11/10/2025
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COMUNICACIÓN ASERTIVA y EMPATIA
"Acostúmbrate a prestar atención a lo que dice otra persona y, en la medida de lo posible, procura entrar en su mente"
Si queremos cuidar de nuestros vínculos y, por tanto, de nuestra propia felicidad.
¿Cuántas veces te has descubierto a ti mismo opinando con rapidez sobre otra persona sin apenas tener información disponible? Lo que los demás hacen, dicen o incluso callan se convierte rápidamente en materia de juicio, sin que tras la crítica exista ninguna reflexión ni análisis. Y es que, en este mundo acelerado, que amplifica su velocidad a través de las redes sociales, opinar es más sencillo que nunca.
Éstas opiniones irreflexivas impulsivas y sin ninguna gestión de la inteligencia emocional, son perjudiciales no solo para nuestras relaciones, sino también para nuestra propia felicidad. Porque esta depende inevitablemente de los lazos que nos unen a ese “otro” al que juzgamos sin miramientos.
Hay una verdad monumental e inevitable: lo que percibimos no siempre es la realidad. Nuestras percepciones están atadas a nuestras emociones y experiencias. Así, un saludo amistoso podría ser a vista de una persona amable como un gesto de alegría, y para alguien desconfiado algo de lo que sospechar.
La interpretación que damos a lo que dicen y hacen los demás depende de nuestra percepción. Y es algo que en el mundo moderno parecemos haber olvidado.
No solo no dudamos de nuestras interpretaciones, demostrando que carecemos del mecanismo más básico del pensamiento crítico, sino que además compartimos nuestra opinión con el mundo entero sin medir sus consecuencias.
No todas las opiniones son válidas, sino que lo válido es que todo el mundo pueda expresar lo que opina.
Es decir, que, si bien la libertad de expresión está a la orden del día y todos nos abanderamos con su causa, olvidamos que para proteger este derecho debemos aprender a opinar con sentido.
Opinando con sentido
Hay un peso en nuestras decisiones y sobre todo la influencia que las emociones propias podían tener sobre nuestro criterio. Es por eso que lo más importante es acostumbrarte a prestar atención a lo que dice otra persona y, en la medida de lo posible, procura entrar en su mente. Por lo general, primero hay que aprender muchas cosas antes de poder juzgar la acción de otro con conocimiento”.
Es fundamental que nos pongamos en el lugar del otro, encontrando la fuerza para moderar nuestras emociones.
La función de las emociones es orientar nuestro comportamiento, porque nos ponen en contacto con valores o contravalores. En su normal funcionamiento son útiles, por eso se han mantenido a lo largo de la evolución.
Todas estas emociones pueden confundir al sujeto si no están bien calibradas”. De manera que estas pueden acabar influyendo en nuestro comportamiento de manera negativa. “Podemos sentir miedo ante situaciones no peligrosas, el amor puede convertirse en una pasión funesta y la furia convertirse en una acción incontrolable.
Templar las emociones es, por tanto, la única forma de enfrentarnos a un análisis crítico de la expresión del otro Y para ello, requerimos de un poco de empatía.
En los zapatos del otro
Sabemos que no todas las opiniones son válidas, que emitirlas sin ton ni son, sin medir sus consecuencias, puede afectar a nuestras relaciones. Y sabemos que, en buena medida, erramos al juzgar porque nos dejamos influenciar por lo que sentimos, algo que no siempre facilita que seamos sensatos.
Para poder intentar entender lo que se nos dice o lo que el otro hace desde su perspectiva, primero debemos templar las emociones. Y para ello, la psicología nos recomienda:
Haz una pausa consciente. Antes de responder o emitir un juicio, respira profundamente tres veces. Este gesto corta la reacción impulsiva y da espacio a mirar las cosas con serenidad.
Detecta tu emoción dominante. Pregúntate, ¿qué sientes? Identificar si es rabia, miedo o tristeza te ayuda a separar la emoción del juicio.
Cambia de perspectiva. Intenta ponerte en el lugar de la otra persona. ¿Qué historia, preocupación o circunstancia podría haber detrás de lo que ha dicho o hecho?
Retrasa tu opinión. No siempre es necesario opinar en el momento. Guardar silencio y esperar te permite observar con mayor claridad y evitar malentendidos. Oblígate a cuestionarte si eso es realmente lo que piensas antes de opinar en voz alta o en redes sociales.
Practica la empatía y la escucha activa. Escucha sin interrumpir, formula preguntas en lugar de dar por hecho y valida las emociones del otro, aunque no compartas su punto de vista.
Tienes que tomar conciencia de tu propia libertad para no convertirte en esclavos de tus heridas y hacerte responsable de tu vida y tu felicidad.