27/11/2025
La vida entera se mueve en ritmos: los ciclos del Sol 🌞 y las estaciones, los pulsos del agua y del viento, los patrones de las plantas y de los animales, la música, el baile... También nosotros somos ritmo: la respiración, el latido, las distintas frecuencias de nuestro cerebro 🧠.
Cuando esos ritmos internos pierden coherencia, lo notamos: la mente se acelera, la red por defecto se activa en exceso, aparecen rumiaciones 🔁 y desconexión. La respiración desempeña un rol esencial para reorganizar el pulso interno y devolver armonía entre corazón y cerebro. ❤️
Entrar “en ritmo” no es solo un asunto individual. Es también lo que permite encontrarnos con los demás. Resulta difícil conectar cuando cada uno va en un compás distinto; lo vemos con los niños 👶, que requieren que ajustemos nuestra velocidad para poder realmente sintonizar. Nuestros ritmos condicionan la comunicación, la empatía y la capacidad de comprender al otro.
Y lo mismo ocurre con la naturaleza 🍃. Llegamos a ella con una velocidad que no le pertenece, y por eso al principio cuesta sentirla. Pero cuando permanecemos el tiempo suficiente, el cuerpo empieza a acompasarse con el entorno: el movimiento del agua 🌊, el viento, los sonidos del bosque 🌳. Y desde esa corregulación, la conexión aparece de forma natural, en la medida en la que estamos presentes en ese lugar, respirando.
Sintonizar con el ritmo • el propio, el del otro, el del entorno • es conectar con la vida misma. ✨