Victor Zegarra

Victor Zegarra Psicoterapeuta, Escritor, Master Coach, Trainer Corporativo & Speaker Top en Perú | Más de 25 Años Transformando Personas y Equipos Humanos

Master Coach, Terapeuta & Conferencista
Servicios de sesiones en Coaching Personal, Parejas y Adolescentes
Conferencista en habilidades blandas para empresas

¿A ver cuantas chicas recuerdan esto? Recordar es volver a vivir y tu niña interior te sigue esperando para jugar!      ...
06/02/2026

¿A ver cuantas chicas recuerdan esto? Recordar es volver a vivir y tu niña interior te sigue esperando para jugar!

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06/02/2026

Las sesiones personalizadas mediante terapias empodera al adolescente para entenderse a sí mismo y navegar su mundo de manera más saludable.

"Tempus fugit, virtus manet"El tiempo huye, la virtud permaneceEl tiempo no pide permiso. Avanza mientras dormimos, mien...
05/02/2026

"Tempus fugit, virtus manet"
El tiempo huye, la virtud permanece

El tiempo no pide permiso. Avanza mientras dormimos, mientras dudamos, mientras postergamos lo importante. Se escurre entre los dedos con una velocidad que solo comprendemos cuando miramos atrás y sentimos que algo quedó pendiente. Tempus fugit: el tiempo huye, no se detiene, no regresa.

Huye la juventud, cambian los cuerpos, se transforman las circunstancias. Lo que ayer parecía urgente hoy es recuerdo, y lo que hoy nos preocupa mañana será apenas una anécdota. Todo lo externo es frágil, transitorio, prestado. El tiempo se lleva títulos, aplausos, posesiones y promesas vacías.

Pero hay algo que no puede arrebatar: virtus manet. La virtud permanece.

Permanece la integridad con la que actuaste cuando nadie miraba. Permanece la palabra cumplida, el carácter formado en la dificultad, la templanza aprendida en el dolor. Permanece la honestidad, incluso cuando fue incómoda; la disciplina, incluso cuando no fue reconocida; la valentía, incluso cuando dio miedo.

La virtud no envejece. No depende de modas ni de épocas. Acompaña al ser humano en cada etapa de su vida, sosteniéndolo cuando el tiempo le quita fuerzas y certezas. Es el único legado que no se oxida, el único refugio cuando todo lo demás se desvanece.

Por eso, mientras el tiempo corre, elige bien cómo vivirlo. No lo llenes solo de prisas, ambiciones vacías o comparaciones inútiles. Llénalo de acciones que fortalezcan tu carácter, de decisiones coherentes, de respeto por ti y por los demás.

El tiempo huirá, inevitablemente. Pero si cultivas la virtud, cuando mires atrás no verás solo años que pasaron, sino una vida que tuvo sentido. Porque al final, cuando todo se va, lo único que queda es quién fuiste.

Victor Zegarra.

“Dime con quién caminas y te diré hasta dónde llegas”Hay verdades que no hacen ruido, pero marcan el rumbo de toda una v...
05/02/2026

“Dime con quién caminas y te diré hasta dónde llegas”

Hay verdades que no hacen ruido, pero marcan el rumbo de toda una vida. Una de ellas es esta: todo se contagia. La energía con la que hablas, la disciplina con la que te levantas, la mediocridad con la que te conformas, la educación con la que miras al mundo. Nada de eso nace en el vacío; se aprende, se absorbe, se replica.

Por eso elegir a tus compañías no es un acto social, es una decisión de futuro. Cada conversación que sostienes, cada silencio que toleras, cada hábito que normalizas, va moldeando la persona en la que te estás convirtiendo. No todos los que te rodean merecen estar a tu lado. Algunos no caminan contigo: te detienen. No empujan tu crecimiento: lo drenan.

Hay personas que solo aparecen cuando necesitan algo, cuando buscan apoyo, tiempo, recursos o atención, pero desaparecen cuando se trata de construir, compartir o celebrar. No es egoísmo alejarse de ahí; es amor propio. Porque quien solo pide y nunca aporta, termina enseñándote a vivir desde la carencia.

Rodéate de quienes admires. De quienes te reten a ser mejor, no a conformarte. De quienes tengan valores, disciplina, sueños claros y conversaciones que sumen. Júntate con personas con las que puedas hablar de ideas, de proyectos, de crecimiento, de errores y aprendizajes. Personas que no compitan contigo, sino que caminen a tu lado.

Aprende también a cambiar el foco: habla más de ti, de lo que estás construyendo, de hacia dónde vas. Deja de gastar energía opinando sobre la vida ajena, porque cada minuto que inviertes en eso es un minuto que le quitas a tus propios sueños. El progreso requiere silencio, constancia y enfoque.

Tu entorno no es casual. Lo eliges todos los días, incluso cuando decides no decidir. Y recuerda esto: cuando cambias tus compañías, cambias tus conversaciones; cuando cambias tus conversaciones, cambias tu mentalidad; y cuando cambias tu mentalidad, cambias tu destino.

Elegir bien con quién caminas es, en el fondo, elegir quién quieres llegar a ser.

Victor Zegarra.

Que tengas un bello día. Gracias por seguirme!!
05/02/2026

Que tengas un bello día. Gracias por seguirme!!

"El amor incondicional solo existe para las mujeres, los niños y las mascotas; a los hombres se les ama bajo la condició...
05/02/2026

"El amor incondicional solo existe para las mujeres, los niños y las mascotas; a los hombres se les ama bajo la condición de que provean"

Desde una mirada psicológica y sociocultural, la afirmación “el amor incondicional solo existe para las mujeres, los niños y las mascotas; a los hombres se les ama bajo la condición de que provean” refleja una creencia extendida que merece ser analizada con profundidad, no para validarla sin matices, sino para comprender de dónde nace y qué consecuencias tiene.

Históricamente, muchos modelos sociales han asociado el valor del hombre con su función productiva: ser fuerte, resolver, sostener económicamente, no fallar. Desde la psicología del rol de género, esta narrativa ha condicionado la forma en que muchos hombres aprenden a vincularse: sienten que deben ganarse el amor a través del rendimiento y que mostrar vulnerabilidad pone en riesgo su aceptación. Así, el afecto se percibe como condicionado, transaccional y frágil.

En contraste, a mujeres, niños y mascotas se les ha asignado culturalmente el rol de “ser cuidados”. Esto ha favorecido la idea de un amor más protector e indulgente. Sin embargo, esta aparente incondicionalidad también tiene un costo: puede infantilizar, limitar la autonomía o exigir gratitud constante. Es decir, ningún grupo queda completamente libre de condiciones, solo cambian las expectativas.

Psicológicamente, creer que a los hombres solo se les ama si proveen genera consecuencias profundas: ansiedad por desempeño, dificultad para descansar emocionalmente, miedo al fracaso y resistencia a pedir ayuda. Cuando el amor se vive como algo que puede perderse si no se cumple una función, se debilita la autoestima y se empobrece la intimidad. El vínculo deja de ser refugio y se convierte en evaluación constante.

Pero es importante hacer una distinción clave: esto no define al amor sano, sino a modelos relacionales aprendidos. El amor incondicional absoluto es raro en cualquier relación adulta; lo que sí es posible y deseable, es un amor no utilitario, donde el valor de la persona no depende de lo que produce, sino de quién es. En vínculos emocionalmente maduros, hombres y mujeres son amados con límites, sí, pero sin reducir su dignidad a una función.

Cuestionar esta creencia no implica negar realidades sociales, sino abrir espacio a relaciones más humanas. Cuando un hombre puede ser amado incluso en la caída, cuando puede mostrar fragilidad sin perder respeto, se rompe el mandato de que solo vale si provee. Y cuando una pareja elige cuidarse mutuamente sin roles rígidos, el amor deja de ser una transacción y se vuelve un encuentro.

En definitiva, el desafío psicológico y social no es decidir quién recibe amor incondicional, sino construir vínculos donde nadie tenga que demostrar su valor para merecer ser querido. Porque el amor que exige rendimiento constante no es amor: es contrato. Y los vínculos más sanos no se sostienen por condiciones, sino por presencia, respeto y elección consciente.

Victor Zegarra.

Desde una mirada psicológica, la frase “El que quiere hacer algo conseguirá un medio; el que no, una excusa” no habla so...
04/02/2026

Desde una mirada psicológica, la frase “El que quiere hacer algo conseguirá un medio; el que no, una excusa” no habla solo de voluntad, sino de responsabilidad emocional y coherencia interna.

Cuando una persona realmente desea algo amar mejor, cambiar un hábito, reparar un vínculo o crecer su mente se orienta a la búsqueda de soluciones. El foco psicológico se desplaza del obstáculo a la posibilidad. No porque el camino sea fácil, sino porque existe una motivación genuina que activa recursos internos: tolerancia a la incomodidad, capacidad de espera y disposición al esfuerzo. El “medio” no siempre es inmediato, pero se construye paso a paso cuando el deseo es auténtico.

En cambio, la excusa suele cumplir una función defensiva. Desde la psicología, no siempre nace de la pereza, sino del miedo: miedo a fallar, a exponerse, a perder una identidad conocida o a asumir las consecuencias del cambio. La excusa protege el ego del dolor, pero también estanca. Permite justificar la inacción sin enfrentar la incomodidad de reconocer que, en el fondo, no se está dispuesto a pagar el precio emocional que implica avanzar.

Este mecanismo se observa con claridad en las relaciones humanas. Quien quiere cuidar un vínculo encuentra tiempo, escucha y aprende nuevas formas de comunicarse. Quien no, encuentra razones externas: falta de tiempo, cansancio, estrés, circunstancias. La diferencia no está en la realidad objetiva, sino en el grado de compromiso emocional.

Psicológicamente, crecer implica asumir que no todo deseo es suficiente si no se acompaña de acción. También implica honestidad consigo mismo: reconocer cuándo algo no se hace porque no se quiere lo suficiente, y no porque no se pueda. Esa verdad, aunque incómoda, libera. Deja de culpar al contexto y devuelve el poder a la decisión personal.

En última instancia, esta frase no invita a juzgar, sino a mirarse con honestidad. Preguntarse si estamos buscando caminos o construyendo coartadas. Porque cuando la intención es real, la mente se convierte en aliada del cambio; y cuando no lo es, la excusa se vuelve un refugio que, aunque cómodo, termina alejándonos de la vida que decimos querer.

Victor Zegarra.

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"Los colegios internados y su repercusión en los adultos de hoy: entre la formación del carácter y la herida silenciosa"...
04/02/2026

"Los colegios internados y su repercusión en los adultos de hoy: entre la formación del carácter y la herida silenciosa"

Desde una perspectiva psicológica y sociológica, los colegios internados no pueden entenderse únicamente como instituciones educativas, sino como dispositivos sociales de formación del individuo. Históricamente, estos espacios surgieron para disciplinar, contener o “enderezar” conductas, respondiendo a modelos sociales donde la obediencia, el orden y la adaptación al sistema eran valores prioritarios. El costo emocional de ese modelo, sin embargo, suele hacerse visible recién en la adultez.

A nivel psicológico, la experiencia del internado implica una separación temprana del núcleo afectivo primario, muchas veces normalizada por el discurso social del “bien mayor”: mejor educación, carácter fuerte, futuro asegurado. Desde la sociología, esta separación responde a una lógica estructural donde el individuo se subordina a la institución. El niño aprende pronto que sus emociones deben ajustarse a normas, horarios y jerarquías, incluso cuando estas contradicen sus necesidades afectivas.

Esta vivencia genera adultos altamente funcionales para el sistema: disciplinados, responsables, con alta tolerancia a la frustración y capacidad de adaptación. Sin embargo, también produce sujetos emocionalmente autoexigentes, desconectados de su mundo interno y con dificultad para identificar el cuidado como un derecho, no como un privilegio que debe ganarse.

En la vida adulta, estas huellas se expresan en patrones relacionales repetidos. Desde lo psicológico, muchos ex internos desarrollan vínculos basados en el deber más que en el deseo; desde lo sociológico, reproducen estructuras de poder similares a las que conocieron: relaciones jerárquicas, afectos condicionados y una fuerte resistencia a la dependencia emocional. Amar se vuelve una función que se cumple, no un espacio donde se descansa.

El internado también opera como un microcosmos social donde el afecto es escaso y la competencia constante. Esto moldea adultos que, aunque socialmente exitosos, suelen vivir bajo la lógica del rendimiento: valgo si cumplo, pertenezco si obedezco, soy querido si no molesto. Estas creencias, profundamente internalizadas, refuerzan modelos sociales que priorizan la productividad por encima del bienestar emocional.

Desde una lectura sociológica más amplia, el internado refleja una sociedad que delega el cuidado emocional a las instituciones, invisibilizando el impacto a largo plazo. El adulto resultante suele normalizar la soledad, minimizar el dolor y deslegitimar su propia historia afectiva, perpetuando así un ciclo intergeneracional de desapego emocional.

No obstante, también emergen procesos de conciencia y resignificación. Muchos adultos comienzan a cuestionar estos modelos, especialmente en contextos donde la salud mental cobra mayor relevancia. Al comprender que su fortaleza se construyó muchas veces a costa de su sensibilidad, se abre la posibilidad de integrar ambas dimensiones: la disciplina aprendida y la ternura negada.

Reconocer la repercusión de los colegios internados no implica demonizarlos, sino analizar críticamente el tipo de sujeto que la sociedad ha promovido. Sanar no es rechazar el pasado, sino dejar de repetirlo de forma inconsciente. Cuando el adulto logra reconciliar su historia personal con una mirada social más humana, deja de sobrevivir dentro del sistema y comienza, por fin, a habitar su propia vida.

Porque una sociedad emocionalmente sana no se mide por la obediencia de sus individuos, sino por la capacidad que estos tienen de vincularse sin miedo.

Victor Zegarra.

Estas rosas son para ti. Gracias por seguir mis publicaciones!
04/02/2026

Estas rosas son para ti. Gracias por seguir mis publicaciones!

Un beneficio fundamental del coaching deportivo es el aumento de la autoconfianza y la motivación, lo que permite al dep...
03/02/2026

Un beneficio fundamental del coaching deportivo es el aumento de la autoconfianza y la motivación, lo que permite al deportista superar miedos, bloqueos y mejorar su rendimiento mental para alcanzar su máximo potencial. Esta disciplina ayuda a establecer metas claras, gestionar emociones y reducir la frustración ante la competición.

Victor Zegarra.

"Anima fortis nullum malum timet"Hay una fortaleza que no se ve, que no levanta muros ni alza la voz. No se impone ni ne...
03/02/2026

"Anima fortis nullum malum timet"

Hay una fortaleza que no se ve, que no levanta muros ni alza la voz. No se impone ni necesita demostrar nada. Es una fuerza silenciosa, cultivada en la intimidad del dolor, del aprendizaje y de las caídas. A eso se refiere esta antigua frase: Anima fortis nullum malum timet. Un alma fuerte no teme a ningún mal, porque ya ha conocido la oscuridad y ha aprendido a caminar dentro de ella sin perderse.

Un alma fuerte no nace invencible. Se forja. Se construye a partir de las heridas que no lograron quebrarla, de las pérdidas que enseñaron a soltar, de las traiciones que obligaron a redefinir la confianza. No es la ausencia de miedo lo que la distingue, sino su capacidad de mirarlo de frente y seguir avanzando.

El alma fuerte no niega el dolor ni lo minimiza. Lo atraviesa. Sabe que huir solo posterga lo inevitable, y que enfrentar no siempre significa luchar, sino también aceptar. Aceptar lo que no puede cambiarse, aceptar lo que se perdió, aceptar que no todo amor se queda y no toda batalla se gana como se imaginó.

Quien posee un alma fuerte no vive a la defensiva. Ha entendido que blindarse del mundo también implica cerrarse a la vida. Por eso ama con conciencia, no con ingenuidad; confía con límites, no con miedo; entrega sin abandonarse. No necesita controlar, porque ha aprendido que el control es solo una ilusión que nace del temor.

El mal, en sus múltiples formas, rechazo, abandono, fracaso, enfermedad, soledad, deja de ser una amenaza absoluta cuando el alma ha desarrollado raíces profundas. Raíces que sostienen incluso cuando todo parece temblar. Raíces hechas de autoconocimiento, dignidad y coherencia interna.

Un alma fuerte no se define por lo que soporta, sino por lo que elige no tolerar. Sabe retirarse sin escándalo, cerrar ciclos sin rencor, decir adiós sin odio. Su fortaleza no está en endurecerse, sino en no volverse amarga. En no permitir que lo vivido la convierta en alguien que no reconoce.

Hay una serenidad particular en quienes han trabajado su mundo interior. No porque la vida les haya sido fácil, sino porque han dejado de pelear con ella. Han comprendido que cada experiencia, incluso la más dolorosa trae una lección, y que resistirse solo prolonga el sufrimiento.

Anima fortis nullum malum timet no significa que nada duela. Significa que nada destruye lo esencial. Que el alma, cuando está en paz consigo misma, se vuelve un lugar seguro incluso en medio del caos. Que la verdadera fortaleza no está en vencer al mal, sino en no permitir que nos defina.

Porque cuando el alma es fuerte, el miedo pierde poder. Y cuando el miedo pierde poder, la vida vuelve a abrirse paso.

Victor Zegarra.

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