05/02/2026
Desde la psicología de Carl G. Jung, esta historia encarna con mucha claridad el arquetipo del héroe en su forma más pura.
Para Jung, el héroe representa esa fuerza interior que emerge cuando el individuo se enfrenta al caos, al peligro y a lo desconocido. No es solo valentía física, es un impulso profundo del alma que empuja a actuar cuando la situación lo exige. Es el momento en que la persona común se separa del miedo y responde al llamado de proteger la vida.
Un adolescente de 13 años, arrastrado mar adentro junto a su madre y sus hermanos, tomó la decisión de nadar solo durante horas contra el mar para buscar ayuda. En términos jungianos, ese instante simboliza el encuentro con la sombra: el miedo, la angustia, la posibilidad de perderlo todo. Y, aun así, avanzar.
El héroe jungiano no es el que no siente miedo, sino el que logra atravesarlo. Ese acto marca un paso hacia la individuación: descubrir que dentro de uno habita una fuerza mayor de la que creíamos posible.
Y por eso su respuesta es tan significativa:
“No soy un héroe, solo hice lo que tenía que hacer”.
Desde Jung, esa frase revela algo profundo: el verdadero héroe no se reconoce como tal, porque su acción nace del deber interior, de una conexión instintiva con el cuidado, la responsabilidad y el amor. Es el Self manifestándose en el momento preciso, ordenando el caos y protegiendo la vida.