02/02/2026
Este dibujo nació en sesión.
Y no, no es arte.
Es un mapa.
Así se siente, para muchas personas, vivir atrapadas en la cabeza.
Pensamientos que no paran.
Temas que se repiten.
Conversaciones internas que giran siempre alrededor de lo mismo.
La mamá. El ex. La herida. La rabia. El “yo”.
No es pensar mucho.
Es estar forrado en pensamiento.
Y cuando la mente se llena así, pasa algo clave:
el cuerpo desaparece.
❌ No se siente.
❌ No registra.
❌ No disfruta.
Por eso puedes estar en una reunión, en una fiesta, con gente querida…
y sentirte completamente fuera.
La telaraña no vive solo en la cabeza.
También se instala en el cuerpo.
Ahí quedan los automatismos.
Las respuestas que se activan solas.
La memoria no verbal del trauma.
Y cuando eso se vuelve demasiado, aparece otra estrategia:
la disociación.
No sentir.
No percibir.
No estar.
Funciona para sobrevivir.
Pero tiene un costo enorme:
si no sientes el dolor, tampoco sientes el placer.
Por eso el trabajo profundo no es “pensar distinto”.
Es crear espacio.
Espacio entre pensamiento y pensamiento.
Espacio para volver al cuerpo.
Espacio para sentir sin quedar atrapado.
No se trata de vaciar la mente.
Se trata de que el pensamiento deje de ocuparlo todo.
Cuando hay espacio interno, el cuerpo vuelve.
Y con el cuerpo, vuelve la vida.
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A veces no necesitamos pensar más.
Necesitamos espacio.