14/01/2026
Hace poco vi una serie que lograba representar de forma muy clara lo que significa transitar una depresión. Mostraba a una joven que, día tras día, debía cargar sobre su espalda a un luchador de sumo mientras intentaba continuar con su vida cotidiana. Caminar, levantarse, cumplir responsabilidades simples… todo implicaba un sobreesfuerzo enorme, porque llevaba un peso que su cuerpo y su mente apenas podían sostener.
Así se vive muchas veces la depresión: no solo como una tristeza profunda, sino como un agotamiento constante, una sensación de carga permanente y un bucle de pensamientos que arrastra a la persona cada vez más hondo. Lo que para otros puede parecer sencillo, para quien está deprimido requiere una energía inmensa.
A menudo aún escucho frases como: “la depresión no existe”, “es flojera”, “es falta de voluntad”. Estos discursos no solo son incorrectos, sino profundamente dolorosos. La depresión es una enfermedad real, con bases psicológicas y neurobiológicas, que afecta la forma en que una persona piensa, siente y actúa.
Como sociedad, todavía tenemos un largo camino por recorrer para visibilizar la depresión sin juicios, sin minimizarla y sin culpar a quien la padece. Hablar con empatía, respetar los tiempos del otro y acompañar sin exigir explicaciones puede marcar una diferencia enorme.
Hoy, en el Día de la Lucha contra la Depresión, elijo recordar que no vemos las cargas que otros llevan. Que la empatía también es una forma de cuidado. Y que acompañar, validar y humanizar el dolor del otro es un paso necesario para construir una sociedad más consciente y compasiva.
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