¿Me voy a morir pronto?. La respuesta era sí, pero eso era algo que no podía decir. Su familia había decidido que él aún no sepa nada. En ese momento era importante respetar su decisión así que le respondí con otra pregunta: ¿Qué nota en su cuerpo?. Luego de pensarlo un momento dijo: Cada vez me noto más delgado, cada día estoy más cansado y tengo menos energía. Mis piernas están hinchadas y me cuesta mucho trabajo moverlas, ya no me puedo parar solo y con las justas me puedo mover en la cama por mí mismo. Luego pregunté: ¿Qué cree que le dice su cuerpo con todo eso?. Luego de quedarse un momento de silencio respondió: Que ya es momento de descansar. Le pregunté si se lo había contado a su familia y con lágrimas en los ojos respondió diciendo: Sí, pero ellos solo me dicen que tenga paciencia, que pronto voy a estar mejor. No me quieren decir nada más. No sé lo que me pasa...me siento engañado.
Él lo sabía, él lo sentía, su cuerpo le decía que la muerte se acercaba. Sin embargo, su familia le decía lo contrario. Él sabía que su cuerpo no mentía, por eso se sentía engañado. Si bien es difícil hablar de la muerte, especialmente cuando la persona que se acerca a ese momento es alguien que amamos, es necesario hacerlo. Por más que queramos, no podemos esconder la proximidad muerte. El cuerpo no miente y en algún momento la persona se dará cuenta que le mintieron. Vivir un engaño suele generar más sufrimiento que ser sinceros y decir la verdad.