Maribel Briceño D Maestre Psicóloga

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Un divorcio nunca es una experiencia neutra. Aunque a veces se viva como una salida necesaria, implica pérdidas para tod...
05/04/2026

Un divorcio nunca es una experiencia neutra. Aunque a veces se viva como una salida necesaria, implica pérdidas para todos. Se pierde el proyecto de familia, las rutinas compartidas, la sensación de estabilidad que daba una vida en común. Cambian las dinámicas, los espacios, incluso la relación con la familia extensa. Si somos honestos, en un divorcio todos pierden algo.

Sin embargo, en medio del dolor y de la reorganización que supone una separación, muchas veces los adultos quedan atrapados pensando en lo que ellos sienten que perderán: tiempo con los hijos, control sobre las decisiones, cercanía emocional. Es comprensible. Pero mientras los padres están procesando su propia pérdida, los hijos están tratando de entender algo mucho más básico: si seguirán teniendo a sus dos padres en su vida.

Desde la psicología familiar actual se sabe que, cuando las condiciones lo permiten, la tenencia compartida puede ayudar a proteger ese vínculo. No se trata de dividir al niño ni de repartir tiempos como si fuera una agenda, sino de sostener algo fundamental para su desarrollo emocional: la continuidad del apego con ambos padres. Para un niño, saber que mamá y papá siguen siendo figuras presentes y responsables, aunque ya no vivan juntos, aporta seguridad y estabilidad en un momento que ya es suficientemente confuso.

En Perú, en los últimos años se ha empezado a reconocer con más claridad este enfoque a través de la promoción de la corresponsabilidad parental. La idea es simple: que la separación de la pareja no implique necesariamente la pérdida cotidiana de uno de los padres para el hijo.

Aun así, en la práctica muchas veces no ocurre. Persisten creencias culturales muy arraigadas, como la idea de que la madre es la cuidadora natural y el padre el proveedor. A esto se suman emociones intensas propias de una ruptura: resentimiento, miedo a perder el lugar en la vida del hijo o la necesidad de mantener algún control después de la separación. Cuando el conflicto de pareja invade la parentalidad, los hijos pueden quedar atrapados en lealtades divididas o tensiones que no les corresponden.

También es importante decirlo con claridad: la tenencia compartida no siempre es lo mejor. Cuando hay violencia, conflicto destructivo permanente, negligencia o dificultades serias en la capacidad de cuidado de alguno de los padres, lo prioritario es la protección emocional y física del niño.

Por eso, más allá de cualquier modelo legal o ideal teórico, el punto de partida debería ser siempre el mismo. No preguntarnos qué es lo que cada adulto siente que pierde con el divorcio, sino qué necesita realmente el hijo para seguir creciendo con vínculos seguros, estables y protectores. Ahí es donde empieza la verdadera responsabilidad parental.

Cómo se destruye una pareja 🆘 Por Maribel & Fernando MaestreLas parejas no suelen explotar. Se desgastan.No hay un momen...
01/04/2026

Cómo se destruye una pareja 🆘

Por Maribel & Fernando Maestre

Las parejas no suelen explotar.
Se desgastan.

No hay un momento claro en el que todo se rompe. Más bien ocurre algo más sutil y más peligroso: el amor empieza a perder oxígeno. Lo que antes era ternura se vuelve irritación. Lo que era complicidad se convierte en silencio. Y lo que parecía una discusión cualquiera comienza a dejar pequeñas heridas que nunca terminan de cerrar.

En consulta, las parejas casi nunca llegan diciendo “nos hemos destruido poco a poco”. Llegan con frases más inocentes: “últimamente discutimos mucho”, “ya no es como antes”, “no sé en qué momento empezamos a tratarnos así”.

Pero cuando uno escucha con atención, aparece el verdadero problema: el deterioro del respeto.

Las relaciones no mueren solo por falta de amor. Mueren por acumulación de faltas. Algunas son pequeñas fricciones inevitables de la convivencia. Otras son grietas más profundas. Y hay faltas que transforman la relación en un lugar donde ya no se puede respirar.

Desde la psicología de pareja podemos entender estas conductas en tres niveles de gravedad.

1. Faltas leves: las fricciones inevitables

Todas las parejas tienen conflictos. La convivencia produce roce, cansancio, irritación. En este nivel hablamos de errores humanos, torpezas emocionales, momentos de mala regulación.

Entre ellas:
1. Olvidar fechas importantes o compromisos.
2. Mostrar distracción emocional o poca presencia en ciertos momentos.
3. Responder con irritación en una discusión.
4. Bromas o sarcasmos que no caen bien.
5. Descuidos en responsabilidades compartidas.

Estas faltas no destruyen una relación. De hecho, son parte de la vida en común.

Lo que sí la destruye es cuando nadie repara el daño.
Cuando la disculpa desaparece.
Cuando el orgullo se vuelve más importante que el vínculo.

Ahí empieza la erosión.

2. Faltas moderadas: cuando el vínculo empieza a deteriorarse

En este nivel ya no hablamos solo de fricciones. Aparecen conductas que erosionan la confianza y la dignidad dentro de la relación.

El problema no es una discusión. El problema es el clima emocional que queda después.

Entre estas faltas encontramos:
1. Mentir de forma repetida.
2. Infidelidad emocional o física.
3. Humillar o ridiculizar al otro frente a terceros.
4. Celos constantes acompañados de acusaciones.
5. Control sobre amistades, actividades o decisiones.
6. Ignorar al otro deliberadamente como forma de castigo.
7. Manipulación emocional o chantaje afectivo.

Aquí la relación empieza a volverse un territorio inseguro. Ya no se trata solo de discutir; se trata de cómo se usa el poder dentro del vínculo.

Muchas parejas llegan a terapia en este punto. Algunas logran reconstruirse si existe reconocimiento del daño. Otras descubren que lo que parecía amor se había transformado lentamente en una lucha por controlar al otro.

3. Faltas graves: cuando la relación deja de ser un refugio

Hay un momento en que el conflicto deja de ser conflicto y se convierte en abuso.

En este nivel, la relación ya no es simplemente disfuncional: es peligrosa.

Entre estas conductas:
1. Violencia física.
2. Amenazas o intimidación.
3. Insultos o humillaciones constantes.
4. Violencia sexual dentro de la relación.
5. Control económico absoluto o privación de recursos.
6. Aislar al otro de amigos o familiares.
7. Vigilancia obsesiva o persecución.

Cuando estas dinámicas aparecen, el vínculo deja de ser un espacio de cuidado y se convierte en un lugar donde una persona pierde libertad, dignidad o seguridad.

En ese punto, la pregunta terapéutica cambia.

Ya no es cómo mejorar la relación.
Es cómo proteger a quien está siendo dañado.

El verdadero termómetro del amor.

En terapia solemos hacer una pregunta simple que lo cambia todo.

¿Esta relación sigue siendo un lugar seguro para ti?

El amor no exige perfección. Todas las parejas discuten, se decepcionan, se equivocan.

Pero hay algo que diferencia a las relaciones sanas de las destructivas: la capacidad de reparar.

Las parejas que sobreviven no son las que nunca se hieren. Son las que saben detenerse, reconocer el daño y volver a cuidarse.

Cuando esa capacidad desaparece, cuando el desprecio reemplaza al respeto, el amor puede seguir existiendo, pero el vínculo empieza lentamente a colapsar.

Y así, casi siempre sin darse cuenta, dos personas que un día se eligieron terminan participando en el mismo proceso silencioso: la lenta destrucción de su propia historia. Sin espacio para la reparación!

🌼
30/03/2026

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Pareja: ¿de dónde viene la palabra?Pareja viene del latín par: igual, de a dos. La palabra es clara y no admite demasiad...
26/03/2026

Pareja: ¿de dónde viene la palabra?

Pareja viene del latín par: igual, de a dos. La palabra es clara y no admite demasiadas interpretaciones. Una pareja es, por definición, un vínculo entre dos. En psicología hablamos de un sistema vincular diádico, una relación en la que dos personas construyen intimidad, confianza y un espacio de regulación emocional compartida. Cuando un tercero entra en ese espacio, la estructura cambia. Ya no es la misma relación de dos que sostenía el pacto original.

Por eso la infidelidad no es solo un episodio romántico mal resuelto. Es una ruptura del contrato relacional que organiza la intimidad de la pareja. Para quien la sufre, el impacto rara vez se limita al acto: lo que se quiebra es la confianza básica en la persona que debía ofrecer seguridad emocional. En la clínica vemos con frecuencia que el dolor surge del colapso del “nosotros”, de la sensación de que la relación que daba sentido al vínculo ya no existe de la misma manera.

Las parejas que logran mantenerse no son las que viven sin conflictos, sino las que pueden pensar lo que ocurre entre ambos, asumir responsabilidad afectiva y reparar el daño dentro de la relación. Cuando esa capacidad falla, el vínculo pierde su función reguladora y la distancia emocional se instala. Una pareja, en esencia, sigue siendo algo simple y exigente a la vez: dos personas comprometidas con cuidar el espacio común que han decidido construir.

Dicen que los abrazos verdaderos no terminan cuando los brazos se separan;se quedan viviendo dentro de nosotros, como un...
23/03/2026

Dicen que los abrazos verdaderos no terminan cuando los brazos se separan;se quedan viviendo dentro de nosotros, como un refugio al que siempre podemos volver.

Gracias por todo, papá.Por tu amor, por tu presencia, por cada verano, por cada abrazo.

Este fue nuestro último verano juntos,pero nuestro amor no conoce despedidas ni fronteras.Trasciende el tiempo, la distancia y todos los planos de la vida.

Hasta siempre, papá!!!!!

Siempre conmigo, y siempre con nosotras en busca del mar💖

Papi ♾️
12/12/45 - 14/03/26

😉
18/03/2026

😉

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09/03/2026

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La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como vómitos, laxante...
06/03/2026

La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como vómitos, laxantes, ayuno o ejercicio excesivo, en un intento desesperado por neutralizar la culpa y el miedo a engordar. En el fondo, no es solo un problema con la comida, sino una lucha con la regulación emocional y la autoestima, donde el cuerpo y el peso se convierten en el escenario principal del conflicto psíquico, psiquiátrico.

🪬
06/03/2026

🪬

Cuando la mente se vuelve bruma: entender la niebla mental!Hay momentos en los que pensar se vuelve difícil. Las ideas n...
28/02/2026

Cuando la mente se vuelve bruma: entender la niebla mental!

Hay momentos en los que pensar se vuelve difícil. Las ideas no fluyen, concentrarse cuesta más de lo habitual y hasta encontrar palabras simples exige esfuerzo. Esta experiencia, conocida como niebla mental o brain fog, describe un estado de lentificación cognitiva, disminución de la atención sostenida y fatiga mental.

No se trata de un trastorno clínico en sí mismo. Es un síntoma neuropsicológico que refleja una alteración transitoria en procesos como la memoria de trabajo, la atención ejecutiva y la organización del pensamiento. El cerebro continúa funcionando, pero con menor eficiencia cognitiva.

Cómo se manifiesta:

La niebla mental suele percibirse como una disminución de la claridad y agilidad del pensamiento. Las manifestaciones más frecuentes son:
1. Dificultad para mantener la atención y concentrarse.
2. Problemas para encontrar palabras o expresar ideas con fluidez.
3. Fallos en la memoria reciente o en la memoria de trabajo.
4. Sensación de confusión o lentificación del pensamiento.
5. Dificultad para iniciar, organizar o completar tareas.
6. Fatiga mental persistente acompañada de baja energía.

Desde la psicología, este fenómeno suele relacionarse con sobrecarga cognitiva, agotamiento mental y reducción de los recursos atencionales.

Por qué aparece:

En la mayoría de los casos intervienen varios factores que afectan el equilibrio psicofisiológico.
1. Estrés crónico que mantiene activado el sistema de alerta y consume recursos cognitivos.
2. Privación de sueño que interfiere con los procesos de memoria y atención.
3. Ansiedad o depresión que favorecen la rumiación mental.
4. Alimentación inadecuada o deshidratación que afectan el metabolismo cerebral.
5. Cambios hormonales que influyen en la regulación neuroquímica.
6. Enfermedades médicas como hipotiroidismo o trastornos metabólicos.
7. Efectos secundarios de algunos medicamentos.

Cómo recuperar claridad mental:
1. Reducir la sobrecarga cognitiva mediante organización y priorización de tareas.
2. Regular el sueño para favorecer la recuperación cerebral.
3. Disminuir el estrés mediante técnicas de regulación emocional.
4. Mantener hábitos biológicos saludables como alimentación, hidratación y ejercicio.
5. Consultar con profesionales cuando el síntoma persiste.

Conclusión:

La niebla mental no suele ser una falla de la voluntad ni de la capacidad intelectual. Con frecuencia es una señal de saturación del sistema cognitivo. Cuando el cerebro permanece demasiado tiempo bajo presión, reduce su eficiencia para protegerse.

Escuchar estas señales y restablecer condiciones de descanso, regulación emocional y cuidado del cuerpo permite que los procesos cognitivos recuperen su funcionamiento natural. La claridad mental, en la mayoría de los casos, regresa cuando el sistema vuelve a encontrar equilibrio.

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