25/01/2026
La es una de esas afecciones que suele empezar en silencio y hacerse notar cuando el cuerpo ya no puede compensarla. Entre cada vértebra de la columna existe un disco flexible que actúa como un amortiguador natural. En su centro guarda un material blando, similar a una gelatina, protegido por un anillo resistente. Con el paso del tiempo, el desgaste natural, las malas posturas, los esfuerzos repetidos o un movimiento brusco pueden debilitar esa protección y permitir que el núcleo se desplace, dando lugar a la hernia.
El dolor no siempre aparece en el lugar exacto del problema. Cuando la hernia es lumbar, suele sentirse en la parte baja de la espalda y puede irradiarse hacia el glúteo, la pierna o el pie. Si es cervical, el dolor nace en el cuello y baja hacia el hombro, el brazo o la mano. La intensidad varía mucho: desde una molestia leve y persistente hasta un dolor fuerte, punzante y limitante que dificulta caminar, sentarse o descansar.
Además del dolor, pueden surgir otros síntomas. La presión sobre los nervios provoca hormigueos, entumecimiento, sensación de quemazón y pérdida de fuerza. Algunas personas notan torpeza en los movimientos, inseguridad al caminar o dificultad para realizar tareas simples. Todo esto puede afectar la movilidad, la rutina diaria y la calidad de vida.
La hernia discal no aparece de un día para otro. Es el resultado de años de sobrecarga, sedentarismo, sobrepeso, malas posturas o esfuerzos mal realizados. Entender cómo se produce y cómo se manifiesta permite escuchar mejor al cuerpo, actuar a tiempo y proteger la columna, una estructura clave para moverse, sostenerse y vivir sin dolor.
📚 Fuente:
- "Hernia de disco", Mayo Clinic