18/03/2026
COMO TE HABLAS A TI MISMA? sabes que estas haciendo Pactos
Quiero enseñarte algo en esta hora. Muchos han escuchado la palabra “pacto” y la asocian solo con algo formal, con sangre, con rituales, con cosas oscuras… pero escúchame bien: un pacto no siempre comienza en un altar visible, muchas veces comienza en una decisión interna que tú mismo hiciste sin darte cuenta. Y aquí es donde muchos se pierden, porque creen que como no firmaron nada, entonces no hay consecuencias. Pero en el mundo espiritual, todo acuerdo tiene peso, tenga tinta o no tenga tinta.
La Biblia dice en Amós 3:3: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”. Eso te revela algo poderoso: el acuerdo es lo que permite la conexión. Entonces, cuando tú aceptas una mentira, cuando abrazas un dolor, cuando te alineas con un pensamiento incorrecto… aunque no lo digas en voz alta, ya hiciste un acuerdo. Y ahí es donde nacen los pactos inconscientes.
Déjame ponértelo claro con un ejemplo bien real. Una niña crece sintiéndose rechazada por su padre. Nadie le enseñó a hacer un pacto, nadie le habló de eso, pero dentro de su corazón ella dice: “yo no valgo”, “a mí nadie me quiere”, “yo siempre voy a ser abandonada”. Ese pensamiento repetido se convierte en un acuerdo interno. Y con el tiempo, ¿qué pasa? Empieza a atraer relaciones donde la rechazan, donde la usan, donde la abandonan otra vez. ¿Por qué? Porque sin saberlo, ella hizo un pacto inconsciente con el rechazo.
Ahora escúchame esto con claridad: no todo lo que te pasa es casualidad, muchas cosas son consecuencias de acuerdos que hiciste desde el dolor.
Los pactos conscientes son más evidentes. Por ejemplo, una persona que dice: “yo nunca voy a perdonar”, “yo voy a hacer justicia a mi manera”, “yo me voy a vengar”, o incluso alguien que se mete en prácticas ocultas, consultas, amarres, brujería, santería… ahí hay una decisión clara. Ahí la persona sabe que está entrando en algo, y aunque no entienda todo, ya abrió una puerta espiritual. La Biblia es clara en Deuteronomio 18:10-12, donde el Padre prohíbe toda práctica de ocultismo. ¿Por qué? Porque eso establece alianzas espirituales con tinieblas.
Pero lo más peligroso no siempre es lo consciente… es lo inconsciente. Porque lo consciente tú lo identificas más rápido, pero lo inconsciente lo defiendes, lo justificas y hasta lo normalizas. Hay gente que dice: “yo soy así”, “yo nací con este carácter”, “yo no confío en nadie”, “yo siempre voy a estar solo”… y no se da cuenta que está reafirmando un pacto interno que le está gobernando la vida.
Te doy otro ejemplo práctico. Un hombre que fue traicionado en el pasado dice dentro de sí: “nunca más voy a confiar en nadie”. Él cree que se está protegiendo, pero en realidad está haciendo un pacto con la desconfianza. Entonces, aunque llegue una persona correcta, él no logra abrir su corazón. Sabotea la relación, sospecha de todo, interpreta mal… y termina confirmando lo que cree. No porque todos sean iguales, sino porque su acuerdo interno está filtrando su realidad.
Ahora mírame bien esto: los pactos no solo se hacen con palabras, también se hacen con decisiones, emociones sostenidas y creencias repetidas. Por eso Proverbios 23:7 dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. O sea, tú terminas viviendo lo que aceptaste internamente como verdad.
Y aquí es donde te voy a confrontar con amor, pero con claridad. Hay cosas que tú estás viviendo hoy… que no son ataques del enemigo como tú crees. Son resultados de acuerdos que nunca rompiste. Estás orando por libertad, pero sigues pensando igual. Estás pidiendo cambio, pero sigues sosteniendo la misma creencia. Y así no funciona.
Porque no puedes romper en oración lo que sigues alimentando en tu mente.
Hay personas que dicen: “Señor, sáname”, pero siguen diciendo “yo no sirvo”, “yo siempre fallo”, “yo no puedo cambiar”. Entonces están pidiendo una cosa con la boca, pero sosteniendo otra con el corazón. Y ahí hay un conflicto espiritual. Santiago 1:8 dice que el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. ¿Por qué? Porque tiene dos acuerdos activos dentro de sí.
Te voy a decir algo directo: hay pactos que tú hiciste desde el dolor que hoy están determinando tu destino. Y si no los identificas, los vas a seguir repitiendo. No se trata solo de reprender demonios, se trata de romper acuerdos internos y alinear tu mente con la verdad de Cristo.
Mira esto con un ejemplo más profundo. Una persona que vivió abuso puede hacer un pacto inconsciente con la vergüenza. Aunque nadie se lo diga, dentro de sí siente: “yo estoy dañado”, “yo no valgo”, “esto me define”. Y vive escondiéndose, rechazando oportunidades, evitando conexiones reales. No porque Dios la rechazó… sino porque ella hizo un acuerdo con una identidad que no viene de Dios.
Y aquí viene lo que muchos no quieren escuchar: mientras tú no confrontes lo que crees, no vas a ver transformación real. No basta con asistir, no basta con escuchar, no basta con decir amén. Hay que ir al fondo y decir: “¿Qué estoy creyendo que no viene de Dios? ¿Qué acuerdo hice que nunca rompí?”
Porque Cristo ya hizo el pacto correcto en la cruz. Hebreos 9:15 dice que Él es el mediador de un nuevo pacto. O sea, ya tú no tienes que vivir bajo pactos de rechazo, miedo, culpa o vergüenza. Pero eso no se activa automáticamente si tú sigues aferrado a lo viejo.
Así que hoy te hablo directo: no todo lo que te ata es externo, muchas ataduras nacieron dentro de ti. Y mientras sigas justificando tus reacciones, tus patrones y tus pensamientos, vas a seguir en el mismo ciclo.
Este es el punto donde tienes que decidir. O sigues defendiendo lo que te duele… o comienzas a romper todo acuerdo que no esté alineado con la verdad de Cristo.
Porque la libertad no empieza cuando tú gritas… empieza cuando tú reconoces con qué te alineaste.
Yvonn Martha