11/09/2025
Las Heridas Invisibles que Nos Habitan
¿Alguna vez te has preguntado por qué te cuesta tanto pedir ayuda? ¿O por qué buscas constantemente la aprobación de los demás? ¿Sientes a veces un vacío que no sabes nombrar, o te exiges ser fuerte hasta el punto de romperte por dentro?
La respuesta, muchas veces, no está en nuestro presente, sino en el eco silencioso de nuestra infancia.
Mira estas imágenes. No son solo dibujos. Son espejos de las heridas invisibles que muchos de nosotros llevamos sin saberlo.
💔 La herida que nació cuando nos enseñaron a “ser fuertes” en lugar de permitirnos estar “vivos”. Cuando un “no llores” sonó más fuerte que un “estoy aquí contigo”, y aprendimos a tragarnos las lágrimas, a desconectarnos del corazón y a creer que la vulnerabilidad era un defecto.
💔 La herida que se abrió cuando la mirada que debía amar, juzgaba. Cuando en lugar de un refugio, encontramos una evaluación constante. Y así, aprendimos que el amor era condicional, que debíamos ganárnoslo, que no éramos suficientes tal y como éramos.
💔 La herida de la invisibilidad. La de ese dibujo que nunca fue visto, de esa alegría que no fue compartida porque papá o mamá estaban demasiado ocupados. La herida de sentir que debíamos crecer deprisa, poniéndonos un traje de adulto que nos quedaba enorme, porque el mundo de los niños ya no tenía espacio para nosotros.
Estas heridas no sangran, pero pesan. Se manifiestan en nuestra vida adulta como ansiedad, como perfeccionismo agotador, como miedo a la intimidad, como esa sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Pero aquí está la verdad más importante: sanar es posible.
Sanar no es culpar. Es comprender. Es mirar a nuestro niño interior con la compasión que quizás no recibió. Es darnos permiso, ahora como adultos, para sentirlo todo. Para llorar sin vergüenza. Para celebrar nuestros logros sin necesitar el aplauso externo. Para decir "no puedo más" y entender que eso también es un acto de fortaleza.
Hoy te invito a hacer una pausa. A mirar adentro con ternura. A reconocer esas pequeñas grietas. Porque solo cuando iluminamos nuestras heridas, podemos empezar a cuidarlas. Hoy podemos ser el adulto que nuestro niño interior siempre necesitó: uno que abraza, que valida, que escucha y que, por encima de todo, ama incondicionalmente. ✨
FUENTE: CENTRO DE PSICOTERAPIA SER FAMILIA