29/04/2026
Quien no te quiere oír…
no lo hará,
aunque levantes la voz,
aunque repitas mil veces lo mismo,
aunque pongas el corazón en cada palabra.
Porque no se trata de sonido,
se trata de intención.
Hay personas que escuchan
solo para responder,
no para entender.
Que oyen tus palabras,
pero no sienten lo que dices.
Y ahí es donde uno se cansa…
de explicar,
de justificar,
de intentar ser comprendido
en un lugar donde nunca hubo espacio real.
Pero también existe lo contrario…
esas personas que te entienden
sin que tengas que decir mucho,
que leen tu silencio,
que notan cuando algo no está bien
aunque sonrías.
Y eso…
eso es conexión.
Porque quien te quiere de verdad
no necesita que grites,
no necesita que demuestres de más,
no necesita que te desgastes explicando.
Simplemente siente,
observa,
se queda.
Y quizá lo más melancólico
es darse cuenta
de cuánto esfuerzo pusiste
en quien nunca quiso entender,
mientras alguien más
hubiera valorado tu silencio.
Por eso,
con el tiempo aprendes…
a no insistir donde no hay escucha,
a no forzar donde no hay interés,
a guardar tus palabras
para quien realmente las cuida.
Porque al final,
no se trata de cuánto hablas,
sino de con quién puedes ser tú
sin tener que decirlo todo.
Y en ese lugar,
donde el alma se siente entendida
incluso en silencio…
es donde vale la pena quedarse.
(Tomado de: Me gustó mucho)